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El independentismo tira de los presos para intentar neutralizar el efecto Illa

Los líderes condenados por el Tribunal Supremo llaman al electorado a movilizarse de forma masiva «por la amnistía y la república»

CRISTIAN REINO

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Los líderes presos, ayer 
en un acto conjunto de Òmnium. FOTO: QUIQUE GARCÍA/EFE

Los líderes presos, ayer 
en un acto conjunto de Òmnium. FOTO: QUIQUE GARCÍA/EFE

Los nueve presos del Procés, a los que el Govern de la Generalitat concedió el viernes pasado el tercer grado penitenciario, ya están metidos de lleno en campaña. No todos apoyan a la misma fuerza política, pero ayer aparecieron unidos para denunciar una supuesta «operación de Estado» con la que se busca, alegaron, obligar a la gente a decidir entre el «derecho a la vida» y el derecho a la participación política, y para mostrarse partidarios de una «estrategia compartida».

«Necesitamos un Govern de la Generalitat que defienda un proyecto de país inclusivo, al servicio de la reconstrucción social y la liberación nacional», afirmaron en un comunicado conjunto leído frente al Palau Robert de Barcelona, en un acto organizado por Òmnium Cultural donde volvieron a coincidir por primera vez desde el juicio de 2019 en el Tribunal Supremo. Para despejar dudas, los presos apuestan por una reedición del Govern independentista que ha gobernado estos últimos años y que trabaje por la amnistía y por la secesión. «Hay que reivindicar el derecho a la autodeterminación y exigir el fin de la represión para afrontar la resolución democrática de un conflicto político, mediante la amnistía. No podemos malgastar la fuerza del 1-O», señalaron.

Tercer grado efímero

Los nueve condenados dan por hecho que el tercer grado que les ha concedido el Govern de la Generalitat será «efímero» y será revocado de nuevo por el tribunal sentenciador. Y se refirieron a la Administración de justicia como como una pieza de una operación oquestada para situar en la presidencia de la Generalitat al exministro de Sanidad y candidato del PSC Salvador Illa, al que el soberanismo define como el candidato del Gobierno, del Ibex y de la derecha española.

El soberanismo juega con dos barajas. Si gana, como así creen los presos que ocurrirá, dirán que la ciudadanía lanza un mensaje al mundo para reivindicar el derecho a la autodeterminación y la amnistía. Pero si pierde, acusará a los poderes del Estado de adulterar la voluntad democrática del pueblo de Catalunya con la imposición de celebrar las elecciones en plena pandemia.

Aun así, la unidad de acción a la que apelaron los presos está por ver. ERC y JxCat no se han disparado aún sin piedad. Más bien, mantienen un fuego cruzado de perfil bajo durante la campaña, para tratar de no hacerse daño. En los dos debates celebrados hasta ahora, en TVE y La Vanguardia, las dos formaciones que gobiernan la Generalitat evitaron los ataques y enfocaron sus puntos de mira hacia el resto de partidos, sobre todo hacia el PSC. Pero las diferencias entre ambos ya han aflorado.

ERC ha cargado contra la corrupción, aunque sin personalizar, aprovechando que la candidata Laura Borràs está imputada por la presunta concesión de contratos a dedo cuando presidía la Institució de les Lletres Catalanes.

Unidad quimérica

ERC apuesta por retomar la mesa de diálogo con el Gobierno central. Los de Puigdemont han replicado poniendo sobre la mesa el compromiso de una nueva declaración unilateral de independencia, si el secesionismo supera el 50% de los votos, para aparecer como los más puros y poder decir que ERC, que ahora ve en el unilateralismo un último recurso y aboga por ampliar la base social, se baja del barco.

La unidad entre unos y otros, después de unos años de enorme tensión en el Govern de la Generalitat, se antoja complicada. De hecho, JxCat afirma todos los días que ERC busca un nuevo tripartito con los comunes y el PSC, mientras que ERC recuerda por su parte el pacto de los postconvergentes con los socialistas en la Diputació de Barcelona.

Aunque algunos estudios aseguran que el electorado independentista está mucho más movilizadó que el unionista, y que incluso podría volver a darse el caso de que los votantes no secesionistas pierdan el interés por las elecciones autonómicas, como ocurría antes del Procés, los independentistas no lo tienen claro del todo y están echando el resto con los presos.

Tres encuestas conocidas ayer dan prácticamente un empate técnico entre JxCat, ERC y PSC. El decantar la victoria hacia uno de los tres partidos está en manos de los indecisos y de los abstencionistas. Jordi Cuixart, en este sentido, fue claro en una entrevista en Catalunya Ràdio: «Volver a hacerlo», dijo sobre su promesa de repetir los hechos de octubre de 2017, es «ir a votar el 14-F». El otro mensaje que enviaron es que hay que ir a votar para que puedan salir libres.

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