Fútbol
El Reus sale ileso del fortín de Olot
Los rojinegros arañan un empate ante un rival que no conoce la derrota en su estadio (0-0). En el segundo tiempo, el colegiado no ve penalti tras unas manos claras del local Martí Soler

Dani Homet pelea por un balón con un defensor rival.
No hubo goles en Olot, ni nada que se le parezca. El Reus visitaba un fortín inexpugnable hasta el momento, huérfano de derrotas, y a un rival que trabaja a lomos de su seguridad como local. En realidad, Reus y Olot no se concedieron nada, dibujaron una tarde plomiza, en un duelo muy de la categoría. Cuando llegaron los momentos de la verdad, decidieron guardar lo que tenían, el punto, que tampoco resulta poco premio si se analiza la igualdad que existe en el grupo.
Los rojinegros añadieron un cero más a su propia portería, el cuarto consecutivo, prueba irrefutable de su mejoría defensiva. Defendieron de forma extraordinaria el área, sobre todo los centros laterales, una de las armas del rival de ayer.
El Reus planteó un primer episodio de desgaste, priorizó estabilizar su estructura defensiva al riesgo, a nivel ofensivo no generó amenaza, aunque tampoco padeció en exceso, a pesar de la energía de un Olot más comprometido con el ataque. Marc Carrasco solo varió una pieza en el once, ingresó Xavi Jaime y esperó turno en el banco Fran Carbia. El dibujo, el mismo. Tres centrales y muchos peloteros en el centro del campo. Se defendió mucho con el balón en el equipo.
El Olot asumió el desafío de la presión, en fases buscó al Reus en salida del balón, pero la destreza de los rojinegros en ese registro les permitió protegerse de ese ímpetu gerundense. En todo caso, los locales disfrutaron de las mejores llegadas. Solo dos. Primero, a los 10 minutos, con un disparo lejano de Arumí que obligó a Pacheco a estirarse. Ya con el compromiso muy madurado, Maffeo, con mucho corazón y poca finura, provocó un revuelo dentro del área y el rechace le cayó a Albert López. Su tiro lo desvió Pacheco con las rodillas.
Curiosamente, los de Marc Carrasco hallaron un camino fructífero hacia el gol a través de una transición justo al borde del intermedio. Recibió Toscano que esperó lo justo para habilitar la llegada de Casals por la izquierda. El carrilero recortó hacia dentro para rematar con la diestra, pero se topó con una jauría de defensores rivales.
Un penalti claro
El arranque del desenlace evidenció que el fútbol de antes, sin la tecnología como juez, también provoca muchas veces polémica e indignación. En la Segunda Federación no existe el VAR ni nada semejante. De ser así, el Reus hubiera disfrutado de un penalti después de un remate de Recasens que dio en la mano del defensor Martí Soler. Las imágenes televisivas delatan la pena máxima. El colegiado, Lluís Balle, no lo vio.
A pesar de ello, los reusenses mejoraron sus prestaciones ofensivas, crecieron aunque no se les contó ninguna opción clara para perforar a Pol Ballesté, el arquero del Olot. Tampoco Pacheco sintió agobios en la otra orilla. Acercamientos, unos cuantos. Dos claros, el primero de Homet, que en el último instante sintió la fortaleza defensiva de Uri Ayala y ya en el ocaso de la tarde, centro tenso de Alberto Benito que no halló un rematador.
Marc Carrasco protegió del exceso de fatiga a Ramon Folch y de las tarjetas a Ricardo Vaz y Homet. Los cambios, tal y como siempre demanda el técnico, entraron conectados a lo que se les demandaba, sobre todo trabajo de intendencia, solidaridad colectiva. El juego estaba para eso. El dicho de los entendidos se hace claro en este tipo de contextos: «Si no puedes ganar, no pierdas». Lo cumplieron los futbolistas a rajatabla. El punto sabe a mucho porque la semana que viene hay que despedir el año en el Estadi. No es cualquier cosa.