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Luz Baz: «Estoy serena. Intento tener la mejor calidad que pueda en este trance»

La reusense es paciente del Programa de atención integral al final de la vida de ‘La Caixa’, que cumple una década

Luz Baz en el sofá de su vivienda en Tarragona, en un momento de la entrevista.

Luz Baz en el sofá de su vivienda en Tarragona, en un momento de la entrevista.FOTO: FABIÁN ACIDRES

Glòria Aznar
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«¿De qué serviría esta entrevista sino es para dar ánimos y esperanza a las personas que están en una situación parecida a la mía?» se pregunta Luz Baz.

Luz es risueña y alegre. Amable, luce una sonrisa que no le abandona en todo el tiempo que dura la charla. Positiva ante la situación que afronta en estos momentos y a la que ningún mortal es ajeno. «Estoy serena, muy concentrada en intentar tener la mejor calidad que pueda en este trance. Intento mantener la calma. No banalizar, pero tampoco dramatizar», manifiesta. Y con esa serenidad explica cómo se siente, acompañada por Joe Vinyes, psicólogo que la atiende desde el pasado agosto.

Reusense de nacimiento, Luz ha vivido en multitud de lugares, desde Andalucía a Inglaterra, donde conoció a su gran amor y en las Palmas de Gran Canaria. Fue allí donde le detectaron la enfermedad. «Era 2016 cuando me diagnosticaron cáncer de mama. Fue un shock. Como tengo mi familia en Tarragona decidí que lo más sensato era trasladarme», cuenta. Y casi superado este serio obstáculo, aparecieron los síntomas en el pecho izquierdo. «Lo que nadie esperaba fue lo que me ocurrió. Se suponía que me iba a ir recuperando, pero de pronto me dio una crisis que podrías confundir con un ataque de epilepsia. Era metástasis», explica, efectivamente, serena.

Y en el momento en que apareció la palabra, Luz se vio rodeada de sus seres más queridos, familiares y amigos «maravillosos». Y posteriormente de Joe, psicooncólogo especialista en cuidados paliativos perteneciente al Programa de atención integral al final de la vida de ‘La Caixa’, que esta semana ha cumplido diez años. Programa que en este tiempo ha atendido a más de 1.400 pacientes y a más de 3.200 familiares.

«Al principio no terminas de digerirlo. Luego ya sí», afirma Luz. Y aunque su carácter es enérgico, no todos los momentos son fáciles. «Joe me escucha», puntualiza. Sin embargo, Luz se reafirma en la vida que ha tenido hasta el momento. Primero se dedicó al sector audiovisual y posteriormente trabajó como profesora de inglés. «He sido muy activa, un poco culo inquieto», bromea y su semblante solo se ensombrece cuando recuerda a su pareja ya fallecido. «Perderlo fue la cosa peor del mundo, peor que el cáncer. Lo peor que me ha pasado en la vida», asegura. «Además, fue de forma muy repentina y en el cénit de la relación. Fue horrible».

En esa vida activa Luz ha estudiado y aprendido, ha nadado, caminado, ha reído y ha hecho reír. Ahora, aunque es autónoma hasta cierto punto, los efectos de la medicación se hacen sentir. «Cuando me vengo abajo me pregunto ¿de qué te quejas? Y pienso mucho en los niños que están enfermos y en la gente que está en la calle. En esas personas que viven en otros países en pésimas condiciones. Pero tampoco me lo tomo a la ligera y hay momentos en que pienso que un ratito más, sí me quedaba».

Es en esos instantes cuando cuenta con el apoyo del profesional. «Lo que me gusta es acompañar, estar próximo. A veces, cuando cuesta estar próximo nos cogemos de la mano. Es la comunicación verbal y no verbal. Escuchar. Escuchar con la presencia», relata Joe. «Fue muy buena idea ponerme en contacto con los responsables del programa porque hay ciertas cosas que no puedes decir con ligereza delante de tus hermanos porque el que está cerca de ti sufre mucho», señala Luz. Cosas que sí puede contar a Joe.

El tratamiento acaba este mes. Sin embargo, al margen de los resultados de las pruebas, Luz ha decidido seguir el camino pragmático, afrontar los hechos y no dar cabida al pesimismo.

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