«Cuando el público ve ‘Quejío’ lo que siente no es tristeza, es pena»

Flamenco. La obra con la que el desaparecido Salvador Tábora comenzó y debutó llega a las nueve de la noche de este próximo lunes al Centre Cultural de Valls de la mano de la Cooperativa Andaluza

| Actualizado a 26 enero 2022 12:58
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Nacido en 1970 en la ciudad de Sevilla, Juan Martín es el bailaor de Quejío, la obra escrita por el desaparecido Salvador Tábora y que se podrá ver este próximo lunes 31 de enero, a las nueve de la noche en el Centre Cultural de Valls dentro de las Festes Decennals 2021+1. Martín, desde «pequeño, pequeño ya bailaba, prácticamente desde que empecé a caminar», recuerda, a pesar de no haber ningún antecedente en su familia, «aunque a mi madre siempre le ha gustado el flamenco y el baile, aunque su padre no la dejaba desarrollar esta afición». Recuerda que cuando quitaba la mesa de comer, «ella me subía a la mesa y yo allí me ponía a hacer mis primeros pasos de baile, como si fuera mi tablao». Y así hasta que se apuntó a una escuela. Desde los 16 años baila profesionalmente.

¿Cuándo se incorporó a La Cuadra?

En 2016.

¿Llamó a la puerta o lo vinieron a buscar?

Fue por un guitarrista que lleva muchos años en La Cuadra, que es de los primeros que la fundó. Es muy amigo mío. Me comentó que el bailaor que estaba haciendo Quejío se iba a retirar, porque estaba mayor y me ofreció la oportunidad. Y yo la acepté, porque era algo muy interesante para mí.

¿Cuándo comenzó a ser el bailaor de Quejío?

Pues en 2017, cuando la obra se reanudó. Los ensayos comenzaron en 2016. Y lo único que he hecho con La Cuadra ha sido Quejío.

La obra tiene medio siglo de vida y sigue siendo vigente después de que se estrenase el 15 de febrero de 1972, en plena dictadura….

Sigue actual, porque el mensaje lo sigue siendo.

¿Considerara que se trata de la obra cumbre de Salvador Tábora?

Sí, seguro. De hecho, fue con la que empezó y con la que terminó su vida.

¿Por qué cree que no pasan los años –que ya tiene 50– para esta obra? ¿Qué tiene de particular?

El mensaje de que hay muchas similitudes. Antiguamente, el flamenco lo tenían como algo folklórico, no tomaban nada en serio. Hoy en día, las cosas de la cultura tampoco aquí en España se toman en serio.

¿Se podría decir que Quejio es un canto a Andalucía como lo es el himno de Blas Infante?

En parte, sí.

¿Es una alegoría al pueblo andaluz?

Claro.

Algunos dicen que Quejío expresa el dolor de todo un pueblo. ¿La considera una obra triste?

Personalmente la calificaría como penosa. Lo que la gente siente no es tristeza, es pena. Esa es la impresión que a mí me da desde el escenario y cuando veo las caras del público. A la gente le da pena ver este tipo de sufrimiento.

Quejío salió en plena dictadura y bajo la censura, que también tuvo que soportar el propio Salvador. ¿Cree que él quería revelarse contra los dirigentes de aquel momento sin que ellos se dieran cuento de ello?

Creo que su intención es que se dieran cuenta. Utilizó el flamenco como medio de comunicación para expresar lo que había en aquel momento. Quería que se viera, que se escuchara al pueblo andaluz sobre lo que estaba pasando. No creo que tuviera ninguna intención de camuflar sino más bien coger al flamenco como hilo conductor.

Entre medio de tanta tristeza, la obra también tiene sentimientos de esperanza, de ilusión en el futuro...

Claro que sí, es lo que a todo el mundo se le queda cuando se le toca un poco el corazón de lo que hay en día. Porque muchos vivimos demasiado deprisa, por delante de todo.

La obra, desde su reestreno en 2017, ¿ha cambiado mucho de la inicial?

No. Salvador era muy estricto. Cuando lo hemos reanudado, él ha sido el que ha estado al pie de todo, el que se ha encargado de hacer todos los ensayos. La única libertad que hay es que a lo mejor el otro bailaor tenía su método de hacer su técnica de pie y de brazos, y yo tengo un poco la mía. Casi en el 95 por ciento es igual. Los cantos y las herramientas que se utilizan en la escenografía es lo original. Los integrantes cada uno le aportan su papel y tenemos un poco de libertad para poder expresarlo a nuestra forma.

¿Cuál es su papel en la obra?

Hago de capataz y en el desarrollo termino dándome cuenta de que soy uno más que mis compañeros, los trabajadores, que lo están pasando mal y que están intentando sus protestas. Lo que hago es que me integro en el grupo y terminamos siendo un equipo.

¿Cuántas personas suben al escenario?

Tres cantaores, un guitarrista, un flautista, el papel de la mujer y yo de bailaor.

¿Cuándo tiempo dura la obra?

Aproximadamente una hora, depende de lo largo que se hagan los bailes.

¿Hay Quejío para años?

Creo que sí.

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