Sociedad
De limpiadora a empresaria en Tarragona: la historia de Diana y su apuesta por el empleo inclusivo
Diana Moncayo llegó de Colombia a Tarragona con 19 años. Comenzó trabajando como limpiadora mientras estudiaba y hoy contrata en su pequeña empresa a trabajadores con especiales dificultades

Diana en uno de los establecimientos que limpia su empresa.
La historia de Diana Moncayo (Palmira del Valle. Colombia, 41 años) es como la de tantas inmigrantes de segunda generación. Su madre vino a trabajar a España siendo ella pequeña, para procurarle un futuro a sus tres hijos. La criaron sus abuelos paternos.
Cuando tenía 19 años, su abuelo murió y su madre creyó que era el momento de traerla a España. Vivió una temporada en Puigcerdà con familiares. Trabajó como limpiadora mientras estudiaba contabilidad.
Luego vino a Tarragona donde estuvo en un plan de inserción y empleo del Ayuntamiento y Tarragona Impulsa. Allí se formó en atención sociosanitaria, «aprendí mucho y me abrió muchas puertas». También hizo un curso de establecimientos hoteleros en la Cambra.
Ha tenido numerosos trabajos: en hostelería, «en Port Aventura como todos los jóvenes de aquí» y en atención domiciliaria a mayores y personas con discapacidad. «Aprendí mucho en ese trabajo, vi mucha soledad. Te das cuenta de que el dinero no lo es todo».
Aquí conoció al padre de sus dos hijas. El embarazo de la primera coincidió con que se le acababa el contrato en la empresa donde trabajaba; no le renovaron.
Después, con esfuerzo, consiguió trabajó como administrativa en una academia de baile donde estuvo cinco años. «Allí aprendí mucho a trabajar de cara al público», recuerda.
Su última aventura comenzó hace dos años, cuando se enteró de que una pareja que conocía traspasaba su empresa de limpieza de comunidades y jardinería. El momento de encargarse del negocio, no obstante, coincidió con la separación del padre de sus hijas (ahora tienen 13 y 6 años).
Fue un momento emocionalmente muy duro, recuerda. Los clientes que había tenido la empresa cayeron a la mitad en un año y estaba a cargo de sus hijas.
Pese a la depresión y la ansiedad, sintió que no tenía otra cosa que «tirar adelante». Coincidió que le llamaron de Tarragona Impulsa para participar en la formación de limpiadoras de personas que llevaban mucho tiempo sin encontrar trabajo. Muchas eran mujeres de origen magrebí. Aquello le dio un chute de autoconfianza. «Aprendí mucho de ellas, me vi en su espejo, fue un regalo», relata.
Paralelamente participó en el programa Empreses amb futur, también de Tarragona Impulsa, destinado a microempresas y autónomos. La asesoría que le dieron resultó crucial para sanear la empresa. Por su cuenta, además, se dispuso a aprender a usar toda la maquinaria de jardinería y a hacer un estudio detallado de los productos que usaban.
Hoy en su pequeña empresa trabajan seis personas, incluyéndola a ella (y han doblado los ingresos desde que la asumió). Reconoce que le ha costado: «Cuando te ven mujer y migrante hablando de jardinería, por ejemplo, no te toman muy en serio. Pero luego ven tu trabajo y no hay mejor recomendación que el boca a boca».
Orgullosa de su personal
De lo que más orgullosa está es de su personal. Tiene contratada a una madre muy joven con un hijo con discapacidad que estaba en situación irregular y tenía a su pareja en la cárcel; a una mujer más mayor que cuida de su madre anciana, y a su propio padre de 63 años a quien las empresas no querían por su edad. Se organizan para comenzar a trabajar muy temprano y, a la vez, tener flexibilidad para ocuparse de sus familias. «Son los mejores, tienen una capacidad y un compromiso muy grandes», asegura.

Diana con dos de sus trabajadores.
Los retos no paran. A finales del año pasado la invitaron a una gala de la Associació de Dones Empresàries i Directives de Tarragona . «Me sentía como la mosca en la leche, yo que soy una obrera», dice entre risas, pero explica enseguida que la han acogido estupendamente. «Hay mujeres con un impulso enorme y una experiencia increíble». Se ha hecho socia socia y gracias a ellas se acaba de enterar de que podría haber obtenido beneficios fiscales haciendo constar las características de algunos de sus empleados. Ella, no obstante, lo hizo por pura convicción personal.
No para de estudiar: aprovechando el Kit Digital, se está formando para ver cómo la IA puede ayudarla a mejorar su negocio y quiere alquilar un local. «Me gustaría que la empresa creciera para poder contratar a más personas; sé lo que cuesta conseguir una oportunidad».