El Real Madrid fue de negro... y el Barça le sacó los colores
Un conjunto azulgrana muy superior baila a un conjunto blanco que no hizo acto de presencia

Dembélé y Araujo celebran uno de los goles conseguidos en el Bernabéu.
Afirman que la forma de vestir dice mucho de una persona. En el Santiago Bernabéu hubo dos equipos que proyectaron su estado futbolístico con el color de sus zamarras. El Real Madrid jugó de negro porque su juego fue oscuro y se descompuso en una primera mitad en el que el FC Barcelona le sacó todos los colores que no llevaba en su camiseta.
El conjunto azulgrana jugó de amarillo, ese color que desprende alegría al igual que el juego culé desde la llegada de Xavi Hernández. El equipo es otro con el técnico egarense porque tiene una idea firme que ejecuta con confianza y en la que hay una serie de jugadores que han dado un claro paso adelante. Si el Barça se encuentra en forma y fondo no suele tener piedad. Volvió a ser así.
La teórica superioridad que planteaba Carlo Ancelotti con la entrada de Fede Valverde al once por Karim Benzema, lesionado, se quedó en nada. Ni la presencia de cuatro mediocentros le dio el control del balón al Real Madrid. El FC Barcelona hizo correr la pelota de manera vertiginosa sobre el feudo blanco. El conjunto no llegaba a las presiones y se desdibujaba de manera constante. Era un baile con balón en el que los merengues evidenciaban que su punto negro sigue siendo la presión en campo contrario. No tienen ni piernas ni cabeza para realizarla de manera constante. Esto ante un equipo como los azulgranas se paga caro. Y así fue.
La primera ocasión del partido fue para el Real Madrid en una transición ofensiva. Era lo único a lo que se iba a poder agarrar en el resto del encuentro. Vinicius se marchó de Araujo y cedió un pase atrás que Valverde remató con el interior y que encontró la respuesta de Ter Stegen. Aquello fue un susto sin consecuencias porque poco a poco el tiempo puso todo en su sitio.
El FC Barcelona se sentía cómodo. Conectaban y sorteaban líneas de presión. Dembelé y Ferran Torres eran un martirio para Nacho Fernández y Dani Carvajal. No había formas de frenarlos porque uno machacaba con el balón en sus pies y el otro con sus movimientos sin balón. Si el Barça adolecía de colmillo, Aubameyang le ha puesto una dentadura nueva. Muerde como nunca y lo volvió a demostrar. Dembelé bailaba a Nacho y metía un centro que el delantero gabonés no fallaba tras cabecear en boca de gol.
El 0-1 era un resultado justo e incluso corto porque los de Xavi Hernández ya habían avisado con tres ocasiones clarísimas protagonizadas por su tridente ofensivo. Solo Courtois permitía al Real Madrid yacer de pie. En ese fútbol de alto rimo que estaba asfixiando el partido llegó en una jugada que terminó de reventarlo. Vinicius se dejó caer en un mano con Ter Stegen y en la jugada que le precedió apareció de nuevo Dembelé para bailar a Nacho y provocar un córner. Otra vez de cabeza el Barça golpeaba. Era Araújo que volvía a exhibir poderío aéreo para superar a Alaba en el punto de penalti y posteriormente a Courtois que nada podía hacer ante el cabezazo inapelable del uruguayo. El 0-2 al descanso era un resultado corto por lo visto sobre el terreno de juego. Un baño táctico en toda regla que Carlo Ancelotti debía intentar arreglar como fuera en el entretiempo.
No solo no lo arregló, sino que empeoró todo. Planteó una defensa de tres más arropada en la improvisación que en la coherencia y terminó de romper al Real Madrid. Ferran Torres y Aubameyang marcaban el tercero y el cuarto para poner el 0-4 y plantar la bandera azulgrana en el Santiago Bernabéu. El resto del partido solo fue una constatación de la superioridad culé. Más que una goleada. El Barça ha vuelto.