Seguridad
Los guardianes que 'vigilan' el cielo de Reus desde el aire
Doce aves rapaces, entre halcones y águilas, forman parte del servicio de control de fauna del Aeropuerto, operativo desde 2004 y orientado a evitar la presencia de animales en las pistas mediante una estrategia basada en la prevención

Copérnico posa para el 'Diari', listo para echar a volar.
La capucha se retira con delicadeza y, en un gesto casi imperceptible, todo se transforma. Calima, una hembra de halcón, pasa de la inmovilidad absoluta a la tensión contenida del vuelo inminente. Hasta hace un instante, con los ojos cubiertos y el cuerpo recogido, permanecía ajena al zumbido de los motores.
Ahora, en el preciso momento en que la luz invade su mirada, reconoce que ha llegado la hora de trabajar. No hay órdenes explícitas, solo una secuencia exacta, casi coreográfica, entre el técnico y el ave. El brazo se extiende, el cuerpo se impulsa y Calima se eleva con una fuerza seca y limpia, desgarrando el aire de la mañana.
A pocos metros, una gaviota ejerce de vigilante. Grita. Da el aviso. La alerta se propaga con rapidez entre el grupo: el depredador está presente. En cuestión de segundos, lo que hasta entonces era una actividad dispersa de aves en el entorno del campo de vuelo comienza a diluirse. El cielo queda liberado.

Copérnico vuela bajo la supervisión de uno de los técnicos del servicio.
Este vuelo puede prolongarse durante unos pocos minutos o extenderse a lo largo de horas. Puede ser breve y contundente, casi agresivo en su efecto disuasorio, o bien sostenido y persistente, con el halcón suspendido en corrientes térmicas, delimitando territorio a lo largo de varios kilómetros. Todo depende del contexto. Porque lo que se repite a diario en el Aeropuerto de Reus es un sistema profesionalizado de gestión del riesgo asociado a la fauna.
Con trayectoria
Jonathan Maldonado, de la empresa Fauna y Halconeros —que es la que desarrolla el servicio—, es su responsable y explica que todo empezó en 2004. Se trata de un dispositivo plenamente consolidado e integrado en la operativa cotidiana del Aeropuerto: «Es una contratación de un servicio que se realiza a lo largo de la historia. A veces se ha hecho de forma centralizada para todos los aeropuertos de un mismo grupo, y otras veces por cada aeropuerto», exponen fuentes de Aena, licitadora del servicio.
Jonathan Maldonado: «El servicio engloba muchos otros métodos»
En Reus, el equipo está integrado por siete técnicos en control de fauna. Algunos cuentan con formaciones específicas —trampeo, cuestiones ambientales…—, pero comparten una base común: conocimiento del comportamiento animal, capacidad analítica y coordinación con los distintos agentes de la actividad aeroportuaria.
Mucho más que halcones
En cuanto al control de fauna, la imagen del halcón es poderosa, pero parcial: «El servicio se basa principalmente en el uso de aves rapaces mediante el método de la cetrería, pero engloba muchos otros métodos de apoyo», explica Maldonado, como capturas en vivo e incruentas, pirotecnia disuasoria, sistemas de ultrasonidos y perros adiestrados activados según las circunstancias.
Todo ello se inscribe en un marco más amplio: del mismo modo que existen sistemas de gestión de calidad o de seguridad operacional, los aeropuertos disponen de programas para identificar focos de atracción de aves, analizar especies, hábitos y flujos, y aplicar medidas.

Copérnico y Calima, preparados para iniciar su vuelo.
«No se trata de convivir con la fauna, porque la fauna estaba antes que los aeropuertos», remarca Maldonado. «Se trata de evitar un riesgo». Y es que, además de los vuelos programados, el servicio responde a incidencias imprevistas: «Si un piloto o la torre de control detecta presencia de fauna, nos avisan y actuamos fuera de la programación», explica.
La filosofía es inequívoca: priorizar la prevención. «Preferimos las medidas mitigadoras», resumen desde Aena. Sobre todo porque el marcaje constante hace que las aves interioricen que ese espacio no es seguro: «Cuanto mejor sea la prevención, menos actuaciones correctivas se necesitan», analizan.
Aena: «Cuanto mejor sea la prevención, menos actuaciones correctivas se necesitan»
El ecosistema en Reus
El entorno del Aeropuerto alberga fauna mediterránea característica: «Principalmente aves, pero también algunos mamíferos», explica Maldonado. Gaviotas patiamarillas, palomas —tanto urbanas como silvestres—, tórtolas, estorninos, golondrinas, vencejos y diversas especies de rapaces conforman el paisaje.
Algunas de estas especies presentan concentraciones significativas: «En el caso de la gaviota patiamarilla, hablamos de grandes poblaciones que llegan a superar lo que sería la normalidad», admite. El servicio trabaja para mantener estas presencias dentro de márgenes compatibles con la actividad aérea.
Doce aves operativas
En Reus hay doce aves de cetrería permanentemente operativas: halcones y una especie de águila de tamaño medio, el águila de Harris. «Los halcones tienen el papel principal dentro de un aeropuerto por su tipo de vuelo, porque abarcan más territorio y alcanzan mayor altura», explica el responsable del servicio. Las Harris, en cambio, son especialmente eficaces para el control de mamíferos y para vuelos más cortos y tácticos, como en el caso de córvidos como la urraca.

