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    Salarios mínimos más cerca de la locomotora europea

    El aumento del SMI hasta los 1.080 euros al mes en 14 pagas rebaja las dobles escalas salariales de mujeres y jóvenes

    13 febrero 2023 12:05 | Actualizado a 15 febrero 2023 11:33
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    Desde el año 2016, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha aumentado en España un 65%, al pasar de 764 euros a 1.260 euros al mes (en doce pagas), tras aplicar la última subida del 8% puesta en marcha por el gobierno español: 1.080 euros al mes en 14 pagas, con carácter retroactivo desde el 1 de enero de este año.

    En pocos años, España ha abandonado los vagones de cola de la Eurozona en materia de salarios mínimos para situarse en una posición media (exactamente en la media de la zona euro) que, según destacan los agentes sociales, está contribuyendo a estrechar la brecha no solo con el resto de estados miembros de la Unión Europea, sino en jóvenes y mujeres, de lejos los dos colectivos donde más impactan las dobles escalas salariales.

    Por primera vez en todo este tiempo, sin embargo, las empresas, representadas por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) no suscribió el acuerdo alcanzado por las organizaciones sindicales y el Gobierno para esta última subida. ¿Hasta dónde es posible seguir incrementando el salario mínimo en España?

    «Defendemos un salario mínimo de 1.300 euros para Catalunya»

    Joan Llort, UGT

    Joan Llort, secretario general del sindicato UGT en el Camp de Tarragona, destaca que «todas esas predicciones que decían que una subida del salario mínimo como la que hemos tenido, donde ha aumentado más de un 65% desde el año 2016, haría perder puestos de trabajo, se han demostrado que son al revés y que se están recortando desigualdades entre mujeres y hombres, haciendo que tengan un sueldo base más digno».

    «Es algo -prosigue Joan Llort- que también estamos viendo en los jóvenes: donde antes había desigualdades del 31%, ahora estamos en el 19%. Lo que hacen estas subidas es equilibrar desigualdades».

    Mujeres y jóvenes son los dos colectivos donde más impactan las dobles escalas salariales

    Según los cálculos realizados por los sindicatos que han participado en la negociación de este último incremento salarial, la decisión beneficiará a 2,5 millones de trabajadores, donde el perfil más habitual es el de una mujer de entre 16 y 34 años con contrato temporal en el sector agrícola o en los servicios.

    Mercè Puig, secretaria general de CCOO en el Camp de Tarragona, coincide en este análisis: «Pienso que esta subida del salario mínimo es muy importante, porque recorta mucho la brecha salarial de género que tenemos, puesto que donde más impacta es en las mujeres y la gente más joven. Es una mejora muy importante».

    «En agricultura -añade-, sobre todo en Terres de l’Ebre, habrá mucha gente que se verá muy afectada por esta subida, igual que en el sector servicios, donde podemos encontrar camareras de piso en el sector turístico, o trabajadoras del hogar».

    «Esta subida recorta mucho la brecha salarial de género y entre los más jóvenes»

    Mercè Puig, CCOO

    Miquel Àngel Fúster, presidente territorial en Tarragona del Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC), constata que, observando las subidas acumuladas desde el año 2016, «partiendo de un nivel que era bajo, ahora España ha alcanzado otro nivel, donde los salarios del Este de Europa son ya sensiblemente inferiores. Hacía falta llevar a cabo ajustes del salario mínimo -defiende Fúster-, porque alguna cosa falla cuando tienes una proporción de trabajadores que son pobres».

    Dicho lo cual, observa: «La variable del salario es uno de los elementos clave en la relación entre el trabajador y la empresa, pero no es el único. También están los horarios laborales, la promoción, la formación... En todo caso, es un buen paso para tener salarios dignos, pero también para incrementar la productividad, porque estas subidas salariales podrían acabar siendo un aliciente para que el trabajador incremente su productividad y rinda en su puesto de trabajo».

