Literatura
Maggie O’Farrell rescata la figura de la mujer de Shakespeare y a él lo hace de carne y hueso
Anne Hathaway fue mucho más que la heredera de una buena cama

Maggie O’Farrell en la editorial Libros del Asteroide.
En 1582 un joven William Shakespeare –de tan solo 18 años– se casó con Anne Hathaway, de 26 años, quien estaba embarazada de su primera hija, Susanna. Tres años después nacieron sus gemelos, Judith y Hamnet, un nombre este último que en aquella época era intercambiable con Hamlet. Hamnet Shakespeare murió en 1596 en el pequeño pueblo inglés de Stratford, con solo 11 años. Esta tragedia íntima dio lugar a una de las obras del dramaturgo más celebradas de la historia de la literatura: Hamlet, un thriller psicológico, de misterio y venganza. La escritora irlandesa Maggie O’Farrell partió de este infortunio para tejer Hamnet, una novela publicada en 2021 en castellano por Libros del Asteroide, con traducción de Concha Cardeñoso. En catalán por L’Altra Editorial, traducida por Marc Rubió.
Poca cosa se sabe de la vida privada de Shakespeare, a pesar de los esfuerzos de los académicos, menos aún de su familia. Este fue el motivo que impulsó a O’Farrell a indagar entre la documentación y fue cuando apreció «hasta qué punto Shakespeare era misterioso como ser humano», manifestó la escritora cuando presentó la obra, cinco años atrás.
El relato está escrito en tercera persona y la gran protagonista es Anne Hathaway –que curiosamente se llama igual que la actriz de Hollywood–. «Quería centrarme en una historia que ha sido abandonada y, si el hijo fue ignorado, el caso de la mujer de Shakespeare fue peor». Asegura la autora que ha sido muy injusto el trato que se le ha dado a Hathaway, históricamente ignorada, reducida a menudo al famoso detalle de que Shakespeare le dejó en su testamento su «segunda mejor cama con los muebles». Gesto que hoy muchos historiadores interpretan como una herencia significativa y no como un desprecio, ya que la mejor cama solía reservarse para los invitados.
Figura enigmática
Aunque Hamnet es el reclamo que guía a los lectores, el personaje no aparece con nombre y apellido porque es Anne Hathaway el centro. O’Farrell imagina su vida a partir de las migajas históricas: no vivían juntos –mientras él se sumergía en Londres en sus obras, ella cuidaba del hogar– y en el testamento de su padre aparece Agnes en lugar de Anne, que es el nombre que O’Farrell adopta para su novela.
A pesar de que los documentos no lo recogen, la autora le asigna conocimientos de remedios curativos hechos con plantas y una capacidad para sentir la presencia de los muertos, aunque no le servirá con su propio hijo. Las palabras, las mismas que Shakespeare supo hilvanar, no siempre sirven para explicar el dolor, por lo que igual que Sergio del Molino expuso en La hora violeta la inexistencia de vocablos para un padre que entierra a su hijo, así mismo Judith, la gemela de Hamnet, pregunta a su madre «¿cómo se dice cuando una persona tenía un gemelo y ya no lo tiene?». «A lo mejor no existe», le contesta ella.