Tarragona

Seis de cada diez pensionistas de Tarragona no llegan a los mil euros

«Con lo que me han subido no tengo para un café», se lamenta un jubilado. Más de 100.000 pensionistas de la provincia no alcanzan el mileurismo. El colectivo continúa en pie de guerra

«Trabajé 50 años para cobrar una pensión de 900 euros, que es la que me ha quedado», se sincera Paco, pescador jubilado, habituado a las políticas de austeridad en casa: «¿Cómo llego a final de mes? Le digo a mi mujer que estamos gastando mucha agua, o que cuidado con tener encendida la luz si no hace falta». 

«Trabajé 50 años y ahora no llego ni a los 900 euros. En casa hay que recortar al máximo en luz y agua»
Paco
Pescador jubilado

Abelardo, que trabajó también en el pescado, se lamenta al lado: «Me han subido la pensión 25 céntimos. ¿Dónde voy con eso?». Su pensión no llega a los 700 euros, y eso que Abelardo, de 80 años, jubilado hace 16 y del Serrallo, trabajaba desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la noche. Ambos eran autónomos. «Yo cobro menos que las personas que estuvieron a mi cargo y que están jubiladas. ¿Cómo se entiende eso?», se pregunta Abelardo, que agrega: «Menos mal que cuando trabajé fui previsor y no derroché. Si no fuera por los ahorros no podría hacer nada». 

Un 0,25% que indigna
Ellos forman parte de ese colectivo de pensionistas que ahora está en rebeldía y toma la calle por un ascenso exiguo de la prestación que es del 0,25%, el mínimo legal establecido. Se pasan por el hogar del jubilado de Pere Martell, en el centro de Tarragona, y allí echan la tarde ajenos a las estrecheces económicas que les azotan. «A mí me han subido 1,80 euros», cuenta Jordi, de 76 años, otro de esos jubilados que quedan lejos del mileurismo. Cobra 750 euros. «Y suerte que tengo el piso pagado. Si no, no sé cómo llegaría a final de mes. El agua, la luz, la contribución… todo sube», concede. 

En el hogar del jubilado hay trasiego de cafés y varias mesas bien dispuestas donde se juega al dominó y, sobre todo, a las cartas. Reina el silencio hasta que sale el tema de marras. «Aquí hay gente de todo, los que cobran más y los que menos», dice Jordi. 

«Cobro 690 euros. Menos mal que fui previsor mientras trabajé. Si no fuera por los ahorros no llegaría a final de mes»
Abelardo
Jubilado

Las desigualdades del colectivo de pensionistas se plasman en una de las mesas. Hay quien tiene una pensión que va más allá de los 1.200 euros. «A mí, por suerte, me sobra, porque he cotizado mucho», tercia uno. «Pues a mí no, pero no se puede cobrar más porque no hay dinero. Ya me gustaría a mí», reconoce uno de los que menos perciben: 724 euros que se quedan en nada cuando hay que pagar piso, luz, IBI y la comida. «Como cada día patatas y judías verdes. Me cuesta mucho llegar a final de mes. Y mi hijo me ayuda, a veces me da 100 euros para ir tirando», explica. 

Rápidamente se endurece el debate. «¿Cómo puedes decir que no hay dinero? Sí que había dinero, lo que pasa es que se lo han llevado. Catalunya es muy rica. Tendría que haber de sobras para todos, pero está mal repartido», explica uno de los tertulianos.

«Gano 724 euros. Hay que pagar casa, luz, agua, la contribución. Así no se puede. A veces mi hijo me da 100 para ir tirando»
Jubilado

Pronto se habla de los sueldos altos de los políticos, de la corrupción y de una clase de dirigentes que deja mucho que desear, lugares comunes de la tertulia después de comer en este hogar del jubilado donde la indignación está latente y aflora. «No nos sirve que nos den un 0,25% más. Todos los precios están subiendo mucho más que eso», cuenta otro. Ni viajes del Imserso ni salidas a cenar o comer fuera ni regalos ostentosos a los nietos por el cumpleaños o los Reyes Magos, porque en el último lustro ha bajado la capacidad de adquisición del colectivo. 

«Mi pensión es de 750 euros. En casa no hay nada de lujos. Suerte que ya tengo la hipoteca pagada»
Jordi
Pescador jubilado

Es el quinto año en que la jubilación aumenta únicamente en ese 0,25% establecido por ley. A la práctica, supone casi la congelación de estas percepciones. 

La derivada social es que el mileurismo ya no es cosa de salarios jóvenes. En la provincia seis de cada diez pensionistas no llegan a esa cantidad. Son 105.643 del total de 173.253. Ese 60% del global posee unas pensiones que se sitúan por debajo de los 14.000 euros. Es decir, reciben (son 14 pagas durante el año) menos de mil euros al mes. 

«No llego a los mil euros. No me queda otra que ajustarme el cinturón y no estirar más el brazo que la manga, pero es una vergüenza»
Jubilado

Hay, en estos últimos datos de la Seguridad Social algunos balances llamativos en los extremos. En la provincia 56.136 pensionistas no cobran más de 500 euros al mes. Por el contrario, 643 tarraconenses perciben una mensualidad de 8.300 euros. Son la franja más acaudalada de un sistema con diferencias abismales enquistadas. Al menos, el número de pensionistas tarraconenses que no llegan a los mil euros se ha reducido un 4,7% en los últimos años, algo que asociado a la tímida recuperación del mercado laboral. 

Pero ni esos progresos han evitado que los jubilados de toda España lleven días saliendo a la calle en protesta por ese nimio incremento. Los asistentes mostraron su indignación por la carta que del Ministerio de Empleo, informándoles de esa controvertida subida del 0,25.

«Yo cotizé mucho y por suerte paso de los mil euros, pero deberíamos cobrar más. Los políticos se quedan el dinero»
Jubilado

Los jubilados reclaman que los incrementos de las pensiones cubran la subida de los precios y que los Presupuestos Generales del Estado de 2018 –todavía están sin aprobar– incluyan partidas para asegurar la financiación de la Seguridad Social. «Los políticos deberían tener menos privilegios y sueldos más bajos. No pueden tener esas pagas vitalicias tan altas», asesta otro jubilado en el hogar de Pere Martell. Los partidos abordan con atención el problema y atendiendo al colectivo como un grupo electoralmente decisivo: son históricos votantes del bipartidismo y los que menos se abstienen en las urnas. 

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