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El hombre más mayor de Catalunya cumple 110 años: “De joven jugaba al fútbol en medio de la Gran Vía"

Joan Escudé todavía cocina en su casa, va a buscar setas y recuerda los años como soldado republicano en la Guerra Civil

El hombre más viejo de Catalunya, Joan Escudé, el día antes de cumplir 110 años

El hombre más viejo de Catalunya, Joan Escudé, el día antes de cumplir 110 añosACN

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El 6 de enero de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, con participantes como el Imperio austrohúngaro o el ruso con el último zar al frente, nació en Capellades el actual hombre más viejo de Catalunya, Joan Escudé. Este martes cumple 110 años y llega a esa edad con una lucidez y una memoria que le permiten recordar cuando en la Barcelona de finales de los años 20 “jugaba al fútbol en medio de la Gran Vía”, por donde “pasaba un coche cada 15 o 20 minutos”. También es capaz de rememorar con exactitud los años como soldado republicano en la Guerra Civil. En una entrevista con la ACN, desde su domicilio, donde vive con uno de sus dos hijos, explica que todavía puede ir a buscar setas, hacerse la cama y prepararse la comida. “Procuro dar las menores molestias posibles”, explica.

Escudé se encuentra entre las veinte personas más longevas del Estado —por detrás de la catalana de más edad, Carme Noguera, de 111 años, entre otros— y entre los cinco hombres de mayor edad de España. Además, está a solo tres años del actual hombre más viejo del mundo y a seis del que más ha vivido de la historia, según la asociación Gerontology Research Group (GRG), que verifica fechas de nacimiento y defunción y nutre la lista de los récords Guinness en este ámbito.

El hombre nacido en Capellades (Anoia) en 1916 celebrará su aniversario rodeado de su familia —tiene dos hijos y dos nietos— desplazándose de Barcelona hasta un restaurante en Riells, en el Montseny, como hace desde hace dos décadas. Tal como explica a la ACN, “en absoluto” esperaba llegar a los 110 años, ya que no hay precedentes de familiares centenarios.

De hecho, su madre murió a los 68 años y su padre a los 33, cuando él tenía 10 meses. El suceso supuso un golpe para las finanzas familiares, ya que su padre tenía un taller de fontanería en la localidad de Anoia que dejó de ser la fuente de ingresos al fallecer. Con su madre y su hermano vivieron en casa de la abuela, y admite que lo hicieron con muy pocos recursos, comiendo gachas y con ropa prestada. “Estrenar unas alpargatas era muy difícil”, explica, hasta que sus vidas cambiaron en 1927, cuando se mudaron a Barcelona. Gracias a un familiar, la madre de Escudé encontró trabajo como portera en la capital y su hijo pudo ir a la escuela y no pasar tantas dificultades.

Del uso de cubiertos de madera a los de hierro, y la Segunda República

De su infancia y juventud, entre los recuerdos más antiguos que conserva se encuentra un episodio vivido entre 1923 y 1924 en Capellades: “el día que en casa cambiaron los cubiertos de madera por los de hierro”, incluidas horquillas y cucharas. También rememora “cuando pusieron agua en las casas” del pueblo y ya no fue necesario ir a buscarla a la fuente, o “cuando llegó la luz” al municipio. De la llegada a Barcelona, es capaz de recordar cuando prácticamente no circulaban vehículos por la Gran Vía y jóvenes como él podían jugar en una de las arterias hoy más importantes de la ciudad. Pasaba un vehículo cada cuarto de hora o veinte minutos, algo que contrasta con el volumen actual, que ronda los 2.000 por hora, según datos del Ayuntamiento de 2024.

También relata cómo fue testigo de las obras de construcción del Palau Nacional de Montjuïc, hoy sede del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), que tuvo como función original ser la sede principal de la Exposición Internacional de 1929. “Nos metíamos en el Palau Nacional jugando porque estaba en construcción”, dice, añadiendo que “había barrancos en Montjuïc que rellenaron con escombros” durante las obras. “Todo era a base de carros y caballos”, remacha, recordando la cantidad de campos y huertos entre el centro de Barcelona y Montjuïc.

El 14 de abril de 1931, cuando tenía 15 años, se proclamó la Segunda República y “hubo mucha alegría”, asegura, ya que “no hubo ni un solo disparo y la gente se veía satisfecha”. En una entrevista con Catalan News en 2021, con motivo del 90.º aniversario de la efeméride, añadía que “el hecho de que hubiera cierta libertad fue un alivio” y que al día siguiente de la llegada del nuevo régimen asistió a una manifestación para la liberación de presos políticos en la prisión Modelo.

Escudé trabajaba entonces en una empresa que hacía figuras de santos de yeso, y de hecho se quedó sin empleo porque cerró a causa del “anticlericalismo” de la sociedad del momento. El joven acabó en una empresa reparando plumas estilográficas de la marca Parker, algo que se vio truncado en 1936, con el estallido de la Guerra Civil. “Al principio no era consciente de que iba en serio”, recuerda de la insurrección militar de julio de aquel año. Los hechos acabaron en un conflicto bélico en el que Escudé se involucró voluntariamente.

