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Vítor Silva, el mago que cambió la historia

El enganche portugués se marcha del Reus tras cuatro temporadas en donde se ha convertido en decisivo en los éxitos del club. Hoy ha recibido el homenaje del vestuario

Vítor Emanuel Cruz Da Silva (Penafiel,1984) firmó la rescisión de contrato con el CF Reus a diez minutos de la medianoche del viernes al sábado, justo al límite del cierre del mercado. Lo hizo en el peor de los escenarios. En una oficina, casi con lágrimas en los ojos, muy en contra de su voluntad. El club le había comunicado poco antes la imposibilidad de inscribirle debido a las exigencias salariales de la Liga. Tanto él, como Cuenca, Yoda y Tito quedaron fuera de combate.

Vítor abandonó el Estadi en silencio, absolutamente derrotado de tristeza y con la certeza de que ese final no lo hubiera deseado nunca. Final crudo, frío, sin el reconocimiento de los adeptos, que han terminado claudicando a ese fútbol dulce y sencillo del enganche. Para muchos, el mejor futbolista que ha pasado por el Estadi en la modernidad.

La noche fue dura para el portugués, que se arropó en su mujer y en sus dos hijas en esa casa donde la familia ha echado raíces, cerca de Cambrils, para soportar el vacío y la impotencia. Vítor no se tiene que ir por falta de rendimiento. Se marcha por una causa que él no puede ni siquiera controlar.

El mediapunta y sus agentes tomaron una determinación lógica, salir del Reus libres para encontrar acomodo en otro lugar, en otro campeonato, conscientes de que conocer la inactividad durante cuatro meses, hasta la apertura del mercado invernal, podía condicionar muchísimo el final de la carrera de un futbolista de ya 34 años, que necesita competir a diario para no caer en el terreno físico.

Cuando el Reus anunció el acuerdo de separación de bienes con el jugador, el teléfono de Vítor se colapsó de mensajes cariñosos. También las redes sociales. La admiración de Reus para uno de sus líderes en esta especie de época dorada que vive el fútbol en la capital del Baix Camp, resulta indiscutible. Quizás Vítor se ha convertido en el líder espiritual del proyecto. No por un exceso de charlatanería y postureo, sí por lo que ha enseñado dentro del campo. Un actor de otra dimensión que, a su vez, le ha ofrecido una nueva dimensión al club, históricamente anclado en el fútbol modesto.

Vítor ha recibido un íntimo homenaje del vestuario tras la sesión matinal de hoy. Poco defensor de las despedidas melancólicas, el portugués se ha encontrado con una camiseta firmada por todos sus compañeros y el staff y el afecto hacia una trayectoria ya imborrable. David Querol ha emocionado con un discurso sentido hacia “el abuelo”. La ausencia de Vítor va dejar huérfano a ese lugar sagrado del Estadi, donde su voz como uno de los capitanes de la plantilla, se escuchaba con atención.

Vítor Silva cumplía su quinta fidelidad hacia el Reus. Apareció un verano de 2014, procedente del Sporting de Lisboa. Desde el amanecer se le vio como un mediocampista franquicia, sobre todo por una calidad técnica diferencial, aunque la crueldad de la Segunda B le obligó a reinventarse. Necesitó tiempo para adaptarse a un mundo nuevo, alejado de los estadios lujosos en los que frecuentó en su carrera. Su categoría como futbolista y la fe que le depositó Natxo terminaron por descubrir a un jugador especial, que además se acostumbró a comparecer en los días señalados. Clave en la gesta del ascenso y en la consolidación en el mundo profesional, sólo un lastre le ha complicado la existencia en Reus, los problemas físicos.

En cuatro temporadas, Vítor ha acumulado 98 partidos y ha anotado 11 goles. Sus rasgos de guía romántico tampoco se discuten. El mago ha convertido cada una de sus actuaciones en parques de atracciones para los fans. El suspiro embobado del Estadi en aquel control previo al gol de Haro ante el Racing, el día del ascenso, define una relación que ya es eterna, sobre todo porque los hinchas saben que ese pequeño mago les cambió la vida y también la historia.

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