Modo plurinacional

21 agosto 2023 18:05 | Actualizado a 22 agosto 2023 05:00
Alberto Surio
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La política es el arte de lo que no se ve». La frase corresponde a Iván Redondo, exdirector de gabinete de Pedro Sánchez, y refleja el estado incandescente de la política española y la encrucijada del momento. O pacto ‘plurinacional’ con Sánchez o nuevas elecciones una vez que Feijóo, con o sin el apoyo de Vox, no llega a la mayoría absoluta de 176 votos. El empeño del aspirante del PP en presentarse a la investidura sin respaldos reales para lograrla solo obedece a una razón táctica: evitar que estalle una larvada crisis interna, mantener la tensión electoral con el PSOE y no desmovilizar a los suyos con el argumento de que es el ganador. El peligro es que lance subliminalmente la idea de que Sánchez es el ‘intruso’ que le quiere birlar la Moncloa. Una premisa que obvia que vivimos en una democracia parlamentaria. Gobierna quien más apoyos tenga en el Congreso.

O pacto ‘plurinacional’ con Sánchez o nuevas elecciones una vez que Feijóo no llega a la mayoría absoluta de 176 votos

Todos los protagonistas de esta serie saben que en esta coyuntura de cambio se van cociendo a fuego lento las condiciones para esta investidura, con el concurso del bloque plurinacional. Va a intentar una legislatura corta con un relato hiperventilado. Un ‘remake’ de la versión original de Frankenstein que augura una gran pirotecnia de la catástrofe y que Sánchez ha sabido amortiguar hasta ahora con habilidad. El PSOE ahora trata de hacer de la necesidad, extrema, virtud.

La operación es de alto riesgo pero ninguna empresa de Sánchez ha sido fácil, ni cuando ganó por dos veces las primarias, ni cuando ha derrotado a los pronósticos y las encuestas, ni cuando ahora concede a Carles Puigdemont la legitimidad de salir del ostracismo. Al colocar a Junts en el centro de la jugada, Sánchez debilita las opciones de Esquerra, EH Bildu, PNV y BNG, pero no las anula. Son socios necesarios a los que no debería despreciar. Con Esquerra el enredo se complica más por su rivalidad con Puigdemont, que es un factor que puede meter presión negociadora porque el señuelo del catalanista ‘botifler’ está arraigado en la base social soberanista.

El acuerdo sitúa a Junts en la senda del posibilismo y rompe esquemas frente a la imagen rupturista de Puigdemont. El PSOE empieza a modular su rechazo al debate sobre la amnistía, pese a ser una fórmula con un complejo encaje legal que terminaría en el Constitucional. El problema es que ni Junts ni ERC se van a conformar ya con la amnistía. «Hay que hablar sobre el derecho de autodeterminación», opina Francesc Marc Álvaro, diputado de Esquerra.

La cuestión más espinosa es hasta qué punto el PSOE está en condiciones de afrontar este debate del modelo de Estado

La cuestión más espinosa es hasta qué punto el PSOE está en condiciones de afrontar con ‘hechos comprobables’ este debate del modelo de Estado. Una cosa es abrir el melón –una recurrente demanda nacionalista– y otra es culminar con éxito la operación y no desangrarse en el intento. No hay garantías, pero se sabe que la determinación es la virtud de Sánchez. Cualquier mutación del Título Octavo de la Constitución exige un acuerdo con el PP que se antoja hoy inviable. Además, el ultranacionalismo español de Vox, que va a hacer de la cuestión lingüística y del acuerdo de investidura con los catalanes banderas de agitación y movilización, excita a una parte del electorado de la derecha tradicional y condiciona al PP. El PSOE no tiene margen para entrar en la discusión sobre el referéndum de la autodeterminación porque si lo hace se puede romper internamente. Otra cosa es la apertura de un debate de la reforma del modelo de Estado. Es la apuesta del PNV por encauzar el asunto «para una o dos generaciones», y proporcionar estabilidad. Una fórmula de equilibrio bien vista en Bruselas, una aproximación de mínimos con el soberanismo catalán hasta ahora situado en el imaginario del abrupto desafío hacia el Estado y que volvería a estar tentado por una oferta de pacto sobre la España plurinacional que difícilmente volverá a repetirse. Este es el terreno de juego. Muy difícil, pero viable. Fuera de él solo queda la repetición electoral. ¿A quién le interesa de verdad? A la izquierda y al nacionalismo desde luego no.

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