Educación
Aulas libres de móviles: alivio para los padres, dudas entre los expertos
La mayoría de familias apoya la prohibición y los docentes dicen que mejora el clima en los institutos, pero algunos expertos opinan que perderemos una oportunidad de enseñar a hacer un uso correcto

Jóvenes poniendo los móviles en una caja antes de entrar a clases.
A Joel, padre de dos alumnos de segundo y cuarto de la ESO en un instituto de Tarragona, la prohibición del móvil en la etapa de educación obligatoria le parece una «excelente» noticia. Lo dice sin ocultar la desesperación que le supuso ver a sus hijos pegados al aparato todo el verano: «Menos cuando entraban a la piscina, creo que han tenido una mano inutilizada (cogiendo el teléfono) todas las vacaciones».
Aunque algunos centros educativos ya habían buscado la manera de regular la entrada o no de los dispositivos a las aulas, ha sido este curso cuando en Catalunya se ha prohibido por completo su uso en todas las etapas de la educación obligatoria. Igual que Joel, muchos serán los progenitores que estén de acuerdo. Una encuesta de un portal de comparación de precios propugnaba que un 82 % de los padres españoles está a favor de la prohibición.
Mejora la convivencia
El Institut Antoni de Martí i Franquès de Tarragona es uno de los que se adelantó a la medida. Allí el claustro ya se había puesto de acuerdo para prohibir por completo el uso de los dispositivos en primero y segundo de la ESO el curso pasado. «Veíamos que los móviles eran un elemento de distorsión y conflicto», relata su director, Jordi Satorra.
Satorra considera que han acertado con la medida: «Han mejorado el clima y la convivencia. También ha mejorado la atención y los alumnos están más tranquilos». La decisión, además, ha servido para facilitar las cosas a los padres que deciden posponer la entrega del primer móvil a sus hijos, explica.
Pero, ¿cuál será realmente el efecto de la medida? La consellera de Educació, Esther Niubó, decía textualmente que «consideramos que su eliminación (la del móvil) del contexto escolar es un paso más que contribuirá a mejorar el aprendizaje de nuestro alumnado, la convivencia y el clima en los centros, y los preservará en la escuela de los riesgos de acceso a determinadas redes sociales».
Falta evidencia científica
Echando la vista atrás, resulta que hace poco más de una década la digitalización era prioridad absoluta. En 2011 se ponía en marcha a nivel estatal el programa 1x1, que prometía un portátil por alumno.
Ahora, en pleno proceso de regresión de lo digital en las aulas, Mireia Usart, experta en tecnología educativa y profesora de la URV, reconoce que falta que las decisiones en estas materias se tomen en base a la evidencia científica de lo que funciona y lo que no; todo con la dificultad de que cada país, cada centro escolar y cada escuela son un mundo.
Lo primero que advierte es que «en las investigaciones que hemos estado haciendo hemos visto que los móviles siempre han estado prohibidos en primaria y, si hablas con los centros de secundaria, la mayoría lo tenían regulado». En su opinión nos estamos quedando en demonizar el dispositivo «cuando quitar el teléfono móvil de las aulas de por sí no tiene por qué mejorar nada... Yo no creo que la medida nos vaya a traer beneficios a corto plazo si no va acompañada de otras medidas, como ayudar a los jóvenes a entender la tecnología. Si todos los jóvenes fuera del aula tienen dispositivos móviles, tienen que saber cómo utilizarlos», defiende.
Considera que falta formación en temas digitales para los docentes y para las familias. A estas últimas les recuerda «que tienen que dar ejemplo y no estar todo el día pegados a los móviles; que no sea lo primero que ven sus hijos cuando llegan a casa después de estar seis horas sin el teléfono».
En lo que se refiere a aprender con pantallas, apunta que lo que se ha demostrado es que la tecnología solo es el instrumento. Explica, por ejemplo, que para lecturas profundas conviene recurrir al papel, pero hay asignaturas para las que lo digital ha demostrado ser un gran aliado, como es el estudio de idiomas.
Señala, además, que hay que tener en cuenta que no todos los alumnos tienen acceso a la tecnología debido a la situación socioeconómica de sus familias: «Y si no tienen ese acceso a la tecnología en el aula, no lo tienen en otro sitio».
Adquirir competencias digitales
Mar Camacho, también experta en tecnología educativa y coordinadora del grado de Pedagogía de la URV, considera que estas medidas regresivas de la tecnología, «en un mundo digital donde, a partir de los diez años y medio, según un informe reciente de UNICEF, los niños ya tienen móvil, son un error porque no está demostrado que no utilizar tecnología pueda mejorar los resultados».
Considera Camacho que de lo que se trata es de tener «una educación digital profunda, bien organizada, bien entendida». Es partidaria de un uso de la tecnología en el aula con propósito, controlada y regulada, así como de mantener espacios sin móviles como los patios, «que son para socializar».
Opina la experta que, si a los niños y niñas se les retira la posibilidad de aprender a hacer un buen uso de la tecnología en la escuela, «fuera no tienen los mecanismos que aseguren que podrán adquirir esta competencia digital segura, responsable y acompañada. Una vez esta educación sale de la escuela, no sabemos quién se va a encargar», dice.
Y pone el ejemplo de la inteligencia artificial, que niños y adolescentes están utilizando sin conocer los sesgos y los riesgos (justo ayer un estudio señalaba que una de cada cuatro chicas de 17 a 21 años recurre a la IA para ‘contarle sus cosas’), aunque, inevitablemente formará parte de sus vidas.