Economía

Análisis

La economía mundial se pone a jugar al Risk

La confrontación geoeconómica ya es el principal riesgo que puede desencadenar una crisis global en 2026, según un informe del Foro Económico Mundial

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos.EFE

Rafael Servent

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La economía mundial se ha puesto a jugar al Risk, y el resultado de la partida no está decidido. El último encuentro anual del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), entre el 19 y el 23 de enero, confirmó lo que esta organización avanzaba pocos días antes del arranque de esa cita: la confrontación geoeconómica es hoy el principal riesgo que afronta el mundo.

En su reciente Informe de Riesgos Globales 2026, publicado el pasado 14 de enero, el Foro Económico Mundial constataba que la geopolítica encabeza las preocupaciones a corto plazo de los líderes políticos y económicos mundiales. Tras el riesgo de confrontación geoeconómica, con un 18% de respuestas, el conflicto armado entre estados (14% de respuestas) es el segundo riesgo con mayor probabilidad de desencadenar una crisis mundial en 2026, en opinión de los consultados.

Esas preocupaciones condicionaron buena parte de los discursos en la reunión anual de este foro, cuyo lema (Un espíritu de diálogo) evocaba un deseo no siempre correspondido. En Davos se habló este año de diálogo, pero también de hacer frente al abusón. Es lo que defendió el 20 de enero el primer ministro de Canadá, Mark Carney, con un discurso adulto, serio, que arrancó la ovación de un público en pie, y que dejó claro que dialogar no es someterse.

Mark Carney, primer ministro de Canadá, durante su intervención en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos.

Mark Carney, primer ministro de Canadá, durante su intervención en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos.EFE

Varias ideas de unas palabras que están teniendo un alto impacto en el mundo, y especialmente en Europa. Ante «la ruptura del orden mundial, el fin de una ficción agradable y el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción», el primer ministro de Canadá destacó que «estamos en plena ruptura, no en plena transición», y que evitar el conflicto no garantiza la seguridad.

Citando el ensayo El poder de los sin poder del disidente checo de los años setenta Václav Havel, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, defendió que «ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles» de apoyo a un sistema en el que no creen.

Principios y pragmatismo

«Nuestra nueva estrategia se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado ‘realismo basado en valores’, es decir, nuestro objetivo es combinar principios y pragmatismo», anunció Carney. «Ya no dependemos únicamente de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza». Es decir, la vía europea que se ha esbozado repetidamente, pero que nunca termina de arrancar.

Carney aplicó en su discurso de Davos el principio de realidad que otros, como Mario Draghi en su famoso informe sobre la competitividad de la Unión Europea, ya habían invocado anteriormente. En el caso del informe Draghi, cosechando también aplausos, pero sin ver por el momento reflejado en hechos el sentido de urgencia que acompañaba su análisis.

De ello se lamentó el pasado mes de septiembre el propio Draghi durante el primer aniversario de su informe, en una comparecencia en la que criticó la «lentitud» de la Unión Europea a la hora de actuar para reforzar su competitividad. «Seguir como siempre es resignarnos a quedarnos atrás», dijo el italiano, quien instó a actuar juntos, centrar recursos en las áreas con mayor impacto y «lograr resultados en meses, no años».

Esos resultados urgentes que reclamaba Mario Draghi en la UE son los que Mark Carney -que lleva al frente del gobierno de Canadá desde marzo de 2025- aseguró que está consiguiendo ya Canadá con su nueva estrategia de combinar principios y pragmatismo. Lo hizo ante un auditorio lleno de líderes de la Unión Europea, que escuchaban con atención un discurso en buena parte dirigido a ellos, y que ha tenido consecuencias en el giro pragmático que se ha evidenciado en los últimos discursos públicos de algunos líderes de estados miembros de la UE, hasta ahora reacios a la confrontación.

Estar en la mesa, no en el menú

Carney no quiso dar una lección, sino una explicación. Con una invitación a sumarse a esta estrategia. «No se trata de un multilateralismo ingenuo. Nuestro enfoque tampoco se basa en instituciones debilitadas. Consiste en establecer coaliciones eficaces, en función de los retos, entre socios que comparten suficientes puntos en común para actuar juntos».

«Y consiste en crear una amplia red de conexiones en los ámbitos del comercio, la inversión y la cultura, en la que podamos apoyarnos para afrontar los retos y aprovechar las oportunidades que se nos presenten», defendió. Tras lo cual, lanzó el titular: «Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú».

«Cuando negociamos solo a nivel bilateral con una potencia hegemónica, lo hacemos desde una posición de debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Eso no es soberanía. Es fingir ser soberano mientras se acepta la subordinación. En un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía que tenga peso».

La UE se acerca a la India

Ese multilateralismo pragmático es lo que busca la propuesta lanzada por Canadá para crear un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas entre la Asociación Transpacífica (Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Reino Unido y Vietnam) y la Unión Europea.

También inspira acuerdos comerciales como el firmado el pasado 18 de enero entre la Unión Europea y Mercosur, paralizado ahora por el Parlamento Europeo, que en una acción de filibusterismo político (tras una ajustada votación el pasado 21 de enero) lo remitió al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que la corte comunitaria revise si es compatible con los tratados de la UE.

A la práctica, dejar en un cajón durante dos años (esos son los tiempos que suele manejar este tribunal) la aplicación de un acuerdo fundamental para no terminar en ese menú de las potencias hegemónicas al que se refirió Carney. Canadá ya está avanzando en su propio acuerdo con Mercosur, mientras la Comisión Europea dice esperar a la ratificación del acuerdo por parte de un estado miembro de Mercosur para decidir si aplica de forma provisional el acuerdo, sin esperar a la resolución judicial.

Negociar un acuerdo como el de Mercosur durante 25 años podía ser confortable para la UE en el mundo de ayer, pero quedarse paralizado en plena ruptura del orden mundial tiene consecuencias. Mientras se resuelve, la Unión Europea tiene el martes 27 de enero una nueva oportunidad de ampliar su red de alianzas globales.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en Davos.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en Davos.EFE

Es la fecha en la que, si nada cambia, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, tienen previsto firmar en Nueva Delhi el acuerdo de libre comercio con la India, negociado durante casi 20 años. Con este acuerdo, la UE y la India aspiran a crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, ya que entre ambos aglutinan a casi 2.000 millones de personas y representan aproximadamente una cuarta parte del PIB mundial.

El potencial de crecimiento es alto. En 2024, la India fue el noveno socio comercial de la UE, lo que representa apenas el 2,4% de su comercio total de bienes en todo el mundo. Una cifra que queda muy por detrás del 17,3% que supone el comercio con Estados Unidos y del 14,6% con China, respecto a la que la Unión Europea quiere reducir su dependencia en materias primas.

Al margen del tratado de libre comercio -cuyas negociaciones empezaron en 2007, se paralizaron en 2013 y se volvieron a retomar en 2021-, la UE y la India quieren impulsar la inversión y la cooperación en sectores como el digital, el hidrógeno, la energía solar, la maquinara y la fabricación avanzada, además de cerrar un acuerdo de cooperación de movilidad laboral, científica y estudiantil.

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