    «Algo falla cuando tienes una proporción de trabajadores que son pobres»

    Miquel Àngel Fúster, CEC

    Josep Ginesta, secretario general de Pimec, patronal catalana de micro, pequeñas y medianas empresas, aborda esta idea. «La primera cuestión -destaca Josep Ginesta- es que, a diferencia de otros momentos de la Historia en los que el impacto sobre el mercado de trabajo de estas subidas del salario mínimo era muy relativo, hoy nos encontramos con que, en los últimos diez años, ha subido un 68%, con lo que el impacto ahora será más alto y obligará a que algunos convenios colectivos se tengan que revisar».

    «Pero este año -recuerda Josep Ginesta-, añadimos, al incremento del salario mínimo, el incremento de medio punto en la cotización a la Seguridad Social, con ese mecanismo intergeneracional para las pensiones, y esto significa un incremento de costes más tangible para las empresas».

    «En el incremento del salario mínimo -prosigue Josep Ginesta-, el importe no es lo excesivamente determinante, sino qué sucede más allá, porque las empresas no solo tienen un problema de coste, sino de margen. Las subidas deberían ir en correlación también con la mejora de la competitividad de las empresas. Hubiese sido preferible que esta última subida estuviese acordada con todos los agentes sociales, y la patronal estatal no la ha acordado».

    Agricultura y servicios son los sectores más beneficiados con la última subida del SMI

    «Estamos llegando bastante cerca del techo más alto del salario mínimo que deberíamos tener -analiza este representante de Pimec-, y aunque es cierto que la Carta Social Europea habla de que el salario mínimo alcance el 60% del salario medio de cada país, es una cuestión de equilibrio. Con una subida del salario mínimo del 68% en diez años, sería lógico que la producción media del país subiese en la misma proporción, pero no ha sido así».

    Manel Muñoz Coll, profesor asociado de Dret del Treball i de la Seguretat Social en el Departament de Dret Públic de la Facultat de Ciències Jurídiques de la Universitat Rovira i Virgili (URV), discrepa de este análisis: «Yo creo que no hemos tocado techo, ni mucho menos. Llegar al 60% es un mandato europeo, y en el artículo 4 de la Carta Social Europea se reconoce el derecho de los trabajadores a una remuneración suficiente, que les proporcione a ellos y a su familia un salario decoroso».

    «La brecha con el incremento de de los beneficios empresariales -prosigue Manel Muñoz Coll- ha crecido mucho, y aumentar el salario mínimo es una necesidad. Hasta ahora, todas las subidas, en el marco de los acuerdos tripartitos, han partido del diálogo social y el acuerdo entre todas las partes; pero en esta última, la patronal se excluyó a sí misma de la negociación, y creo que eso es un error garrafal por su parte».

    Sobre su impacto sobre la actividad empresarial, es claro: «La empresa que no pueda asumir una subida del salario mínimo tiene un problema y debe replantearse su futuro».

    «Las subidas deberían ir en correlación también con la mejora de la competitividad de las empresas»

    Josep Ginesta, Pimec

    Miquel Àngel Fúster, del CEC, se suma a la reflexión: «Siempre he abogado por la solidaridad de género e intergeneracional, y no puede ser que haya esas dualidades tan marcadas en el mercado laboral. No tiene ningún sentido que una pareja joven en la que ambos trabajan se consideren prácticamente pobres. Un salario mínimo de 1.080 euros en 14 pagas no puede considerarse ninguna barbaridad, y hay que ponerlo en relación con la economía local».

    «No podemos aspirar -prosigue- al salario mínimo de Alemania, pero tampoco tenían lógica los 800 euros de donde veníamos». Respecto a esta última subida del SMI en España, «con un 10% de la masa laboral, eso no es una afectación muy grande -razona Miquel Àngel Fúster-, como sí podrían provocar determinados convenios colectivos. La economía española tiene capacidad de absorber esta subida del salario mínimo sin que sea un descalabro».

    «Puede ser cierto -concede este economista- que algunas microempresas o pymes hayan tenido un poco más de repercusión, pero también hay muchas empresas y sectores económicos, como el industrial, donde simplemente no aplica. Aquel Apocalipsis que se presentaba no es tal, porque la economía lo puede absorber, pese a algunas dificultades en empresas pequeñas».

