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Cuatro cuerdas que transforman clases enteras

En la Escola Els Àngels, del barrio de Torreforta, tocar el violín y el violenchelo es la excusa perfecta para hablar de emociones y valores

NORIÁN MUÑOZ

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Un momento de la clase 
en la que todos tienen su momento. FOTO: PERE FERRÉ

Un momento de la clase 
en la que todos tienen su momento. FOTO: PERE FERRÉ

Son las 11.30 de la mañana en la escuela pública Els Àngels de Torreforta. Los niños de cuarto acaban de llegar, revolucionados, de la hora del patio... Allí mismo, en la puerta de la clase, arranca el ritual: Roser Ávila y Maria Negrié, del proyecto 4 Cordes, comienzan, con paciencia, a saludar a los niños uno por uno. Les cogen de las manos, se ponen a su altura y les miran a los ojos. Los alumnos, por su parte, les cuentan cómo están y les dicen lo que van a hacer bien ese día. Cada uno tiene sus metas: uno habla de hacer más caso a las profes, otro de fijarse en cómo coloca el dedo...

Podría parecer una clase de música al uso, pero basta con ver cómo se desarrolla para darse cuenta de que los violines y violonchelos, en realidad, son la excusa para hablar de emociones.

La clase a la que acudimos es especial, los niños todavía tienen presente el concierto que dieron el domingo pasado en la Fàbrica Fabra i Coats de Barcelona. Era la manera de celebrar que el 4 Cordes, que lleva adelante la cooperativa Musicoop, ya ha cumplido diez años (en Els Àngels van por el tercer curso).

El premio del aplauso

Los niños hablan de los nervios que pasaron, de algún pequeño fallo, pero también de la felicidad que sintieron al recibir tantos aplausos del público.

Y no es un tema menor, la casi totalidad de los niños no tenía formación previa para tocar estos instrumentos considerados como ‘cultos’ y los aplausos, especialmente de sus familias, son un importante chute de autoestima.

Esa es una de las peculiaridades del proyecto, que se instaura en escuelas donde, por la realidad social o cultural, los niños no suelen acudir a escuelas de música.

Pero atención, que después de tres cursos las cosas están cambiando, y este año en la escuela acaban de montar una pequeña orquesta. Además, después de las clases de 4 Cordes, que se dan en la hora de música, algunas familias, a petición de los niños, les han apuntado a clases de música. Uno de los niños cuenta que ha pedido un violín para Reyes.

Del ‘mindfulness’ a la partitura

El proyecto tiene una metodología clara. Se comienza con una parte de mindfulness para ‘escuchar’ al cuerpo y relajarse, y se pasa a una siguiente en que las profesoras se convierten en partitura.

FOTO: Pere Ferré

Se refieren a que las docentes y los niños tienen un código en que cada gesto es una nota y cada parte del cuerpo una cuerda.

Después viene el momento de tocar propiamente dicho y llama la atención el exquisito cuidado con el que los niños tratan los instrumentos que ha comprado la escuela con mucho esfuerzo.

Antes de despedirse, los niños leen las cartas que han escrito para otros compañeros. Aquí se felicitan por lo que han hecho bien, se piden perdón si han discutido, se invitan a jugar... Y las profes procuran que haya cartas para todos, también para aquellos que no acababan de encajar. Todos tienen su momento.

FOTO: Pere Ferré

Víctor Pomerol, director de la escuela, resume: «no es solo que toquen el violín y el violonchelo, es que entran relajados y salen satisfechos. Hasta cambia la relación entre ellos».

En principio este es el último curso en que se realiza el proyecto en la escuela, pero Pomerol asegura que «trabajaremos para no dejar perder todo esto que hemos ganado».

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