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Santiago Posteguillo: «Julio César era un idealista, defensor del pueblo y de la igualdad»

El filólogo, profesor y escritor presenta este jueves en la Antiga Audiència (19.30 horas), en el marco de Tarraco Viva, su última novela, ‘Roma soy yo’, la primera de seis entregas sobre Julio César

| Actualizado a 17 mayo 2022 21:40
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Después de Escipión, Trajano y Julia, de dos trilogías y una bilogía, el escritor de cabecera de la Antigua Roma acomete una serie de seis novelas sobre Julio César, el gran personaje de la antigüedad clásica. Roma soy yo (Ediciones B. Penguin Random House) en catalán y castellano, es la primera entrega, con un todavía desconocido César, que acepta actuar como fiscal contra el todopoderoso Dolabela, cruel y violento senador arropado por el mismísimo dictador Sila. Posteguillo presentará la novela este jueves en la Antiga Audiència (19.30 horas), en el marco del Festival Tarraco Viva.

Vuelve a Tarraco Viva.

Sí. He ido muchas veces al festival, me parece fascinante. De hecho, lo incluyo entre mis fuentes documentales. Tengo las fuentes primarias, las secundarias y las experimentales. Las primeras son los autores de la época, como Plutarco o Dion Casio; las secundarias son autores modernos, como Mary Beard o Adrian Goldsworthy, por poner algún ejemplo; y finalmente, entre las experimentales, ir a yacimientos o a museos. No obstante, ni en unos ni en otros se permite tocar la historia, por razones obvias de conservación. Pero en Tarraco Viva sí se puede tocar la historia porque puedes ponerte un casco de mirmillo, coger un pilum o ver cómo se carga una catapulta.

Con ‘Roma soy yo’ logra sorprender con un personaje del que se supone que todo el mundo lo sabía todo.

Llevo mucho tiempo buscando un arranque que sorprendiera. La gente no solía asociar a Julio César con la abogacía y, sin embargo, fue una parte muy importante de su vida. Como abogado en los juicios, que eran públicos, era la manera en que un patricio podía darse a conocer en su ideario político y en su oratoria. Es decir, no era raro que Julio César lo hiciera, pero es verdad que era una faceta desconocida. En concreto, este juicio me parece apasionante porque podía haber escogido otro más accesible, pero cogió uno complicadísimo, donde se jugó la vida, lo que ya va dando indicaciones de las características del personaje.

$!<b>Santiago Posteguillo: </b>«Julio César era un idealista, defensor del pueblo y de la igualdad»

He leído que no se conservan documentos del juicio. Que ha tenido que recrearlo como si estuviera en Tarraco Viva.
Existe información que nos da los datos precisos de quién era el acusado, de qué se le acusaba, de cuál fue la sentencia, quiénes los abogados y quién el fiscal. Pero el desarrollo del juicio está perdido. Esto es lo que he tenido que reconstruir con la ayuda de un catedrático de Derecho romano, que es otra forma adicional de documentación, recurrir a expertos. Yo me he ido a Alejandro Valiño, Catedrático de Derecho romano de la Universidad de Valencia. Él me explicó cada una de las secciones y momentos procesales que tuvo ese juicio y en función de toda esa información y de poder leer otros similares bajo la misma ley por el mismo delito, como por ejemplo, el que lleva Cicerón contra el exgobernador Verres, la parte mía fue recrear los diálogos, ahí es donde entra el Santiago escritor.

El juicio es contra Dolabela, un hombre cruel. Sin embargo, ¿César era tan íntegro como se le presupone?

En esta novela, Julio César era tremendamente íntegro e idealista, pensando que se podía conseguir la justicia en los tribunales. Cuando somos jóvenes, lo habitual es tener unos ideales muy fuertes. Y con esto no quiero decir que cuando maduramos tenemos que perderlos. Pero sí que creo que en el proceso de maduración nos damos cuenta de que no todo es blanco y negro. Sino de que hay grises en la vida y de que uno puede llegar a hacer pactos con personas con las que nunca hubiera pensado hacerlos.

¿Es lo que le ocurrió a César?

César era esencialmente idealista, defensor del pueblo y de la igualdad. Por eso lucha contra una elite oligárquica de senadores que quieren acumular y controlar los derechos y la riqueza. Ahora bien, es cierto y lo veremos en las próximas novelas, que tendrá que enfrentarse a un dilema moral y es que se va a acabar dando cuenta de que para terminar con esa oligarquía, en algún momento va a tener que emplear métodos muy similares o iguales a los que ellos emplean contra él. Es el famoso debate moral, si el fin justifica los medios y en qué momentos puede ser aceptable.

He ido muchas veces a Tarraco Viva. Es fascinante. Es un festival de recreación histórica donde se puede tocar la historia

¿Es comparable a algún personaje de la actualidad?

Con los políticos actuales en España, es difícil porque si había algo que César hacía muy bien era hablar. Francamente, la buena oratoria es algo que echo bastante de menos en la política actual. Lo he mencionado alguna vez, Zelenski, el presidente ucraniano, es el único que he visto decir una cosa y jugarse la vida por ello. En ese sentido, Julio César era igual. Tenia unas ideas y se jugaba la vida por ellas. Eso en política, en el siglo XXI, escasea.

