Más de Cat/ Es/ Món

Cuatro horas de vértigo que han puesto patas arriba el tablero político español

Arrimadas se acerca a Sánchez, rompe con Casado y fuerza al líder del PP a mirar a Vox y olvidar la reunificación de la derecha
 

Colpisa

Whatsapp
Imagen de Ayuso durante su comparecencia para convocar elecciones. EFE

Imagen de Ayuso durante su comparecencia para convocar elecciones. EFE

Dos mociones de censura en Murcia y Castilla y León y un adelanto electoral en el alero en Madrid han puesto patas arriba el tablero político español en cuatro horas de vértigo. No parece que el terremoto sea fruto de un plan orquestado, más bien apunta a que ha sido una explosión por simpatía tras el estallido de la traca murciana a primera hora de la mañana de ayer. Pero hasta que las aguas dejen de estar turbias hay algunas evidencias claras. La primera es la ruptura entre Inés Arrimadas y Pablo Casado y la voladura de los planes del líder del PP para reunificar a la derecha. La segunda es que Pedro Sánchez no se ha olvidado de los liberales como aliado, está por ver si ocasional o permanente.

Los socialistas, con José Luis Abalos al timón, han negociado con sigilo durante las últimas semanas con Ciudadanos, con Carlos Cuadrado al otro lado de la mesa, la moción de censura en Murcia para desalojar a Fernando López Miras. El runrún empezó a las nueve de la mañana, se confirmó una hora después y se disparó la locura. Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña, convocó elecciones anticipadas para el 4 de mayo para desactivar una operación a la murciana. PSOE y Más Madrid presentaron dos mociones de censura que, en principio tendrían el respaldo de los liberales y Podemos. ¿Qué fue primero las mociones o el decreto electoral? Ahí se juega una reñida batalla. Como la que se libra en Castilla y León. A primera hora de la tarde el socialista Luis Tudanca anunció otra moción contra el popular Alfonso Fernández Mañueco. No tiene votos suficientes pero Ciudadanos, que cogobierna con el PP, está dividido.

Pedro Sánchez se reunió por la tarde en la calle Ferraz con su equipo. Pablo Casado hizo lo propio al mismo tiempo en Génova 13. Arrimadas también se encerró con los suyos en su sede. Pablo Iglesias convocó a la dirección reducida de Podemos. (Vox no informó de la agenda de Santiago Abascal). Todos tenían que recolocar las piezas en un tablero que parecía estabilizado en dos bloques a su vez subdivididos. Los movimientos transversales no se han registrado en lo que va de legislatura. Hasta que la líder de Ciudadanos se decidió a mover ficha.            

Los malos resultados electorales en Cataluña, cuna del partido, los cada vez más sonoros cantos de sirena del PP para fraguar una fusión, o absorción, y la presión interna para dar un volantazo convencieron a Arrimadas de que debía hacer algo para sobrevivir. La jugada es arriesgada y solo tiene dos desenlaces, desaparición o resurgimiento. En Murcia, los naranjas, si la moción de censura prospera, se aseguran dos años al frente del Gobierno para recomponer la figura electoral. No será sencillo ante la inercia negativa que soportan. Castilla y León no entraba en los planes de Arimadas, pero inmersos en la dinámica de las mociones tampoco sería descartable un respaldo parcial. Los socialistas necesitan el voto de cuatro diputados naranjas y no todos son fieles al vicepresidente de la Junta, Francisco Igea.

El seismo madrileño                    

Pero donde la onda expansiva del seismo alcanzó registros de convulsión fue en Madrid. En los planes de PSOE y Ciudadanos no figuraba descabalgar a Díaz Ayuso, pero el movimiento electoral de la presidenta alteró los planes y los socialistas, junto al partido de Iñigo Errejón, presentaron sendas mociones de censura. Unas elecciones serían la peor noticia para Ciudadanos porque debería obtener más del 5% de los votos para entrar en la Asamblea regional y alcanzar ese umbral no lo tiene asegurado.

Números al margen, el giro de Arrimadas ha dinamitado las relaciones con Casado porque arroja al sumidero el plan del líder del PP para la reunificación de la derecha mediante la confluencia amistosa o no con los liberales. Además, le obliga a desandar el camino del distanciamiento con Vox iniciado en octubre. Por eso, Casado no quería elecciones ahora en Madrid, ganarlas -como apuntan las encuestas- le condenaría a entenderse con Abascal para gobernar. Un paso para el que Díaz Ayuso no tiene ningún problema. Es más, lo acaricia con fruición. Ante los hechos consumados, el líder del PP se plegó y avaló a la presidenta madrileña, una apuesta personal suya, y abrió las puertas del partido a los "miles" de militantes de Ciudadanos "defraudados" con Arrimadas. Un remedo al gran proyecto reunificador.

Muchos socialistas se preguntan, por su parte, si la súbita confluencia con Ciudadanos es un movimiento estratégico o un acercamiento momentáneo. Dentro del PSOE hay una corriente que no disimula sus simpatías por los liberales y la antipatía por los de Iglesias. Pero Sánchez ha dejado claro en múltiples ocasiones que la coalición de gobierno con Unidas Podemos no está en discusión y que sus aliados son los de la investidura y los Presupuestos. Sobre todo porque no hay alternativa.            

Los diez escaños de los liberales en el Congreso pueden dar lustre con su apoyo a algunas iniciativas legislativas, pero no tienen peso para obtener la categoría de socios. Entre otras razones, porque la cohabitación de los morados y los naranjas es inviable. Este planteamiento sigue vigente, aunque si persiste el alejamiento de Esquerra Republicana, prisionera de sus negociaciones en Cataluña, nada es descartable.

Temas

Comentarios

Lea También