Opinión

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Comparecencia a petición propia del conseller Albert Dalmau ayer en el Parlament para dar cuenta del caos de Regionals y Rodalies tras el accidente de Gelida. Un caos que vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que en Tarragona conocemos demasiado bien: la fragilidad de las inversiones en infraestructuras cuando quedan atrapadas en el vaivén del debate político. La apelación a un «pacto de país» puede sonar a fórmula grandilocuente, pero responde a una necesidad real y urgente: blindar proyectos estratégicos para que no dependan de calendarios electorales ni de cambios de mayorías. En cualquier país de tradición democrática, esa propuesta no caería en saco roto.

Nuestro territorio es un ejemplo claro de los costes del bloqueo y la desidia. Infraestructuras largamente prometidas, retrasadas durante años —a veces décadas— han lastrado el desarrollo económico y la calidad de vida de miles de ciudadanos. Por eso creemos que es de reconocer la eficacia con la que el conseller de Presidència actúa cuando se trata de desatascar problemas enquistados, como ocurrió con el aparcamiento de la estación del Camp de Tarragona, una anomalía que se prolongó durante cerca de veinte años y que finalmente encontró una solución, gracias al concurso de las diversas instituciones con responsabilidades, sería un buen punto de partida. No se trata solo de invertir más, sino de invertir mejor y con garantías de continuidad. Las infraestructuras no pueden ser moneda de cambio político ni rehén de disputas partidistas. Un «pacto de país», si es sincero y vinculante, permitiría establecer prioridades compartidas, calendarios realistas y mecanismos de cumplimiento que trasciendan a los gobiernos de turno. Es cierto que Catalunya ha escuchado muchas veces grandes palabras y ha visto pocos compromisos duraderos. Pero la idea del pacto debería llamarnos a reflexionar. Asegurar que lo que se acuerda se cumple es hoy tan importante como anunciar nuevas inversiones. Tarragona —y el conjunto del país— no necesita más promesas: necesita certezas.

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