La pandemia incrementa la depresión en niños y adolescentes

Los psicólogos, en el Día Mundial de la Depresión, advierten que el aislamiento social ha desembocado en muchos casos y que pasará factura a los menores en los próximos años

Joan Morales

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La depresión se  detecta ahora en edades más tempranas. FOTO: getty images

La depresión se detecta ahora en edades más tempranas. FOTO: getty images

«La pandemia ha provocado que nos aislemos, que nos encerremos en casa. Precisamente, una de las cosas que provoca la depresión es que te aísles del mundo y la pandemia ha facilitado que esto pase, también en nuestros jóvenes y adolescentes. Por eso hemos constatado un descenso en la edad de la aparición de la depresión y un aumento  del diagnóstico de casos de depresión infantil». Anna Romeu es presidenta de la sección de psicología de emergencias del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya. Hoy, Día Mundial de la Depresión, esta experta alerta de que «antes de la pandemia, la gente joven no tenía tantos cuadros de depresión, pero la covid ha aislado a la gente y, cada vez más, en edades más jóvenes. Ya de por sí, estos no interactuaban tanto en la calle como los adolescentes de hace años, pero con la pandemia se han aislado todavía más».

La Organización Mundial de la Salud detalla que más de 322 millones de personas padecen depresión a nivel mundial, siendo España el cuarto país de Europa con más casos y llegando a afectar a 2,4 millones de personas. Además, las tasas de ansiedad y depresión han aumentado en un 70% en los últimos 25 años, agravándose todavía más en estos dos últimos años por culpa de la pandemia.

Romeu explica que «antes de la covid mucha gente iba aguantando porque salía más, bien al trabajo, con la familia, amigos, etc. Pero en pandemia ha dejado de hacer esto y se ha encerrado más en casa».

Esta psicóloga está convencido de que «la pandemia dejará secuelas. Las  consultas han aumentado mucho y habrá que hacer una gran inversión en salud mental, en prevención, educación emocional y psicología comunitaria. Piensa que a la gente, en general, le cuesta pedir ayuda por decisión propia. La mayoría de personas con depresión vienen a nuestras consultas porque el entorno las obliga».

Estamos ante una enfermedad que, en muchas ocasiones, no acaba de entenderse por parte de quien no la sufre. Para intentar conocerla un poco mejor, Anna Romeu diferencia entre dos tipos de depresiones. «La endógena tiene una causa puramente bioquímica y quienes la sufren tienen un déficit de serotonina en el cerebro y a lo largo de su vida van teniendo episodios depresivos, sienten que no pueden tirar adelante con lo que tienen a su alrededor, con una sensación de desgana, de desmotivación, de no poder con nada. Esta es la más difícil de entender a nivel social porque, teóricamente, a la persona no le ha pasado nada», comenta esta psicóloga.

Después está la exógena, una depresión que «aparece a raíz de un suceso vital, como puede ser la pérdida de un ser querido. A todos nos afectan las cosas de la vida, pero hay quien no puede o le cuesta mucho superar un problema», puntualiza Romeu.
También hay que remarcar que estamos ante un trastorno mental que no conoce ni género ni edad. Según la presidenta de la sección de psicología de emergencias del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya «Puede ser que se dé un poquito más en mujeres que en hombres, pero no de una forma significativa. Como he comentado antes, hasta ahora solía aparecer a partir de las adolescencia, pero ahora -con la pandemia- ha bajado la edad y se están diagnosticando muchos casos de depresión infantil. Estamos viendo a muchos niños aislados, desmotivados».

La pandemia también ha puesto de relieve que el duelo por la muerte de un ser querido, puede desembocar en una depresión. «El duelo es un proceso de adaptación, pero estos dos años hemos visto casos que se han convertido en traumáticos y han desarrollado una depresión», asegura Anna Romeu, quien concluye que «la pandemia no ha ayudado en nada a la depresión y en unos años nos pasará mucha factura y veremos el efecto que ha tenido en nuestros niños, adolescentes y jóvenes».

Según un estudio de Unicef España, en alianza con la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería en Informática de España, sobre el impacto de la tecnología en la adolescencia, el abuso reiterado de las redes sociales supone un peligro para los adolescentes, generando patologías como la depresión. De hecho, en cifras, un 11% de los casos de adicción acaban derivando en una depresión.

La detección precoz de la depresión en adolescentes es una de las piezas clave para disminuir factores de riesgo como pueden ser los intentos de suicidio. En este sentido, Jordi Royo, director clínico de Amalgama7 -entidad especializada en la salud emocional de jóvenes y adolescentes- explica que «la depresión, que en muchas ocasiones se confunde con episodios esporádicos y limitados de tristeza, es una enfermedad que interfiere en la capacidad para ejecutar sus actividades diarias. En grado menor o mayor existen unos síntomas que dan las pistas para saber si el adolescente está atravesando un episodio de depresión».

Existen una serie de preguntas que se pueden formular para saber si los síntomas que el adolescente está experimentando corresponden al cuadro clínico de una depresión. Por ejemplo, si se le ve constantemente triste; si da la sensación de estar vacío de sentimientos; si explica que todo le sale mal y que no tiene suerte en la vida; si habla poco del futuro y si lo hace apenas pone esperanza en hacerlo; si manifiesta que es incapaz de hacer nada bien;si come y duerme a deshoras; si se ha separado de su grupo de amigos o ha dejado de hacer actividades propias de adolescentes como quedar con sus amigos; si ha hablado alguna vez de su propia muerte o del suicidio; o si apenas habla de sus sentimientos con los demás.

Nuevas fobias

Los expertos también hablan de que la pandemia ha generado de forma específica una nueva fobia: la coronafobia, una ansiedad excesiva a contraer la covid, según detallaban Aránzazu Duque y Basilio Blanco, investigadores de la Universidad Internacional de Valencia, en un artículo publicado el pasado 8 de enero en el Diari de Tarragona. Así, las personas con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables, desencadenados por pensamientos o información relacionada con la covid.

Según estos investigadores, esta fobia es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental.

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