«El Vaticano me agradeció una obra que hice al Santo Padre»

A sus 78 años, Enric Peris, abogado de profesión, natural de Cabacés y reusense de adopción ya ha firmado 336 piezas musicales

| Actualizado a 19 octubre 2022 07:00
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«Tengo 78 años, no he sido nunca profesional de la música, pero siempre me he dedicado a ello», afirma el compositor Josep Enric Peris, natural de Cabacés y reusense de adopción.

Autor hasta la fecha de 336 piezas musicales –principalmente sardanas, habaneras, nanas, obras sinfónicas y sacras–, proviene de una familia de «músicos de pueblo», tal como él mismo les describe, y siempre se había interesado por la disciplina hasta que empezó a aprender los conceptos básicos en el seminario de Tortosa. Desde entonces, lo más importante es que no lo ha dejado nunca.

A los 14 años ya tocaba la harmónica en la parroquia del pueblo y con 25 estrenó su primera obra en Falset, un canto al Santo Gregorio. Con el tiempo, fue director de la Coral de Falset, Porrera, L’Espiga, Les Corts de Barcelona y ahora coordina la orquesta de Els Amics de la Catedral de Tarragona, donde también ha estrenado partituras para órgano y orquesta sinfónica. Sin embargo, Peris señala que a lo largo de su extensa trayectoria «se ha dedicado más a la composición, la dirección de coral y de orquesta, porque en cuenta a instrumentación solo rasca el piano, toca el violín en la catedral y tiene un clarinete».

Estudiar todos los instrumentos

«He tenido que estudiar todos los instrumentos, pero cuando me presento ante una orquesta todos saben tocar mejor que yo», añade. Eso sí, para escribir tantas piezas distintas ha aprendido –y, de hecho, domina considerablemente– el griego, el latín y el alemán, además de componer, por supuesto, también en catalán y castellano.

Con todo este currículum, el banquero de profesión recuerda, anecdóticamente, que ha hecho de todo musicalmente hablando: «he cantado en corales, en escolanía, he cantado de triple y cuando cambié la voz de tenor, he tocado el piano, he dirigido coros y orquestas sinfónicas, y he hecho de girador de hoja e incluso de atril».

Hasta hoy, su logro más importante ha sido entrar en la basílica de Calatayud y escuchar su música, cantada por cuatro primeras espadas mundiales y con todas las autoridades presentes. «Hace unos años no me lo podía ni imaginar», expresa emocionado.

Para el compositor supone un gran honor que la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén contase con él, así como el reconocimiento que le hizo llegar desde el Vaticano el Nuncio Apostólico a través de un comunicado en el que le agradecía el Te Deum que había compuesto para el Santo Padre. También, tiene preparado un encargo, esta vez en italiano, para Víctor Manuel de Saboya, príncipe de Nápoles, que estrenará próximamente.

Entre sus partituras destaca, como una de las más emocionantes, un diálogo imaginario entre el Cardenal Vidal i Barraquer y el Mosén Muntanyola para tres solistas, orquesta y coro. Es más, «la obra ha sido interpretada varias veces en Reus, Salou, Tarragona, Cambrils y Valls», como enumera satisfecho el músico cabacerol.

En contraposición, se queja del poco valor que las diferentes agrupaciones locales y la Banda Simfònica de Reus han otorgado a sus obras, especialmente, porque de 45 sardanas se han estrenado menos de la mitad, muchas de las cuales se han tocado en tan solo una ocasión.

Asimismo, le gustaría que prestasen más atención a sus habaneras porque hablan del territorio, pues reivindica que «está muy bien que hablen de Girona, pero entre Torredembarra y Alcanar también tenemos mar».

Josep Enric Peris apunta entre risas que es un «farolero, que solo hace propaganda de sí mismo», pero no tiene mayores aspiraciones que seguir componiendo. Con varios proyectos en mente, «su ilusión es dirigir algún día una pieza propia en la catedral o que se pueda estrenar en el Teatre Fortuny», cuenta, sin ningún tipo de «espinita clavada».

De hecho, agradece las curas de humildad y rechaza que le traten de maestro porque él «ya solo disfruta de lo que le está pasando, aunque le falta lo más importante que es su esposa, es un hombre feliz». «Mi mundo es este: cuando me siento en el piano a tocar», concluye.

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