Tragedia en las vías
"Abandoné el tren por mi salud mental", el impacto psicológico del caos ferroviario
Un estudio de la URV confirma que los viajeros frecuentes presentan el doble de síntomas de malestar emocional que la media de la población. La investigación, que ha contado con 870 encuestas, se presentará en el primer trimestre de este año

Pasajeros en un tren con destino a Barcelona la mañana de este viernes durante la reanudación del servicio.
“Hace tres años que dejé el tren; lo hice por mi salud mental”, explicaba esta mañana en la cola del autobús Judit, una joven estudiante que debe viajar cada día de Tarragona a Barcelona. Jackson, por su parte, ha sido más radical: el estrés que le supone no saber nunca si llegará a tiempo al trabajo por culpa de las incidencias en el tren le ha llevado a dejar su puesto en los próximos meses, “aunque me gusta mucho lo que hago”.
Son apenas algunos de los testimonios de esta mañana entre quienes, en medio de la incertidumbre, se preguntaban si hoy, por fin, podrían llegar a tiempo a su destino. Y es que, emocionalmente hablando, para los usuarios del tren lo de estos días ha sido llover sobre mojado.
Así lo confirman los datos preliminares de un estudio del Departament de Psicologia de la Universitat Rovira i Virgili (URV), liderado por el investigador Sergi Martín-Arbós. Según la investigación, los usuarios frecuentes de tren presentan índices de ansiedad, depresión y malestar físico significativamente superiores a la media de la población.
El estudio revela cifras contundentes sobre esta realidad cotidiana: el 80 % de los encuestados asegura que el tren llega tarde “más de la mitad de las veces”, y casi la mitad afirma que se retrasa “siempre”. Como consecuencia, un 88 % de los usuarios declara que la crisis ferroviaria ha deteriorado su calidad de vida.
Ansiedad y somatizaciones: las cifras del malestar
Los resultados obtenidos hasta el momento, basados en una encuesta a 870 personas, muestran una brecha en la salud mental. Los datos preliminares apuntan a que la puntuación media de ansiedad en la población general se sitúa en 3,56 (en una escala de 0 a 20), mientras que los usuarios frecuentes alcanzan un 8,69. En el caso de la depresión, los valores de los usuarios superan los 8 puntos, frente a los 5,32 de referencia.
Además, el cuerpo también reacciona al caos. El estudio destaca un aumento notable de las “somatizaciones” —malestares físicos como dolores de cabeza o problemas digestivos derivados del estrés—, cuya puntuación se duplica en los viajeros habituales respecto a la media (8,38 frente a 4,26).
“A menudo tendemos a ver los problemas de salud mental como cuestiones individuales, pero en realidad están fuertemente influidos por las condiciones de vida que tenemos”, subraya Martín-Arbós, poniendo en valor cómo el entorno del transporte público influye directamente en el bienestar psicológico.
Todas las encuestas, eso sí, son previas a los accidentes y a la suspensión del servicio de esta semana, porque, de haberse realizado estos días, se podrían haber visto alterados los resultados, explica el investigador. Se espera que el estudio se publique este primer trimestre.
Superar la preocupación por la seguridad
En cuanto a la preocupación por la seguridad, algo que antes no entraba en la ecuación, Martín-Arbós considera que es una reacción natural, pero que lo lógico será que nuestro cerebro vaya rebajando el estado de alerta, y recuerda que los accidentes graves en el tren no son habituales.
El investigador también apunta a la gestión comunicativa como una fuente de estrés que deberían tener en cuenta los responsables del servicio en situaciones como la de esta semana.
Martín-Arbós advierte de que los mensajes contradictorios, como los cambios de criterio sobre la velocidad o la seguridad de las vías, “generan desconfianza”. “Que los mensajes sean claros es muy importante”, afirma el investigador, sugiriendo que la administración debe evitar dar informaciones prematuras que luego deban corregirse, ya que esto solo añade más incertidumbre a una población fatigada.