Nàstic de Tarragona-Atlético Sanluqueño
La crónica del Nàstic de Tarragona-Atlético Sanluqueño (1-3): Un error detrás de otro
El conjunto grana pierde su primer partido del curso en un duelo donde los fallos marcaron el devenir del equipo: dos expulsados y los mejores minutos fueron con nueve. Cedric alimentó las ilusiones con el 1-2, pero el empuje del Nou Estadi no fue suficiente

Instante de la expulsión a Kaptoum.
Así es muy difícil. El fútbol suele premiar más el cometer pocos errores que estar muy inspirado arriba. Y el Nàstic ante el Sanluqueño ni una cosa ni la otra, pero porque lo primero condicionó lo segundo. El conjunto grana perpetró fallos que lastraron el despliegue ofensivo.
Todo comenzó por un pase poco tenso de César Morgado que terminó en el primer gol de Dani Satoca. Después, un desajuste en el carril izquierdo provocó el 0-2. Eso sumado a la expulsión por doble amarilla de Wilfrid Kaptoum y por roja directa a Morgado. Y eso que el partido había empezado bien.

La afición del Nàstic durante el partido.
El Nàstic quería hundir de salida. Monopolizó la posesión durante los primeros instantes de juego, intentando crear desde atrás y mordiendo tras pérdida. La idea estaba clara: marcar perfil desde el inicio para poner nervioso al cuadro de José Herrera. Se buscaba sorprender.
Y de sorpresas entiende Luis César Sampedro. El de Vilagarcía de Arousa volvió a dar que hablar con su once. Si la de la pasada cita fue la suplencia de Enric Pujol en beneficio de David Alba, este sábado fue Marc Montalvo el que se fue a la banca. También partió como suplente por primera vez Cedric Omoigui. En su lugar salieron Wilfrid Kaptoum, goleador contra el Algeciras, y Sergio Santos, que dejó buenas sensaciones en sus minutos en Sevilla.

La afición del Nàstic durante el partido.
Toni Fuidias, en el arco, mantuvo la confianza del gallego, que armó su línea de cinco atrás con Pau Martínez en el carril izquierdo y Sergio Santos en el derecho, escoltados por Sergio Camus, David Alba y César Morgado en la línea de tres. Wilfrid Kaptoum y Óscar Sanz fijaron el doble pivote, con Jaume Jardí partiendo del carril izquierdo y Juanda Fuentes del derecho, y Álex Jiménez en la punta de ataque.
El murciano tenía la responsabilidad de ser la punta de lanza. El final del mordisco. El primero en presionar. Y fue uno de los protagonistas de la primera acción de peligro: una enérgica internada de Juanda Fuentes por la banda izquierda y un pase atrás que le llegó. No acertó el ‘11’, que no pudo conectar con el balón.

La afición del Nàstic durante el partido.
El equipo salió bien. A ser protagonista. A presionar. Pero se vio lastrado por un error garrafal a los nueve minutos de partido. Camus entregaba un balón al perfil derecho de Morgado, que retrasaba aún más con la diestra hacia Fuidias, pero con un pase poco tenso y débil que cazó Agustín Juárez. El meta de Berga la paró, pero el rechace le cayó a Dani Satoca, que marcó a puerta vacía.
De nuevo el Nàstic condenado por errores evitables. Otra vez una película, la de un bloque defensivo falto de seguridad, ya vista en el Nou Estadi, pero con otros protagonistas. Y eso pareció repercutir en el resto del equipo, cuyas ideas se nublaron. Entró el nerviosismo. Las dudas.

La afición del Nàstic durante el partido.
Y la fragilidad defensiva volvió a quedar reflejada veinte minutos después del primer gol. Ntji Tounkara, desde la medular, encontró a Raúl Sola entrando como puñal por la banda derecha. A la espalda de Camus y de Pau. El lateral rival se sirvió de su zancada para plantarse ante Fuidias y clavarle el segundo al Nàstic con un trallazo. Lluvia fría en el Nou Estadi.
Y no solo no llegó la reacción, sino que el duelo añadió obstáculos para un equipo que no se encontraba. No dejaba de intentarlo, pero sin precisión. El choque adquirió un tono aún más oscuro cuando Armando Ramo Andrés le sacó la segunda amarilla a Wilfrid Kaptoum en el 40’ por, a su juicio, simular un penalti por agarrón. Luis César pidió su primer challenge para que el colegiado lo revisara en el monitor, pero el trencilla mantuvo su decisión. 0-2 abajo y con uno menos.

Luis César, durante una revisión.
La segunda mitad comenzaba con Marc Montalvo y Cedric Omoigui ingresando en el terreno de juego por Enric Pujol y Pau Martínez. Óscar Sanz, por enésima vez, iba al centro de la defensa.
El centro literalmente, porque diez minutos después solo quedaría él como central. Ramo Andrés volvió a echarse mano al bolsillo para mostrar la roja directa a César Morgado, que entró a Agustín Juárez cuando el delantero ya encaraba la portería de Fuidias. Entraba Mangel Prendes por Juanda y la línea de centrales la formaban dos centrocampistas.
Pero el Nàstic demostró que no se rinde y la entrada de Christos Almpanis le dio otro aire al equipo. El griego ingresó en el 67’ y uno de los primeros balones que tocó le sirvió para realizar una gran acción individual que terminó con un pase a Cedric. El ‘9’ forcejeó dentro del área y, a la media vuelta, lanzó un disparo con la zurda que le sirvió para recortar distancias. El Nou Estadi creía.

El colegiado Ramo Andrés, durante una revisión.
Y el Nàstic empezaba a jugar mejor. De hecho, los minutos de más luz del equipo fueron con nueve jugadores sobre el verde. Luis César echó el resto. Entró David Cabezas por Jardí y el cuadro grana se abonaba a la épica para rascar un empate que en el descanso parecía una quimera.
Hubo opciones, pero Rodri Val las despejó en el 97’ con el 1-3. Los errores lastraron a un cuadro grana que compareció al duelo con ganas y cuyos primeros minutos animaron a pensar en el 7 de 9, pero la realidad es que la Primera RFEF es una categoría donde los fallos se pagan muy caros. Y al Nàstic le tocó pagar.