Copérnico, en pleno vuelo.
Todas las aves proceden de cría en cautividad: «Tenemos un criadero propio y también trabajamos con otros de confianza para seleccionar los distintos ejemplares», detalla Maldonado. La selección no es aleatoria: responde a necesidades concretas del servicio. «Por ejemplo, puede que necesitemos incorporar un macho de halcón peregrino, más pequeño y ágil, para trabajar con aves pequeñas como estorninos o vencejos».
La longevidad de estas aves, además, es notable: pueden vivir entre 20 y 25 años, y en algunos casos hasta 30. Y mantienen la capacidad de vuelo casi intacta hasta el final de su vida: «No se les nota un deterioro que les impida volar», asegura Maldonado.
Jonathan Maldonado: «No se trata solo de convivir con la fauna porque la fauna ya estaba, sino de evitar riesgos»
Aprender a volar… y a volver
Con solo tres meses, un halcón ya puede iniciar la educación básica: «Es el tiempo mínimo para tener un control de campo», explica. Sin embargo, alcanzar vuelos complejos —como el vuelo de altanería (a gran altura) suspendido en corrientes térmicas durante horas— puede requerir hasta un año de entrenamiento.
La duración de los vuelos es muy variable: «Podemos tener vuelos muy intensos, de dos minutos, que resuelven una presencia numerosa de aves, o vuelos que superan las dos horas», indica Maldonado. Todo depende de si es necesaria una dispersión inmediata o una presencia continuada, como en periodos de migración.
No todas las aves vuelan a diario: «Hacemos programas semanales de trabajo», explica el responsable del servicio. El descanso es una parte más que esencial tanto para la estrategia operativa como para el bienestar animal. El adiestramiento se basa en el refuerzo positivo y, en determinadas ocasiones, la recompensa implica la necesidad de descanso al día siguiente.

La aplicación que permite rastrear el vuelo.
También se prevé una parada anual durante la muda, a partir de marzo o a finales del verano, que puede prolongarse hasta dos meses, ya que no se desprenden de todas las plumas al mismo tiempo: «La naturaleza no quiere que el animal se vea incapaz de volar», radiografía Maldonado. «Es necesario para el bienestar animal y para que el cambio de pluma sea rápido y completo», explica. En ningún caso, sin embargo, se compromete la disponibilidad operativa del servicio.
Y la naturaleza es tan sabia que la época de muda coincide con la de cría. ¿Por qué? Porque, de este modo, cuando nacen los ejemplares jóvenes pueden llegar a capturar a los adultos precisamente porque estos ven reducida su capacidad de vuelo, explica Maldonado como ejemplo del ‘diseño’ de la biología.
Aena: «Siempre se prefieren las medidas mitigadoras»
Otra curiosidad: los orificios de su pico. ¿Saben para qué sirven? Para respirar incluso cuando vuelan a más de 350 km/h. Sin ellos, el aire se bloquearía y no podrían obtener suficiente oxígeno. Esta adaptación natural les ayuda a cazar a gran velocidad y también ha inspirado diseños humanos, como motores de avión más eficientes.
El uso de la tecnología
Cada halcón lleva un dispositivo GPS ligero, fijado con un arnés diseñado específicamente para no interferir en el vuelo: «Nos da toda la información que necesitamos», dice Jonathan: altura máxima, velocidad de picado, potencia de ascenso y distancia recorrida. También es una herramienta clave en caso de pérdida. «Nos permite saber dónde está el ave y recuperarla».
Estos datos sirven igualmente para analizar el funcionamiento del servicio, detectar zonas con mayor presión de fauna y ajustar las diferentes estrategias de actuación.

El lugar donde descansan las rapaces.
Una tarea discreta
A pesar de los años de trayectoria, el servicio sigue siendo desconocido para una parte de la ciudadanía: «Todavía hay gente que no sabe que este servicio existe», admite Maldonado. Sin embargo, su visibilidad ha crecido en los últimos tiempos y ha permitido la expansión del método a otros espacios.
Como es habitual en el ámbito de la administración pública, los contratos como este se someten a licitaciones: «En estos momentos, la duración es de un año y seis meses, y después hay que volver a licitar», concretan fuentes de Aena. La empresa adjudicataria actual —arraigada en el territorio— ya había asumido el servicio en etapas anteriores.
Jonathan Maldonado: «Puede haber vuelos de dos minutos o de dos horas»
Cuando Calima concluye el vuelo, regresa con precisión al puño del técnico. Trabajo hecho. Recibe la recompensa: pollo. Un desayuno después de haber limpiado el cielo, que vuelve a ser un espacio compartido, pero seguro. Y casi nadie lo percibe. Quizá esa sea la mejor prueba de que el sistema funciona.