Pesca
¿Cómo será el barrio de Tarragona de El Serrallo sin pescadores?
La equivocada normativa europea está ahogando al colectivo antes de lo previsto. La pesca tiene los días contados y los vecinos están preocupados por la pérdida de actividad económica y de identidad

Cada vez quedan menos barcas en el puerto de Tarragona
Que a los pescadores les quedan los días contados es ya un secreto a voces. A nadie le hubiera gustado que la cosa acabase así, pero las equivocadas leyes europeas y la presión de las administraciones han acabado ahogando al sector. Es insostenible. Les obligan a trabajar una tercera parte del año. El resto de días deben amarrar sus barcas, cerrar el chiringuito y quedarse en casa. ¿Qué empresa es rentable con estas condiciones? ¿Qué negocio puede mantenerse? La respuesta es ninguno. De hecho, la mayoría de pescadores, si pudiesen, venderían su barca o la mandarían al desguace para terminar de una vez por todas con esta pesadilla.
Pero no es tan fácil. Primero porque dejarlo todo y buscarse otro trabajo implica unos gastos económicos importantes. Y segundo, y más importante, porque los pescadores son los primeros conscientes de lo que representaría para El Serrallo, y también para Tarragona, que desapareciera su actividad. Un antes y un después. La mala noticia es que el final está más cerca que nunca.
"Sin ninguna duda, el día que en El Serrallo dejen de haber pescadores, perderemos la esencia como barrio", explica Joana Costa, una vecina de El Serrallo de 85 años, que ha sido bisnieta, nieta, esposa y madre de pescadores.
En el barrio, estos días, no se habla de ninguna otra cosa. En las terrazas de los bares, en las puertas de la Confraria y en los bancos de las plazas. Los vecinos están preocupados por la pérdida de identidad y de actividad económica que implicaría el fin de la pesca.
Entorno a la actividad pesquera se ha generado un movimiento económico importante, aunque nada que ver con hace unos años. Hay una tienda de efectos navales justo en los bajos de la Confraria -antes había dos o tres-, y sobre todo, hay muchos restaurantes que tienen como principal reclamo el pescado de Tarragona. "Muchos tarraconenses bajan hasta el barrio porque saben que aquí encontrarán género de proximidad", explica Carme Pedrol, una vecina del barrio, quien añade que "si perdemos los pescadores, perderemos este valor añadido".
Lo cierto es que antes había muchos más comercios que giraban entorno a la pesca, pero que con la desaparición de buena parte de la flota, las tiendas también acabaron cerrando. Hablamos de librerías especializadas en temas de pesca y náutica o de la mítica Fàbrica del Gel, por ejemplo. El pasado demuestra cómo la pérdida de embarcaciones se tradujo también en una pérdida de negocios básicos, como colmados, farmacias, quioscos y hasta peluquerías.
Sin embargo, la pesca sigue siendo la principal fuente de ingresos de las familias serrallenques de toda vida. No hablamos solo de pescadores, también hay muchas familias de pescaderos que salen del barrio y que el adiós de la actividad pesquera también les afectará de lleno.
A nivel social, El Serrallo también va a resentirse el día que no queden pescadores. Y es que, cada día, sobre las cuatro de la tarde, algunos vecinos salen de casa para ver llegar las barcas. La mayoría son jubilados nostálgicos que van a ver a sus hijos y a sus sobrinos a su llegada a puerto. Pero este gesto genera movimiento y vida en el barrio.
Tarragona
Indignación en el barrio de El Serrallo de Tarragona por la presión contra los pescadores
Carla Pomerol
También es la hora que las mujeres mayores se sientan en el banco dispuestas a pasar toda la tarde hablando.
Por no hablar de la actividad frenética que hay dentro de la Confraria. Pescaderos y mayoristas de Tarragona, y de fuera de nuestra provincia, se dan cita en la subasta para llevarse el mejor pescado al mejor precio.
Lo más importante
Pero sin ninguna duda, cuando hablas con los vecinos te das cuenta que lo más importante y lo que más les preocupa es como el barrio perderá identidad el día que los pescadores desaparezcan.
Y es que el barrio nació del oficio. Los pescadores, antiguamente, vivían en la Part Alta y tenían que arrastrar sus barcas hasta la playa, que era lo que hoy conocemos como El Serrallo. Hace 200 años, empezaron a llegar al barrio y construyeron las primeras casas a ruedas, por si acaso el río se desbordaba. Hasta 40 años después no se autorizaron las edificaciones con fundamentos. Poco el poco el barrio fue formándose hasta lo que conocemos a día de hoy.
"No nos gustaría que la personalidad del barrio y de sus vecinos se perdiera. Los pescadores tienen una manera de hacer y de ser que ha impregnado nuestras calles", explica Pedrol.
El motor de El Serrallo
Los vecinos están disgustado por las normativas tan estrictas de Bruselas. "Yo no entiendo mucho de política, pero lo que tengo claro es que estas leyes que están hechas detrás de una mesa de despacho no tienen nada que ver con la realidad", opina Pedrol, quien añade que "todo el mundo debe saber que los pescadores son el motor de nuestro barrio. Y que no solo perderá El Serrallo con su adiós. También perjudicará a la ciudad y a todo el país".
Joana Costa asegura estar muy triste. "No me entra en la cabeza como nos están haciendo esto. Es un pecado mortal. Si quieren que los pescadores desaparezcan que lo digan claramente, pero que dejen de matarnos tan lentamente", dice Costa. Que alguien rescate a los pescadores. Que nadie deje morir el barrio.