El Regimiento Pirenaico: Bielsa, Jaca y el Ebro

Tras el estallido de la guerra, la Generalitat de Catalunya puso en marcha la primera unidad militar propia desde 1714, el Regimiento Pirenaico. Escudé se alistó, ya que siempre le había “gustado mucho la montaña y el batallón estaba preparado para ir al Pirineo”. El 1 de marzo de 1937 salieron de Barcelona hacia Broto (Huesca) y, tras unos meses “haciendo instrucción y alguna tontería”, explica, les dieron armas y los situaron en el frente del Pirineo aragonés, en batallas como la de Belchite. “Iba de trinchera en trinchera, pasando algunos ataques y contraataques salvando la piel”, hasta que el frente aragonés cayó en la primavera de 1938 y su división quedó cercada por los franquistas en lo que se conoce como la bolsa de Bielsa.

“Nos quedamos encerrados allí y fuimos resistiendo todo lo que pudimos, porque no teníamos ni cañones, solo granadas de mano y fusilería”, recuerda, “pero el terreno nos favorecía y aguantamos desde marzo hasta junio”. Al final, los franquistas se hicieron con el territorio, pero los combatientes republicanos, como Joan Escudé, pudieron huir a Francia, algo que se interpretó como un éxito. Al otro lado de la frontera, “nos preguntaron, uno por uno, si queríamos ir con Franco o con Negrín (presidente del gobierno republicano)”.

Más del 90% de los soldados, como él, decidieron mantenerse en el bando republicano, los llevaron en tren a Portbou y, desde allí, a la batalla del Ebro, donde Escudé estuvo en el servicio de información y realizó tareas de observación, suministro de alimentos y ayudante de cocina, por lo que no estuvo en primera línea de frente. Tras la derrota republicana, formó parte de la retirada, que lo llevó a Saint-Cyprien, en la Catalunya Norte, entre febrero y junio de 1939, donde los franceses “hacían mucha propaganda” para que se alistaran en su ejército. Él, sin embargo, lo rechazó, interpretando que Francia “no dejaba pasar” mucho material de guerra por la frontera, evitando así armar a los republicanos.

Dificultades laborales en la posguerra por su pasado republicano

De regreso a Catalunya, Escudé explica las dificultades que tuvo para encontrar trabajo, ya que la empresa que reparaba plumas Parker no quiso readmitirlo, porque “eran unos fascistas italianos” y rechazaban sus antecedentes como combatiente republicano. A través de un familiar acabó como comercial en un taller de manipulados de papel y, con los nuevos ingresos, pudo casarse y en los años 50 tuvo a sus dos hijos. “Ya pude venir aquí a casa (su actual domicilio en Barcelona, que acabó comprando) y pude hacerme socio del Barça”, explica, añadiendo que incluso pudo montar su propio taller de manipulados de papel. Gracias a los años de trabajo, cuando se jubiló tuvo pensión y, también a causa de alguna herencia familiar, pudo alcanzar una estabilidad financiera de la que careció en su juventud.

En la actualidad, el veterano catalán de la Guerra Civil de mayor edad, ya viudo, todavía se desplaza cada jueves al Montseny para comer con su familia y va a buscar setas al mismo macizo cuando es temporada, aunque admite que ya no puede agacharse para recogerlas debido a su movilidad reducida. En casa aún se prepara el desayuno y la comida y, para ilustrarlo, explica que esta semana se ha hecho champiñones fritos y un salteado de trozos de pollo con patatas y alcachofas. Entre sus platos también se encuentran los langostinos, la pasta o la fideuá: “La única preocupación que tengo es que la nevera esté llena”.

La situación de Venezuela, la lengua catalana y los jóvenes

Además, en su casa descansa y duerme a menudo, pero se mantiene activo haciendo crucigramas cada día y está informado de la actualidad, leyendo el diario a diario. De hecho, durante la conversación con la ACN comenta la situación de Venezuela, preguntándose si la libertad que pregonan los Estados Unidos es la captura de Nicolás Maduro. “Para mí, estos americanos son unos vulgares gánsteres, porque hablan de libertad y lo que quieren es solo poder, poder y poder”, enfatiza, recordando que han apartado a Maduro, pero “han puesto sanguinarios” en América Latina durante todo el siglo XX y no derrocaron a Francisco Franco, de quien lamenta que no muriera hasta 1975 y que lo hiciera “con todos los honores”. También comenta que las intenciones de Donald Trump son “controlar el mercado del sur (del continente americano) porque gran parte de África y Asia ya está en manos de los chinos”.

Por otro lado, Escudé también comenta la situación de la lengua catalana. “En aquella época se hablaba más catalán”, dice refiriéndose a hace un siglo. “Por la exposición internacional vinieron muchos murcianos, pero aún se hablaba mucho catalán, y también antes de la guerra”, recuerda, añadiendo que actualmente en su barrio de Barcelona, junto a la Sagrada Familia, prácticamente no lo oye.

En cuanto a las nuevas generaciones y la actual tendencia juvenil hacia la extrema derecha, opina que “han sufrido poco” y que tienen una “ambición” mayor que antes. “Había muchísima gente que estaba en condiciones de tener coche y no lo tenía, y ahora hay mucha gente que no está en condiciones de tenerlo y lo tiene”, explica, apuntando que además algunos jóvenes “pasan de la política” y “escuchan a algunos derechistas que les dicen que ganarán (dinero) sin trabajar”.

En cualquier caso, en la víspera de su 110.º aniversario, se reafirma en que no creía que llegaría a esta edad y da su fórmula para hacerlo. “A pesar de lo que he pasado, he sido tranquilo, no he sido ambicioso, he sido consciente de hasta dónde podía llegar y hasta dónde no”, concluye.

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