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¿Qué comía 'Pink', la cara más antigua de Europa y descubierta por científicos de Tarragona?

Las nuevas investigaciones en Atapuerca empiezan a revelar cómo se alimentaban los primeros homínidos que llegaron al continente hace más de un millón de años, ya que, para los científicos del IPHES-CERCA, el hallazgo ha significado un punto de partida para ampliar los estudios ya existentes

Trabajos de excavación en el nivel GIIb del yacimiento de Galería, en Atapuerca.

Trabajos de excavación en el nivel GIIb del yacimiento de Galería, en Atapuerca.María D. Guillén/IPHES-CERCA

Joel Medina

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Durante semanas, Pink fue sobre todo una imagen poderosa. El fragmento de rostro humano más antiguo encontrado hasta ahora en Europa concentró titulares, portadas y debates científicos, obligando a reescribir los mapas de la evolución humana en el continente. Sin embargo, una vez superada la conmoción inicial y publicada la investigación en Nature, el verdadero trabajo científico ha entrado en una fase más silenciosa y profunda.

Para Rosa Huguet, investigadora del IPHES-CERCA y una de las coordinadoras del estudio, el hallazgo no representa un punto final, sino todo lo contrario: "Este trabajo da la sensación de que es el final de algo, pero para nosotros es el inicio de todo", explica. El fósil ha abierto una batería de líneas de investigación que permiten empezar a reconstruir el comportamiento, la relación con el entorno y las estrategias de subsistencia de unos homínidos que habitaron Europa hace entre 1,1 y 1,4 millones de años.

Una de las principales novedades que ha emergido en los últimos meses es la posibilidad de empezar a concretar su dieta. Se trata de evidencias directas halladas en el mismo nivel estratigráfico donde apareció Pink

En concreto, una costilla que presenta marcas de corte inequívocas, producidas por herramientas de piedra durante el proceso de descarnado. "De momento, la única cosa clara que tenemos es una costilla que tiene las marcas que quedan cuando descarnas un animal", detalla Huguet. El tamaño del hueso sugiere que se trata de un animal de talla media, probablemente un cérvido.

Este hallazgo es fundamental porque confirma que aquellos homínidos no solo estaban presentes en el territorio, sino que accedían de forma sistemática a recursos cárnicos. Además, encaja con otras evidencias procedentes de niveles próximos de la Sima del Elefante, incluidos aquellos asociados a la mandíbula humana descubierta en 2007 y que ahora se considera perteneciente a la misma especie que Pink. En esos niveles aparecen restos de animales de mayor tamaño, como bóvidos y caballos, también con señales de manipulación humana.

Lejos de la imagen de cazadores especializados, los investigadores describen a estos primeros europeos como homínidos oportunistas, con estrategias de subsistencia aún muy rudimentarias. No se observa una preferencia clara por una especie concreta ni un patrón de caza selectiva: "No es tanto una cuestión de qué animal cazan", explica Huguet. "Es decir: 'este es el que está más débil, este sí que puedo'", añade. Se trataría, por tanto, de grupos humanos que aprovechaban animales jóvenes, heridos o enfermos.

Este tipo de estrategia refleja un estadio temprano en la evolución del comportamiento humano. A diferencia de los neandertales, que mucho más tarde desarrollaron técnicas de caza especializadas centradas en especies concretas, estos homínidos actuaban con una lógica más flexible y menos planificada: "Tenían unas estrategias precarias, y eso hizo que no se especializaran", expone Huguet.

La interpretación de estos datos no puede desligarse del contexto del yacimiento. La Sima del Elefante no fue un lugar de habitación humana ni un campamento estable. De hecho, ni humanos ni grandes carnívoros vivían en su interior: "Imagina que los homínidos hacen una parada cerca de la entrada, descarnan un animal, comen y, cuando acaban, se van", describe la investigadora. "Lo que queda acaba entrando al interior de la cueva, probablemente porque llueve y un pequeño riachuelo lo arrastra", argumenta.

Más allá de la dieta, Pink representa un punto de inflexión en el conocimiento de las primeras ocupaciones humanas en Europa. No se trata de Homo antecessor, como se pensaba hasta ahora para los registros más antiguos del continente, sino de un homínido más primitivo, con rasgos cercanos a Homo erectus y aún sin una clasificación taxonómica definitiva: "Lo más destacado de este trabajo es que tienes delante la cara de un homínido que hasta ese momento no sabíamos que había existido ni en Atapuerca ni en Europa", subraya Huguet.

A partir de aquí se abren numerosas preguntas: cómo se relacionó esta población con Homo antecessor, si llegaron a coexistir, por qué desapareció y qué papel desempeñó. Cada cuestión dará lugar a nuevas investigaciones: "Cada autor está profundizando en su disciplina: los aspectos paleoambientales, los carbones, el polen, los animales, la industria lítica...", explica. Así pues, Pink se ha convertido en uno de los puntos y aparte más significativos de la historia evolutiva europea.

Nominada a la ‘Bona Gent’ 2026

Rosa Huguet, investigadora del IPHES-CERCA y coordinadora del hallazgo, es una de las candidatas para ganar la ‘Bona Gent’ del ‘Diari de Tarragona’ este 2026. Vótela aquí.

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