    El 60%, en el centro

    Llegados a este punto, ese 60% que debe representar el salario mínimo sobre el salario medio de cada estado -y que marca la Carta Social Europea- se perfila como el próximo foco de debate. La última subida en España nos ha acercado mucho a ese objetivo, al situar en el 60,1% del salario medio español en el año 2020 (últimos datos disponibles del INE), que alcanzaba entonces los 2.097 euros al mes en doce pagas, esos 1.260 euros al mes en doce pagas del SMI actualizado con la última subida.

    La discusión ahora es si, tal y como marca la Carta Social Europea, ese 60% del salario medio debe tomar como referencia el estado miembro de la UE en el que se enmarca ese SMI o, por contra, debería ponerse el foco en la media de la Unión Europea, la Eurozona o, incluso, en territorios con dinámicas económicas propias y diferenciadas, más allá incluso de los límites estatales.

    Los economistas no prevén un gran impacto del nuevo SMI sobre los costes salariales

    En el caso de España, eso se hace patente cuando se observan las diferencias entre comunidades autónomas, donde si la media estatal en el salario medio se situaba en 2020 en los 25.165,51 euros al año, en el caso del País Vasco alcanzaba los 30.224,16 euros, mientras que en Extremadura, en el lado opuesto, ese salario medio anual se limitaba a 20.479,30 euros.

    En ambos casos, el peso del Salario Mínimo Interprofesional presenta diferencias notables. Mientras que en el caso de Euskadi apenas alcanza un 50% del salario medio de esa comunidad autónoma, en Extremadura llega al 73,1%. En el caso de Catalunya, con un salario medio anual de 27.100,11 euros, tampoco se alcanza ese objetivo del 60% fijado en la Carta Social Europea, al representar el nuevo SMI un 55,8% del salario medio que percibe un trabajador catalán.

    En ese debate se encuentra Joan Llort, de UGT: «No es lo mismo vivir en otras comunidades autónomas que en nuestra demarcación, y por eso defendemos que, en Catalunya, el salario mínimo esté en los 1.300 euros mensuales, porque el nivel de vida es más alto, con lo cual se debería complementar ese salario mínimo de 1.080 euros al mes».

    «La empresa que no pueda asumir una subida del SMI debe replantear su futuro»

    Manel Muñoz Coll, URV

    «Pienso -prosigue Joan Llort- que no hemos terminado porque, tal y como están los precios, el poder adquisitivo de las personas se está devaluando. Hace diez años que luchamos por los 1.000 euros de salario mínimo, y hemos de seguir luchando».

    Mercè Puig, de CCOO, destaca que «acercarnos al objetivo de los 1.300 euros -que supondrían, en 14 pagas, alcanzar el 67,2% del salario medio en Catalunya en 2020-, daría una capacidad a la negociación colectiva. El recorrido real se puede hacer, porque la mayoría de empresas han duplicado beneficios y no han tenido pérdidas. No puede ser que estas empresas tengan los mismos beneficios que muchos años atrás, y eso no se vea repercutido en los salarios».

    Manel Muñoz Coll, de la URV, matiza que, «de forma directa, la subida del salario mínimo no ayuda a reducir la brecha, pero los que sí que han de poner de su parte para que se reduzca son los agentes negociadores, en la negociación colectiva, en los pactos de empresa y en los convenios. No puede ser que la media de los incrementos salariales en los convenios del año pasado estuviese en el 2%, cuando en octubre teníamos una inflación del 8%. Estas subidas por abajo han de comportar subidas por arriba, con un efecto arrastre. Porque, si no, pronto el oficial de primera dirá que hay un peón y un oficial de segunda que cobran lo mismo que él».

    Desde el Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC), Miquel Àngel Fúster añade una última reflexión: «Una vez se ha hecho el esfuerzo de acercarnos a ese 60% sobre los salarios medios, las subidas cada vez deberían ir más ligadas a la productividad. La clave pasa por el hecho de que todo el mundo haga un cierto esfuerzo, donde la empresa ha de asumir este mayor coste laboral y el trabajador incrementar su productividad, lo cual sin duda tiene un impacto en la edad y el género».

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