El mercado laboral en Tarragona ha iniciado 2026 con una fotografía ambivalente que invita tanto al optimismo prudente como a la preocupación. Por primera vez desde 2008, la demarcación ha bajado de la barrera simbólica de los 40.000 desempleados en un mes de enero, situándose en 38.881 personas sin trabajo. Un dato que, en perspectiva interanual, supone una reducción del 3,1% y confirma una tendencia de fondo positiva. Sin embargo, el repunte mensual del 1,23% —el doble que la media catalana— y la pérdida de afiliados a la Seguridad Social respecto a diciembre evidencian que la recuperación sigue siendo frágil y profundamente marcada por la estacionalidad. El comportamiento del empleo en enero responde, una vez más, al final de la campaña navideña, con el sector servicios como principal afectado. Aun así, no puede pasarse por alto que tanto Tarragona como el conjunto de Catalunya mantienen los niveles de paro más bajos en casi dos décadas para un mes de enero. El problema no es tanto la falta de crecimiento como su volatilidad. Las patronales alertan de un escenario cada vez más complejo para invertir y crear puestos de trabajo, presionado por el aumento de costes laborales, la baja productividad y el absentismo. Los sindicatos, por su parte, insisten en que la temporalidad y la estacionalidad continúan siendo los grandes lastres del mercado laboral catalán, impidiendo consolidar avances duraderos hacia el pleno empleo. La necesidad: reformas estructurales que modernicen el mercado de trabajo, mejoren la formación y la adecuación de los perfiles profesionales y reduzcan la dependencia de campañas puntuales. Resulta especialmente significativo que uno de cada cinco parados sea extranjero, una proporción estable que subraya la importancia de políticas de integración laboral eficaces. Enero no suele ser un buen mes para el empleo, y este año no ha sido la excepción. Pero los datos muestran que Tarragona está mejor que hace un año y mucho mejor que hace una década. El reto ahora es transformar esta mejora cuantitativa en estabilidad real: contratos más duraderos, sectores más diversificados y un modelo económico menos expuesto a los vaivenes estacionales.