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El Nàstic de Tarragona cae 2–0 en Torremolinos y empieza 2026 con los males de siempre

El Nàstic inaugura 2026 con una derrota ante el Juventud Torremolinos que vuelve a desnudar su fragilidad defensiva y su incapacidad para reponerse a los golpes del adversario

El Nàstic cayó en Torremolinos en el primer partido de 2026.

El Nàstic cayó en Torremolinos en el primer partido de 2026.Juventud de Torremolinos

Juanfran Moreno

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El 2026 le dio la bienvenida al Nàstic con una siesta de pesadilla. Los granas comprobaron que los propósitos se quedan en nada cuando uno insiste en repetir los mismos errores del pasado. El Juventud Torremolinos, un equipo que comparecía en su casa en puestos de descenso, castigó con dureza a unos tarraconenses que volvieron a exhibir su fragilidad defensiva. Es la segunda derrota consecutiva de un equipo que ha recaído en la depresión tras unas semanas de tímida resurrección.

El primer once de Cristóbal Parralo en 2026 concentró todas las novedades en el centro de la zaga. Enric Pujol y Álvaro García formaron juntos de inicio por primera vez en la temporada. La baja por lesión de César Morgado y la ausencia, por decisión técnica, de David Alba provocaron este giro de protagonistas en una defensa que reclamaba una mejoría a gritos tras los cuatro goles encajados frente al Antequera en la última fecha de 2025.

Un mal inicio que se paga caro

A las 16.23 horas le sonó el despertador al Nàstic de Tarragona, que se levantó de la siesta con el rostro cariacontecido y el corazón acelerado. El Juventud Torremolinos decidió felicitarle el año recordándole los males que le acompañaron durante 2025. Fue en una falta lateral, de esas en las que un equipo rocoso no sufre, pero esas no son precisamente las virtudes que definen a los granas. Álvaro García perdió la marca de Camacho, que remató y obligó a Dani Rebollo a obrar el milagro. El onubense repelió el primer disparo, pero en el rechace apareció Mérida, más vivo que nadie. El defensa remató de primeras y logró batir a Rebollo, que llegó a tocar la pelota, aunque, según el colegiado, ya había traspasado la línea de gol. Las repeticiones, observadas con detenimiento, no ayudaron a despejar las dudas y la incertidumbre se transformó en el 1-0.

El gol del Torremolinos despertó al Nàstic de la siesta

Con el marcador en contra, el Nàstic decidió presentarse al partido. Recordó de repente que es un equipo construido para pelear por el ascenso y que perder dos encuentros consecutivos erosiona cualquier discurso ambicioso. Los granas comenzaron a someter a un Torremolinos que entendió que debía activar el modo supervivencia pese a que todavía quedaba un mundo por delante. Es lo que ocurre con los equipos que navegan en la zona baja: cuando creen tener la victoria al alcance, el miedo a perderla aparece demasiado pronto.

Reacción sin premio

El Nàstic aprovechó ese nuevo escenario para cargar el área rival. En apenas diez minutos amenazó tantas veces como no lo había hecho en los primeros 25. Hubo llegadas, centros y segundas jugadas, pero dos ocasiones clarísimas. La más evidente fue una volea de Álex Jiménez en el interior del área pequeña que, de manera inexplicable, se marchó por encima del larguero. Habría sido una reacción inmediata, ya que la acción llegó con la media hora recién cumplida.

El asedio tarraconense cobró aún más sentido y, apenas diez minutos después, llegó otra buena acción ofensiva en la que participaron los tres enganches. Jardí conectó con Jiménez dentro del área y el murciano encontró a Pau Martínez solo en el costado derecho. El gerundense disparó con el exterior buscando el primer palo, pero el portero no se vio sorprendido y envió el balón a córner. En esa misma acción a balón parado, Camus rozó el empate tras conectar sin limpieza una volea en plena caída, sin la contundencia necesaria. Así se cerró una primera mitad en la que el Nàstic inauguró 2026 reviviendo las peores pesadillas de 2025. El propósito para el nuevo año era inmediato y evidente: remontar.

El Nàstic pudo empatar antes del descanso con varias ocasiones de gol

El descanso sirvió para que el Torremolinos cogiera aire y enfriara el ímpetu de un Nàstic que regresó al césped con menos energía. Los locales comenzaron a sufrir menos y los granas ya no encontraron ese control que habían logrado en los últimos minutos del primer acto.

Con el paso de los minutos, el guion se ajustó a lo previsible. El Nàstic monopolizó la posesión, pero fue incapaz de amenazar con ella. El balón circulaba sin veneno, el reloj avanzaba sin remordimientos y la sensación de impotencia se fue apoderando del partido. Parralo tampoco encontró la tecla desde el banquillo. Juanda, Cedric y Santos entraron para aportar otros argumentos ofensivos, pero el efecto fue nulo.

Los Camacho dan la puntilla

En ese escenario de intrascendencia grana llegó la puntilla. Fue un gol con la firma de los Camacho. Alejandro desbordó a Santos por el costado derecho y encontró a Pito Camacho en el punto de penalti. El delantero, viejo rockero del gol, controló y ajustó el disparo al primer palo de Rebollo para firmar la sentencia. Otro gol tras centro lateral, otro gol dentro del área, otro tanto que explica sin necesidad de excusas por qué este Nàstic es el equipo más goleado del grupo II de Primera RFEF. En el fútbol nada es casualidad. Nada.

Cristóbal Parralo quemó todas las naves dando entrada a Christos Almpanis y Wilfrid Kaptoum, ausente durante los últimos seis partidos, pero el Nàstic navegó hacia el anochecer con escasas opciones, incapaz de generar una sola ocasión de gol en los veinte minutos finales.

El 2026 apenas ha empezado, pero al Nàstic le siguien matando los mismos errores, las mismas fragilidades y la misma sensación de ser un equipo que quiere estar arriba, pero quizás hay que asumir que con lo que hay no le da.

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