Opinión

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La penúltima barrabasada (siempre habrá otra y otra y otra) de Donald Trump (sin contar ni Venezuela ni Groenlandia ni sus cambios de humor) es intentar alterar la historia. Ahora resulta que el asalto al Capitolio fue una «marcha pacífica» manipulada por los malos malísimos demócratas. Vamos, que a los salvajes que entraron violentamente en el Congreso de EEUU solo les faltó poner claveles en las bocas de los fusiles de los pocos policías que defendían el edificio, colocarse florecitas en el pelo y entonar la canción de Gisela ‘Paz y Amor’.

Dice una web de la Casa Blanca: «Los demócratas revirtieron magistralmente la realidad después del 6 de enero, tildando a los manifestantes patrióticos pacíficos de ‘insurrectos’ y enmarcando el evento como un intento de golpe de Estado violento orquestado por Trump, a pesar de que no había evidencia de rebelión armada o intención de derrocar al Gobierno». Más mentiras no caben en tan poco espacio. Manipulación trumpista-voxiana-pepera: la violencia contra políticos de izquierdas elegidos democráticamente es patriotismo. Ir a las urnas de un modo pacífico, aunque ilegal, es traición a la Una, Grande y Libre y merece una lluvia de palos.

Intentar cambiar el pasado está de moda. El amiguísimo, examigo y luego amiguete de Trump, Elon Musk, hizo un saludo nazi, por ejemplo. Y aquí en Catalunya y España, los chicos y chicas de Santi Abascal se han empeñado en blanquear la dictadura de Franco y cuestionar la legitimidad de la II República. Todo esto aderazado con la ignorancia de muchos jóvenes de quién fue el dictador que sojuzgó a miles de españoles y españolas durante cuatro décadas. El objetivo es borrar la Memoria Histórica porque hacer memoria no le interesa al Dúo del Terror. Ojalá se potenciara más el estudio de la historia reciente. No podemos olvidar la verdad.

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