Cada cinco días se halla una bomba de la Guerra Civil en la provincia

Desde 1985 se han detonado 2.194 artefactos explosivos. Las operaciones de Guardia Civil y Mossos son semanales. Los restos, de gran peligro, están diseminados por toda Tarragona

13 abril 2019 10:11 | Actualizado a 13 abril 2019 15:37
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Un proyectil antiaéreo en un parque infantil en Vallmoll, un mortero en el agua de la Platja Llarga y hasta una bomba de aviación durante la construcción del Parc Central. La Guerra Civil terminó hace 80 años, pero los artefactos que se lanzaron siguen apareciendo con asiduidad, en los lugares más improbables, desde huertas a tejados, pasando por obras. «Se nota mucho cuando se hace obra civil, cuando hay actividad y empiezan a moverse los terrenos, o también en la época en que la gente sale más al campo», explica el sargento José Manuel Chacón, de Gedex, el grupo especial de desactivación de explosivos, al mando de los Tedax, los técnicos. 

En Reus se han detonado 48 bombas en las últimas décadas: 23 granadas de mano, siete morteros, siete proyectiles de artillería, una granada de fusil, seis bombas de aviones y cuatro espoletas. 

Tarragona es muy fecunda en el hallazgo de estos restos de gran peligro. Es la cuarta provincia de España donde más se encuentran: 2.194 desde que empezó el recuento, en 1985, según se extrae de una respuesta parlamentaria al senador Jon Iñarritu, de EH Bildu. Es una media de una cada cinco días. Y eso sólo teniendo en cuenta los artefactos, porque si se suma el resto de material se alcanzan, según los archivos de la Guardia Civil en Tarragona, los 93.428 ingenios, donde se incluye munición variada. En Tarragona capital, por ejemplo, se han hallado 73 artefactos. Cuatro eran bombas de aviación. Estas cifras están marcadas, en parte, por la Batalla de l’Ebre. «Aquí hubo uno de los enfrentamientos más importantes de la Guerra Civil. Durante unos días se lanzó todo tipo de munición. Luego hubo una retirada y quedó bastante material, tanto del bando republicano como del nacional, que después ha ido apareciendo», aclara Chacón. 

De Falset a El Vendrell
Pero no es sólo una cuestión ebrense. Las bombas en letargo, pero totalmente activas y amenazantes, aparecen diseminadas por toda la provincia: de las 29 localizadas y detonadas en El Vendrell a las 18 (la mayoría granadas de mano) identificadas en el pequeño municipio de Senan, en la Conca de Barberà, pasando por las 26 de Falset. «No significa que hubiera una confrontación en el lugar que se encuentran. La gente a veces se las llevaba, las retiraba o las guardaba por si la situación se complicaba», narra Chacón. 

La cifra de bombas halladas desde 1985 roza las 2.200 en la provincia pero la de la munición total es aún mayor: son 93.428 ingenios, entre los que se incluyen objetos menores como balas o cartuchos. 

La casuística es diversa e incluye, por ejemplo, los cambios en un ataque aéreo porque, de repente, hay que priorizar otro objetivo. El repaso por el catálogo de bombas desactivadas por los artificieros es casi un recorrido histórico por la tecnología bélica empleada en el conflicto. «Hay material desde el 36 hasta que acaba el conflicto. La Guerra Civil fue un campo de experimentación para la Segunda Guerra Mundial. A veces se usaban algunas municiones sin catalogar, para las que no hay ningún manual y eso nos obliga a tener mucho cuidado y a investigar mucho a la hora de neutralizarlo», expone Chacón.

Desde granadas hechas en fábricas de Italia que acababan aquí hasta morteros o proyectiles de artillería, a veces armas rudimentarias pero tremendamente efectivas. «Hay mucha variedad de granada, desde la que tiene la forma típica, más conocida, a otra que te puede llevar a error, como un brazo de una lámpara, que es un recipiente metálico que ha sido cargado de pólvora y le han puesto una mecha. Es más artesanal, pero es una granada también», dice Chacón. 

«Se nota mucho que en época de recogida de setas y de robellones hay más hallazgos»
Carlos del A. 
Sargento Mossos d’Esquadra

Entre los objetos más destacados, figura una bomba de aviación hallada en Torredembarra, durante las obras de ampliación de un supermercado, o una granada incendiaria alemana. «El material era un secreto de guerra, una combinación de dos productos que era capaz de perforar un carro de combate con un magma que no se apaga, que resiste incluso al agua. Son muy escasas y hacían mucho efecto. Eran capaces de cortar raíles de tren», desgrana Chacón. El artilugio se halló en un almacén de Tarragona mientras un vecino hacía limpieza. 

Carlos del A., sargento de la unidad de TEDAX-NRBQ de los Mossos d’Esquadra en la provincia, admite que el trabajo de desactivación es habitual. «Tras la Guerra Civil no hubo una campaña de desminado como pudo existir en otros conflictos. De ahí que tengamos esta situación. No es un trabajo lineal. A lo mejor un día encuentras 15 y luego estás cuatro sin intervenir», explica. Desde 2008, los Mossos también se dedican a esta actividad frecuente en comarcas como la Ribera d’Ebre o la Terra Alta, pero también en el ámbito rural de lugares como Montblanc o Valls.

 

LOS CONSEJOS
La ubicación es muy variada. «Nos encontramos las granadas en los márgenes de piedra, pero también en las zonas de cultivo», dice Carlos del A., desde Mossos. Otra variable que influye en los picos de trabajo: a más gente en el campo, más hallazgos. «Se nota mucho cuando van a hacer mountain bike y en época de recogida de setas o de robellones». 
 
Precaución. La persona que realiza el hallazgo no tiene que tocarlo bajo ningún concepto y debe llamar cuanto antes a los teléfonos de emergencias. 
 
Señalizar. Balizar con algún objeto –incluso con piedras o con cintas– la zona en la que está el artefacto para facilitar luego la localización, una vez lleguen los técnicos. 
 
No manipular. Es vital no mover ni mucho menos manipular el artefacto. No hay que intentar abrirlo por muy deteriorado que parezca. 
 
Extremar el cuidado. El explosivo está tan activo como el primer día. Es más: si ha estado guardado en una zona seca o bajo tierra, mejor se ha conservado y más sensible es al movimiento. 
 
No exhibir ni coleccionar. Está prohibida la tenencia de estos explosivos, incluso estando vacíos e inactivos. Se persigue también la venta, común, por internet. La ostentación por las redes también está prohibida. 

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