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'Detrás del armario, el hacha', un volumen de cuentos notable de Torborg Nedreeas

Oculta en el paisaje la libertad de las naciones en guerra

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Torborg Nedreeas (1906-1987) es una intelectual noruega fascinante que trabajaba con el lenguaje como si este fuese una mano repleta de casquillos de balas. En la editorial Errata Naturae encuentran ustedes sus títulos anteriores, “Nada crece a la luz de la luna” o “Música de un pozo azul”. Estas dos novelas dialogan bien con el libro de ella que disfrutamos ahora, “Detrás del armario, el hacha”, pese a ser un volumen de cuentos. No obstante, durante la lectura me topo con ciertas distancias que elevan aún más su talento. Entre ellas que se decantase por utilizar elementos propios de la dramaturgia en sus diálogos (concentrados, muy gestuales, cuerpo a cuerpo) o que se decidiese por un compendio de narraciones breves para efectuar su debut literario. Quédense con esto, que alguien publique en primer lugar una reunión de ficciones es un acto de valor y el planteamiento de una mirada sobre el mundo.

En casi todos los relatos encontramos trazas de ira o frustración, cuando de lo que en realidad se quiere hablar es del dolor de un silencio o de lo sangrante de una ausencia que no se puede pasar, o no exactamente, como un duelo. Esto es para Nedreeas la guerra, un absurdo filosófico, un anti-devenir contemporáneo. Aquí el pueblo noruego ha sido invadido, como casi toda Europa durante la II Guerra Mundial, por oleadas de militares alemanes inmersos en una empresa que ellos encuentran tan real como la luz del sol. Ante esto, una premisa humanística a tantear, ¿un país será libre en tanto que sus paisajes lo sean? En estos textos, el narrador señala lo maniqueo del mundo y su dedo se detiene en los malos, procurando desde la ficción proteger la memoria y el recuerdo de los buenos.

  • Título: Detrás del armario, el hacha
  • Autora: Torborg Nedreeas
  • Editorial: Errata Naturae

Lo más sobresaliente de Nedreeas es, por un lado, la descripción del telón de fondo que contextualiza las pequeñas anécdotas y, por el otro, la violencia para devolverle un espejo hecho pedazos al invasor. De este modo, su escritura escapa de la oscuridad y se transforma en los múltiples estados del agua; una habilidad suya, tan inherente a su literatura, para rendirse ante un paisaje: “Se detiene, la oscuridad es absoluta. Sin una mirada siquiera, sabe dónde está. Aquí las simétricas casas rectangulares se erigen con libertad contra el viento, siente el peso de los contornos difusos contra las nubes, desnudas y también libres. Se desvía hacia un pequeño recinto, camina seguro como un sonámbulo entre las pequeñas cercas que están hechas como para tropezarse. Aquí. Aquí. Éste es el lugar”.

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