Escapadas
De ruta por Tarragona: Gaudí en la montaña
Nos adentramos en un sugerente enclave de la Baronia d’Escornalbou, territorio cuyo centro de poder fue el Castell de Sant Miquel d’Escornalbou, que fue residencia de Eduard Toda i Güell, amigo de infancia del arquitecto

Formación rocosa próxima al Coll de la Desenrocada (Cova dos ulls).
La pareidolia es el fenómeno psicológico que nos lleva a reconocer formas familiares en el caos: un cabritillo en una nube, una cara atrapada en la roca, una silueta humana en la montaña. Quizá por eso algunos senderistas creen ver en la naturaleza tarraconense ecos de la obra de Antoni Gaudí. ¿Fue la montaña su inspiración o somos nosotros quienes no podemos dejar de verlo en ella? Sólo hay una manera de salir de dudas. Esta semana nos adentramos en uno de los enclaves más sugerentes de la Baronia d’Escornalbou, un territorio cuyo centro de poder fue el Castell de Sant Miquel d’Escornalbou, que fue residencia privada de Eduard Toda i Güell, amigo de infancia del arquitecto.
Dificultad de la ruta
Lo que a unos resulta fácil a otros parece difícil: he aquí el galimatías del senderismo. Por suerte, existen escalas de graduación que establecen la dureza de un recorrido a partir de factores observables. El Método SENDIF, creado por la Taula de Camins de l’Alt Pirineu i Aran, sostiene que la dificultad de un itinerario de senderismo depende, por una parte, del esfuerzo físico que este supone y, por otra parte, de los obstáculos que presenta el camino.
- Más información:
- Instrucciones
- Distancia: 7 kilómetros
- Desnivel positivo: 407 metros
- Duración: 3 horas y 17 minutos
- Dificultad física: Moderada

La ermita de Santa Bàrbara.
Desde el punto de vista de la dificultad física, se trata de una ruta de dureza moderada, a juzgar por sus 7 kilómetros de distancia y 407 metros de desnivel positivo. El ascenso se gana de forma progresiva, con un único punto en el que la pendiente se hace realmente perceptible, al cruzar el barranc de Buidagasses. Como resultado, la sensación de esfuerzo dista mucho de la que experimentaríamos si el desnivel se concentrara en pocos kilómetros. En lo que respecta a la complejidad técnica, si bien navegar o guiarse por el recorrido es bastante fácil gracias a los paneles y las marcas, es recomendable apoyarse en un mapa de la zona o en una aplicación para evitar confundirnos en los dos grandes cruces de caminos.

Interior de una de las formaciones rocosas.
Completar este itinerario de ida y vuelta requiere 2 horas y 37 minutos en movimiento, que se convierten en 3 horas y 17 minutos si añadimos margen relativo a las paradas. El cálculo se ha hecho con un ritmo aproximado de 4 km/h en llano, 300 m/h de ascenso y 400 m/h de descenso, un paso asequible para la mayoría de los senderistas. Podemos ampliar el recorrido si, además, coronamos el Morral de Puigdegarces o el Bec o Tossal de la gallina Cega, ambos cerca de la ruta.

La Mola de Colldejou vista desde la localidad.
Instrucciones de la ruta
Estacionamos en Colldejou, en el aparcamiento situado junto a la T-322, y caminamos hasta el panel de señalización senderista que hay al lado del cementerio. Desde aquí tomamos el sendero hacia el Castell de Sant Miquel d’Escornalbou, siguiendo el Pequeño Recorrido PR-C 28, bien marcado con las clásicas franjas blanca y amarilla. El itinerario cruza la carretera en dirección al Coll del Collet Rodó, una intersección clave, ya que por aquí regresaremos más adelante. Entre este punto y el Coll de la Desenrocada aparecen unas formaciones rocosas singulares que pudieron servir de inspiración a Gaudí. Para identificar el famoso Drac del Park Güell, basta con mirar atrás, hacia el camino por el que hemos venido, cuando estemos el Coll de la Desenrocada. Si damos algunos pasos más, este mismo lugar nos descubrirá una montaña cónica coronada por una ermita. Es el templo dedicado a Santa Bàrbara, a cuyos pies se extiende el conjunto que compró y reformó Eduard Toda i Güell.

Formación que se asemeja al Drac de Gaudí.
Amigos de infancia
El camino de vuelta surge del Coll del Collet Rodó, así que deshacemos nuestros pasos. Estrecho y sombrío, el sendero desciende para el barranc de Buidagasses. La ruta concluye recuperando el desnivel perdido antes de cruzar, otra vez, la carretera T-322. Si bien el camino es poco evidente, pronto conecta con la senda que conocemos. El libro Antoni Gaudí, vida i obra, de Armand Puig, aborda los amigos de infancia del arquitecto, como Eduard Toda, dos años y medio más joven y con quien fue a la misma escuela de primaria y secundaria, y Josep Ribera i Sans: los tres que un día soñaron con la restauración del monasterio de Santa María de Poblet. La obra de Eufemià Fort, Eduard Toda, tal com l’he conegut, recoge que un artículo publicado por el egiptólogo apunta en 1936 que «des de l’escola del Mestre Francesc Berenguer, en una golfa del carrer Monterols [de Reus] on junts [amb Antoni Gaudí] aprenguérem les primeres lletres per allà l’any 1860». Quién sabe si Gaudí llegó a visitar a Toda en el castillo y se inspiró en estos paisajes. Por lo menos, en una carta escrita por el egiptólogo en 1911, se leía «molt, de veras, m’alegra la notícia de que’n Gaudí també vindrà».