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Antoni Sabaté: «El amor verdadero se da de patadas con las prisas, con el ruido y con lo banal»

El exalcalde de Flix y exdiputado ha fallecido esta madrugada de un cáncer de páncreas. El pasado jueves concedió una entrevista al Diari con motivo de la presentación  de un libro sobre sus vivencias

Xavier Fernández José

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Antoni Sabaté, con sus cuatro hijos: Carolina, Montserrat, Antoni y Pedro. Les califica de «las cuatro páginas más conmovedoras de la historia de mi vida».

Antoni Sabaté, con sus cuatro hijos: Carolina, Montserrat, Antoni y Pedro. Les califica de «las cuatro páginas más conmovedoras de la historia de mi vida».

Un periodista, dicen, debe mantener al margen sus emociones, pero en ocasiones es imposible. Esta entrevista a Antoni Sabaté me erizó la piel tanto cuando preparaba las preguntas como cuando editaba las respuestas. Sabaté ha fallecido esta madrugada a consecuencia de un cáncer terminal de páncreas. En sus últimos momentos mostró una sorprendente lucidez.

El pasado martes se presentó en Tarragona ‘El final del principio’ (Silva Editorial), el libro autobiográfico del que fuera alcalde de Flix y diputado al Parlament. Sabaté narra sus experiencias vitales y alude de pasada a su actividad pública pero sin ahondar en cuestiones políticas. 

La obra encoge el alma por la serenidad con que afronta el cáncer de páncreas e imparte una doble lección muy valiosa: la vida es demasiado valiosa como para perderla en tonterías y la familia y los amigos son tan valiosos que hay que mimarlos día a día.

Sabaté concluye su biografía salpicada de anécdotas -como cuando vio jugar a Kubala en Tortosa- con un poema: «cuando despegues/alma,/no te detenga/el sollozo,/que tu destino no sabe/de tristeza».

En el libro se le nota en paz consigo mismo.
Sí. Lo saben mi familia y mis amigos. Se me ha abierto un nuevo tiempo de luz al que ha contribuido toda la gente cercana y esa ayuda no la voy a olvidar jamás.

¿Es el cáncer el que le ha dado ese «tiempo de luz»?
Hasta en la enfermedad se puede encontrar algo positivo. A mí me ha servido para valorar mucho mejor lo que de verdad tiene sentido y lo que es prescindible que es casi todo y también para profundizar en mi fe.

Dedica el libro a sus hijos. Los define como «las cuatro páginas más conmovedoras de la historia de mi vida».
Ha habido muchas pero sin duda, en ese contexto de relaciones, los cuatro son las más importantes y ocupan los primeros puestos del ranking. Y los cuatro son excelentes personas que es a lo que uno puede aspirar.

¿Qué sintió al saber que tenía cáncer?
Naturalmente, al principio miedo. Pero a continuación esperanza y ganas de luchar. La oncología tiene en nuestro país excelentes profesionales que te ayudan a ello.

¿Y ahora?
Tampoco ahora que creo que está más cercano el momento. Hace unos días mi hijo menor que con 13 años es un valiente – por cierto, experto en parar penaltis en el infantil del Jesús Catalonia – dijo en clase «mi padre no tiene miedo a morir porque tiene fe». Me dio un alegrón.

Da la sensación de que ha disfrutado de cada momento que ha podido. De hecho dice que «vivir es maravilloso».
Lo he creído siempre pero desde hace 27 meses vivo con más intensidad una salida de sol, ver el meandro del Ebre en Flix, la sonrisa de un vecino, el mensaje de un amigo, que el Orfeó de Flix bajo mi balcón cante una caramella, una plegaria compartida.. y tantas cosas que nos perdemos porque hay demasiado ruido y vivimos demasiado aceleradamente.

Asegura que la enfermedad del cáncer le ha reportado una lluvia de afectos.
El valor del afecto es indescriptible e impagable y yo lo he encontrado en la familia en primer lugar, en re-encuentros de todo tipo, el regreso a Flix, en mucha gente de Jesús-Tortosa, en amigos re-encontrados a través de las redes. Me gustaría haberles correspondido como se merecen. Pero lo más importante ha sido la intensidad o la calidad del afecto. Ahora valoro más una mirada de complicidad, una llamada, un mensaje o un abrazo.

Lleva luchando desde hace dos años contra el cáncer.
Mi hijo menor me dijo hace unos días: «Eres un luchador». Mi libro es un mensaje que quiere expresar ese espíritu de lucha y sobretodo esperanza.

