Industria
Consolidar a España como motor industrial del sur de Europa
El pasado mes de marzo tuve la ocasión de acompañar al vicepresidente ejecutivo y comisario de Estrategia Industrial de la Comisión Europea, Stéphane Séjoruné, durante una visita a las instalaciones de Celsa y de Repsol, donde comprobamos de primera mano la apuesta de las empresas por la descarbonización de sus procesos productivos, y mejorar el comportamiento energético para reducir las emisiones de CO2. Unos objetivos asumidos por la mayoría de compañías radicadas en el polo petroquímico de Tarragona.
Esa visita se produjo en un momento muy oportuno y trascendental, en un contexto complejo, con importantes desafíos a nivel internacional, pero también de grandes oportunidades. La industria europea tiene que afrontar nuevos retos relacionados con la situación geopolítica a nivel global, las tensiones comerciales, el desafío de la descarbonización o los costes de la energía.
Estos retos nos obligan al conjunto de la UE a adoptar decisiones y medidas decididas, en la búsqueda de soluciones para proteger nuestra industria y aumentar y consolidar la necesaria autonomía estratégica europea.
Son metas en las que nos va mucho a todos. Primero porque dirigen a nuestro país hacia una España más industrial, más competitiva, y, al mismo tiempo, más sostenible y responsable climáticamente. En este sentido, quiero destacar la importancia del sector petroquímico como pilar fundamental de la industria española.
Cabe recordar que Tarragona acoge el polo petroquímico más importante del sur de Europa y es responsable del 25% de la producción química de España y el 50% de toda Catalunya. Ello supone el mantenimiento de 5.800 puestos de trabajo, a los que hay que sumar 3.100 empleos indirectos y otros 21.000 inducidos en más de 1.500 empresas auxiliares y de servicios.
Estos datos sitúan a esta región como estratégica para apuntalar la autonomía industrial de la Unión Europea. En el contexto mundial actual, Europa debe apoyar más que nunca a sus empresas y sectores industriales estratégicos.
Este es el objetivo de la nueva política industrial de la UE y por el que España está luchando en todos los foros, basada en una ambiciosa estrategia de inversiones y en el apoyo decidido a la producción ‘Made in Europe’.
Para alcanzar estos objetivos, las empresas, sobre todo pymes y empresas emergentes, deben ser capaces de acceder a la financiación de manera sencilla y ágil, con los mínimos obstáculos administrativos.
A este respecto, considero que es necesario introducir un instrumento específico para impulsar directamente las capacidades industriales productivas, de manera que planes industriales como los del acero, el automóvil o el químico, puedan beneficiarse de financiación europea.
Por eso debemos conseguir que el Fondo Europeo de Competitividad se convierta en un instrumento fundamental para hacer realidad las aspiraciones industriales y el liderazgo tecnológico de la Unión Europea.
Necesitamos más inversión, más innovación. Ahora es el momento de completar las políticas industriales y pedimos más fondos europeos para seguir desarrollando política de transformación industrial.
Sin duda, no podía haber mejor escenario para expresar esta apuesta por la industria, que el polo petroquímico de en Tarragona, uno de los más importantes del sur de Europa, tanto en generación de empleo como en inversión y en valor añadido bruto.
Nuestro objetivo como Gobierno es consolidar a España como motor industrial del sur de Europa, favoreciendo la transformación de nuestro tejido productivo y avanzando en la reindustrialización.
Sin duda, comunidades como Catalunya, con su gran potencial industrial, son y van a seguir siendo referentes de esta modernización industrial, junto a otros territorios de gran tradición industrial de España y otros en los que estamos haciendo una clara apuesta por su reindustrialización.
Y Tarragona puede ser el símbolo de una nueva industria europea, capaz de conjugar competitividad con sostenibilidad, progreso con responsabilidad.
Europa quiere ser climáticamente neutra en 2050. Esa ambiciosa meta solo se alcanzará si se logra transformar los sectores industriales, como el químico. Esta comarca, con su conocimiento y experiencia, puede liderar este proceso. Y ahí están los ejemplos del Hub de Hidrógeno de Catalunya o los proyectos de captura y reutilización de CO2. Son modelos de producción limpia, circular y competitiva.
Apostar por Tarragona no es solo apoyar una región. Es invertir en la soberanía industrial de Europa.