De ruta por Tarragona: los Balcones de Tarragona
Esta semana nos asomamos a esas terrazas privilegiadas: desde antiguos puestos de vigilancia andalusíes hasta viejos círculos de piedra megalíticos. La provincia es un desfile de balcones naturales esculpidos por la orografía

El Carrer Botigues de Mar de Altafulla.
Hay miradores que no necesitan presentación, como el Balcó del Mediterrani: un clásico de Tarragona que parece haberlo visto todo. Pero más allá de la barandilla que da al mar, la provincia es un desfile de balcones naturales esculpidos por la orografía: lugares que regalan panorámicas espectaculares y, en muchos casos, historias olvidadas.
En la ruta de esta semana, nos asomamos a esos balcones privilegiados: desde antiguos puestos de vigilancia andalusíes hasta viejos círculos de piedra megalíticos.
El risco de Les Airasses
Pese a que la disposición de las casas de La Mussara no daba lugar a que hablemos de calles, sí se diferenciaban, incluso hoy, algunos caminos. Si remontamos el Camí del Calvari, que une la iglesia de Sant Salvador con el risco de Les Airasses, encontramos el refugio homónimo: el Xalet de Les Airasses -aunque, en palabras de Anton Agustench, uno de los últimos mussarencs, tenía muy poco de chalé-. He aquí uno de los miradores por antonomasia del Camp de Tarragona, uno de los tantos puestos de observación andalusíes que integraban la red defensiva de Siurana.
El xalet fue obra de Domènec Sugrañes Gras, uno de los colaboradores más estrechos de Antoni Gaudí y el mismo que lo acompañó en su lecho de muerte. La iniciativa de este refugio excursionista y el de Siurana corrió a cargo de Ciriac Bonet, cuyo apellido puede que nos suene de la Casa Bonet (Salou), otro de los encargos que recibió Sugrañes. El empresario reusense los financió y, posteriormente, los entregó al Centre Excursionista de Catalunya (CEC) a condición de que se mantuviera el anonimato de su mecenas, algo que acabó revelándose.
La península de Siurana
La villa de Siurana andalusí ocupaba, según Pere Balañà en L’Islam a Catalunya, el centro de un territorio protegido por dos círculos defensivos, del que el puesto de observación de La Mussara formaba parte. Josep Iglésies y Joaquim Santasusagna afirmaban que «Siurana és una típica localitat-fortalesa, però no degut a unes artificials obres de defensa, sinó a unes condicions naturals [...]. Totalment envoltada d’espadats inaccesibles, disposà el Castell de manera que barrés l’únic indret de posible entrada». La situación que antaño le confería una ventaja estratégica genera además un mirador de gran belleza.
En el risco orientado al oeste hay una suerte de balcón natural desde el que disfrutar de la puesta de sol. Mientras que a nuestros pies fluyen las aguas del pantano de Siurana, revitalizado por las lluvias de los últimos meses, al noroeste, en el horizonte, observamos la muralla de roca caliza del monte santo, la Serra del Montsant. Durante el tiempo que se prolongue la puesta de sol podremos imaginar cómo fue la conquista cristiana de esta plaza, el último reducto sarraceno de la Catalunya Nova tras la caída de Tortosa y Miravet.
La Foradada del Montsià
En la Serra del Montsià, una de las prelitorales de las Terres de l’Ebre, se halla un círculo megalítico a escasos minutos de la Foradada, un mirador natural harto conocido por los senderistas locales. De hecho, puede observarse su situación desde la roca, sólo hemos de dirigir la mirada a los alrededores del Mas de Mata-Redona: entre la vegetación observaremos un conjunto de menhires o piedras cuya disposición dibuja una circunferencia. Nos recordará, cómo no, a Stonehenge. Sin embargo, se desconoce el propósito al que servía el círculo megalítico tarraconense.
En cualquier caso, desde la Foradada del Montsià observaremos la Punta la de Banya, extremo este de la provincia y lugar en el que produce sal. Son las Salinas de la Trinitat. Por extraño que pueda parecernos, allá vivían dieciocho familias en terrenos cerrados en los que, por una parte, sembraban verduras y legumbres, y por otra parte, criaban gallinas, patos o conejos. Es testimonio de ello Joan Brunet Navarro en el libro Delta II: istme, trabucador i península dels Alfacs.
El balcón de las brujas
De acuerdo con la tradición oral, Altafulla es una villa infestada por la brujería, pues en lugar de esconderse en el despoblado, las brujas menos conocidas vivían con el resto de los mortales. Cualquier vecina que destaque por su soledad, rasgos físicos o conocimientos podía ser tachada de hechicera, al menos así lo apunta Històries de les bruixes d’Altafulla, el libro que recoge las leyendas de las brujas del municipio.
En este caso, el mirador está junto a los baños romanos de la Vila Romana dels Munts, en el Passeig del Fortí. La visión del lugar, que abarca desde Tarragona hasta la calle Botigues de Mar, es especialmente llamativa con el atardecer. Lo mismo podría decirse de la del Faro de Torredembarra, a poco más de 15 minutos de este balcón.

La Roca Foradada del Montsià.

El risco de Les Airasses (Vilaplana).

El pueblo de Siurana desde el castillo.