Usted define «el amor verdadero» como «el que se manifiesta en entrega sin esperar nada a cambio».
Puedo asegurar que existe. Sólo hay que vivir menos deprisa y más atentos. El amor verdadero se da de patadas con las prisas, con el ruido y con lo banal. 

¿Le molesta la expresión «una larga enfermedad» como sinónimo de cáncer? ¿Sigue siendo el cáncer un tabú?
Cada vez menos tabú. Mi libro quiere ser una humilde contribución a la superación de ese tabú. Y en cuanto a lo de larga, si me permite la broma, quienes padecemos los cánceres más complicados y aspiramos a que se cronifiquen porque la ciencia todavía no los puede sanar, ya nos va bien que sea muy larga. Para mí, 27 meses son un buen récord.

¿Ser creyente le ha ayudado?
Sí, porque esta vida material es muy corta al lado de la eternidad que garantiza quien yo llamo «el Siempre», es decir, Dios. Contemplada la fe, también desde el punto de vista de la temporalidad es un buen argumento. Las personas creyentes también tenemos nuestros momentos de duda pero he tenido la suerte de contar con magníficos directores espirituales, entre ellos el Obispo de Vic, Romà Casanovas, que fue rector de la parroquia de Flix y con quien he conservado una relación extraordinaria. 

Precisamente Casanovas escribe el prólogo. En el libro habla de su vida interior espiritual.
Sí, pero le diré una cosa. Eso empuja al compromiso con los demás, al compromiso social. Dios no quiere sólo que no recreemos en nuestro interior. La Salvación implica que nos comprometamos. 

¿El libro responde a una necesidad de sincerarse, quizá de despedirse?
Una necesidad de ser útil a la sociedad, a quienes padecen cáncer y a sus familias y amigos. Y sí, de abrirme y sincerarme y dar valor  a las relaciones con quienes he convivido. Un ejercicio de reflexión que me atrevo a recomendar. Las prisas de cada día no nos lo permiten.

Como enfermo de cáncer, ¿se angustia por el tiempo? 
Bueno, piensas que quizá has desaprovechado mucho y como siempre he tenido muchos proyectos por hacer, no sé si tendré el suficiente. Por ejemplo últimamente he disfrutado mucho explicando cuentos en algunas aulas de niños. En la de mi nieta Sofía llevé miel del Perelló y tomillo de Flix y ahora me gustaría poner en orden unos apuntes para terminar un cuento sobre la piedra de Flix que por cierto sirvió para construir la catedral de Tortosa.

Usted fue alcalde de Flix y trabajó durante un tiempo en la fábrica de Erkimia. ¿Cómo vive su cierre casi total?
Con mucha tristeza y preocupación. Pero confío en la gente de Flix y en su capacidad emprendedora para salir adelante y encontrar nuevas actividades productivas.

Escribe que «siempre me sentí un ciudadano del mundo». ¿Nos iría mejor a catalanes y españoles si fuésemos menos «patriotas» y más «ciudadanos del mundo»?
Patriota viene de padre y los padres son personas. A mí me enseñaron a ser patriota Joan Reventós y Pep Jai entre otros, y aprendí de ellos que lo primero son las personas. Y es que sin personas no hay patria.

¿Se habría imaginado alguna vez lo que está pasando ahora en Catalunya?
No, la verdad. Pero no quiero entrar en el debate concreto. Se ha liado demasiado. Solo me atrevo a recomendar unidad. Hay que reconstruir muchas cosas hoy en la nación catalana y para ello sobran partidismos y falta unidad. O por lo menos voluntad de alcanzarla.

Rescata una frase de Pasqual Maragall: «Catalunya no puede funcionar sin España ni España sin Catalunya».
Ni sin Europa. La mundialización nos ha hecho a todos más interdependientes y las necesidades de las personas requieren construir uniones diferentes. Maragall ha sido un gran político de gran talla. Como lo fue Tarradellas. Necesitamos más personas como ellos en la política catalana, española y europea.

Menciona varias veces a Serrat como una especie de mito. Ahora algunos le consideran un «traidor».
Catalunya no se puede entender hoy sin las aportaciones de Serrat a la difusión de la lengua y cultura catalanas y a la de la propia Catalunya y se le tiene que agradecer. Serrat, que también es poeta, ha contribuido también a la forma en cómo expresamos nuestros sentimientos millones de catalanes y de hispanohablantes. 

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