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No es solo una cuestión de intensidad: el Nàstic y un problema que va mucho más allá de la actitud

Las cuatro derrotas consecutivas del Nàstic evidencian carencias estructurales en la plantilla y obligan a asumir que el objetivo del ascenso no estaba al alcance del equipo diseñado el pasado verano

Cristóbal Parralo en el banquillo del Nou Estadi Costa Daurada.

Cristóbal Parralo en el banquillo del Nou Estadi Costa Daurada.Marc Bosch

Juanfran Moreno

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Lo fácil en el mundo del fútbol es arropar los malos resultados bajo el paraguas de la falta de intensidad. No hay cantinela más utilizada por los aficionados —y en muchas ocasiones por nosotros mismos, los periodistas— que acusar rápidamente a un equipo de no correr cuando las cosas no marchan. Se ha convertido en una excusa idílica porque ofrece un diagnóstico sencillo. El típico «tómate un paracetamol», pero en versión futbolística.

Sinceramente, las últimas cuatro derrotas del Nàstic de Tarragona y el fracaso de temporada que se está completando hasta el momento no pueden explicarse solo desde la falta de intensidad. Es cierto que en algunos partidos ha faltado una pizca de energía, pero los tropiezos tarraconenses van mucho más allá y, por eso, el diagnóstico es mucho más complejo y peligroso.

Es una triste realidad afirmar que la plantilla del Nàstic está demostrando no estar a la altura del reto marcado por el club desde el pasado mercado de verano. La dirección deportiva liderada por Noé Calleja asumió la misión de completar una operación renove en un equipo que había vuelto a alcanzar una final de play-off por segundo año consecutivo. El listón estaba muy alto, pero, pese a ello, la ilusión era máxima por confeccionar un plantel con rostros capaces de hacer olvidar lo que otros habían dado, tanto a nivel futbolístico como identitario.

Unos meses después, se puede afirmar sin tapujos que a este plantel el reto del ascenso se le ha quedado gigante. No es una cuestión de voluntad, sino de varios aspectos que han lastrado a un equipo que debe asumir que salvar la categoría es, a estas alturas, el objetivo más realista.

En estos momentos, la plantilla se ve superada por el contexto. Las palabras de Camus, casi entre lágrimas tras el último partido, evidencian que el vestuario está muy tocado. Es difícil ofrecer la mejor versión cuando los resultados no acompañan, el objetivo se escapa y la confianza cae en picado. La cuestión es que, si no se gana, es porque falta talento en todas las líneas del campo para ser superior a los rivales.

Plantilla con defectos

Este Nàstic tiene buenos jugadores —no vamos a negar una evidencia—, pero arrastra defectos de plantilla que lo vuelven frágil. Es un equipo al que le falta un constructor que dé sentido a todo y, sobre todo, una zaga defensiva que transmita seguridad. En el fútbol se suele decir que lo más importante es tener un buen portero y un buen delantero —Rebollo y Baselga lo son—, pero hay figuras tan o más determinantes como un gran defensa o un mediocentro que juegue y haga jugar.

Por eso, basta ya de mirar lo que hacen rivales como Murcia, Eldense, Sabadell o Europa. Esa, ahora mismo, no es la liga del Nàstic, por mucho que duela. Es momento de observar con detenimiento lo que hacen los equipos de la zona baja de la clasificación. Es duro, pero es lo que hay. Todos, desde los aficionados hasta los futbolistas, deben entender que este equipo no está preparado para el reto que le dibujaron.

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