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Una victoria del Nàstic de Tarragona que alivia, pero no disipa todas las dudas

La victoria frente al Ibiza permitió vislumbrar mejorías en un Nàstic que, sin embargo, acabó pidiendo la hora tras completar una mala segunda mitad en el Nou Estadi

Parralo da instrucciones en la banda del Nou Estadi Costa Daurada.

Parralo da instrucciones en la banda del Nou Estadi Costa Daurada.Marc Bosch

Juanfran Moreno

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El Nàstic de Tarragona volvió a ganar y esa es, sin duda, la noticia más importante. Cuatro derrotas consecutivas habían sumido a los granas en un contexto de crisis absoluto, que se saldó con el cese del director deportivo, Noé Calleja, y puso en entredicho la figura del entrenador, Cristóbal Parralo. A los granas les tocaba reaccionar sí o sí, y así lo hicieron. No fue un partido de altos vuelos, pero sí suficiente para ganar. Volver a disfrutar de la victoria tras tantas semanas de frustración debe dar un giro radical al estado anímico de una plantilla que navegaba entre la incredulidad y la depresión. Después de la tormenta siempre llega la calma, y ojalá ahora se haya comenzado a caminar por un sendero de sosiego.

Es cierto que los tres puntos frente al Ibiza fueron muy sufridos, porque el equipo grana fue incapaz de dominar al rival durante los 90 minutos. Se comenzó fuerte, con un conjunto tarraconense que presionaba arriba a un equipo celeste que apenas podía tener la pelota. Parralo utilizó el bisturí para cambiar algunos aspectos de su Nàstic. Lo más destacado fue el papel de Óscar Sanz como tercer central en salida, dándole más solidez al equipo con y sin balón, y la figura de Jaume Jardí en banda derecha. Casualidad o no, el reusense regresó a su posición fetiche y lo hizo marcando. Fue un gol en el que fe y fortuna se unieron para darle al Nàstic una ventaja que resultaría definitiva.

Sin embargo, para conseguir la victoria se sufrió mucho, porque el conjunto grana completó una segunda mitad plagada de dudas. Hubo dos factores que decantaron la balanza para los de Parralo: Dani Rebollo y el larguero. El portero onubense coleccionó varias paradas de mérito, dejando claro que está siendo uno de los actores más regulares de la temporada. Es cierto que en algunos de los últimos goles encajados podría haber hecho algo más, pero su rendimiento en líneas generales no admite dudas.

Rebollo y la fortuna

A veces, para ganar, se necesita algo más que un portero inspirado. El fútbol se decide muchas veces por centímetros y por suerte, y esta fue la que evitó que la crisis del Nàstic se agravara. En la última jugada del partido, los celestes casi dejan a los granas tocados sobre la lona. Empatar aquel partido habría supuesto un mazazo anímico de consecuencias inimaginables. Bebé probó fortuna con uno de sus míticos disparos, y el silencio se apoderó del Nou Estadi hasta que la pelota se estrelló contra el larguero.

Cristóbal Parralo dejó claro en rueda de prensa que era una victoria muy importante en lo anímico, pero de la que también se podían extraer conclusiones negativas. La mala segunda mitad, en la que los tarraconenses perdieron la pelota porque el Ibiza les presionó mejor y el balón les quemó, fue el aspecto más preocupante. Sin embargo, era normal: la confianza era mínima y el miedo a no ganar se apoderó de todos.

El Nàstic volvió a ganar, dejó la portería a cero y vio cómo dos de los tres fichajes de este mercado de invierno, Hugo Pérez y Aitor Gelardo, fueron titulares y ofrecieron buenos minutos sobre el verde. Hay motivos para pensar que la crisis de las últimas semanas ha sido pasajera, pero sería temerario cantar victoria. El equipo todavía navega entre dudas.

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