Entonces, Sila es Putin...
A mi entender, Putin es un dictador que está sostenido sobre una base oligárquica, una serie de familias, en Rusia, que tienen el control empresarial del país. Sila hacía esto, tenía una relación clientelar con unas pocas familias senatoriales a las que favorecía enormemente y en ellas se apoyaba para controlar de forma dictatorial la Antigua Roma.

¿Las mujeres romanas fueron muy importantes entre bambalinas, detrás de los gobernantes?

Detrás y delante. Quiero decir, las mujeres eran muy importantes. En el caso de César aún más, en la medida en la que él crece y vive en un contexto familiar donde sus dos referentes masculinos, su tío Mario y su padre, desaparecen muy pronto. Y él, en su familia, está rodeado por su tía Julia, por su madre Aurelia, por su esposa Cornelia, por sus dos hermanas y por su hija, Julia. Era un hombre que estaba muy habituado a compartir su día a día con todas estas mujeres. Cuando convives con unas personas y te vas dando cuenta de que te dan unas respuestas muy inteligentes, muy agudas, observaciones muy pertinentes, empiezas a respetarlas y a admirarlas. Y creo que eso es lo que le pasó a César.

Sila perdonó a César y no le fue bien. César, a su vez, perdonó a sus enemigos y tampoco. ¿A los enemigos no se les perdona?

Si se es cruel, no se les perdona. Sila no perdonó a Julio César por generosidad. Como explico en la novela, lo perdona porque no está siendo capaz de apresarlo y ese César de 18 o 19 años que se le ha escapado, se está transformando en leyenda porque el todopoderoso dictador de Roma no puede detenerlo. Y como no quiere crear un mito y en eso es inteligente, decide perdonarlo, aunque sabe que quizás no sea lo mejor. La diferencia entre Sila y César es que este último sí perdona por generosidad. Era magnánimo en la victoria y este sí que fue un error, en el sentido de que a lo mejor en política la generosidad en según qué momentos es difícil.

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Cuando Cayo Mario le dice que no puede entrar en combate si no es para ganar, ¿Julio César siempre lo aplica?

Generalmente sí, pero como veremos a lo largo de las novelas, llegará incluso a transgredir aprendizajes porque con César, muchas cosas son por primera vez en la historia. Planteará batallas de forma y en contextos donde probablemente ni su tío Mario lo habría hecho. La genialidad de César es que incluso en esas circunstancias conseguía la victoria. A su manera lo cumple, aunque no de forma ortodoxa.

Él lucha contra la dictadura y finalmente, muere para que no sea un dictador.

Él muere porque quienes lo asesinan pretenden volver a lo que había antes y lo que hacen es manipular la información. Se autodenominan libertadores, ¡cuántos dictadores se han llamado a sí mismos libertadores! y lo asesinan mucho antes de que se conociera su programa de gobierno. No se sabe si iba a instalar una dictadura, qué derechos iba a entregar al pueblo... De las pocas cosas que sabemos es que por ejemplo, abrió el Senado a mucha más gente y permitió que en él hubiera más representantes del pueblo, así como de las provincias. Lo va cambiando todo y eso no parece muy dictatorial, eso es repartir el poder. Los libertadores le dieron muy mala prensa.

¿Ya había fake news en la época?

No lo dudes, toda la vida. Una fake new típica con la que Cicerón atacaba constantemente a César era si había permitido que el rey de Bitinia tuviera relaciones sexuales con él o no. Lo llama reina de Bitinia y lo acusa de homosexualidad. Entiéndase, que si bien la homosexualidad no era un problema en Roma, la homosexualidad pasiva, sí, porque la vivían como una cuestión de poder. Es decir, si se tenía la posición dominante pues no pasaba nada, pero si eras el dominado, entonces sí, porque se era un sumiso y un patricio romano no podía ser un sumiso. Entonces, lo zaherían constantemente y nunca se demostró, pero es algo que en el Senado siempre le echaban en cara. Una fake new total.

¿Por qué ha escogido una cita de Shakespeare?

Entre todos los escritores que han tratado sobre Julio César, sin duda alguna Shakespeare es el más conocido, el más relevante y el que ha conseguido recrear el final de la vida de César con más belleza en el lenguaje, con versos maravillosos y a mí me parece muy hermoso. Y además, la vida de César es muy shakesperiana en el sentido de que es un personaje con una psicología muy profunda, que se enfrenta a enormes dilemas, que es lo que les pasa a todos los personajes de Shakespeare, desde Hamlet hasta el propio César.

Ha calificado esta serie como su propio Rubicón.

Me parece una metáfora bonita, una especie de Rubicón literario. Te piensas mucho si cruzas ese río y te metes en una narrativa que sabía que me iba a llevar 12 años, de los que ya llevo dos. Quiero decir, uno no se levanta una mañana y decide pasarse doce años de su vida escribiendo sobre un personaje, es algo que reflexionas mucho. Pero una vez lo inicias, lo tienes que hacer con todas las consecuencias y hasta el final. Y ahí estamos.

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