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Las mentiras de los negacionistas

Bulos. Pese a la insistencia de las autoridades en que las vacunas son seguras, las fake news siguen corriendo por las redes sociales, impulsadas incluso por científicos

EFE/REDACCIÓN

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Los antivacunas usan las redes para propagar sus mentiras.  FOTO: getty images

Los antivacunas usan las redes para propagar sus mentiras. FOTO: getty images

Es algo sabido que las redes sociales son pasto del cuñadismo y cualquier teoría conspiranoica se multiplica por mil en Facebook, Twitter o WhatsApp. El problema es que muchas personas conceden credibilidad a cualquier mensaje que le llega, y, sobre todo, que supuestos científicos dan pábulo a peligrosas ideas antivacunas. Se convierte así en imprescindible desmentir las crecientes mentiras de los negacionistas.

Las vacunas no magnetizan

Por ejemplo, es imposible inocular con vacunas anticovid soluciones metálicas que actúen como un «rastreador» y magneticen la zona del brazo donde se administra el fármaco, como afirman usuarios de redes en vídeos virales que muestran imanes, monedas o teléfonos móviles adheridos a la piel de distintas personas.

Entre las publicaciones más compartidas en Twitter figura un vídeo del médico chileno Rodolfo Neira y, entre las difundidas en Facebook, destacan las que utilizan fragmentos de un vídeo donde la argentina Chinda Brandolino, del colectivo negacionista Médicos por la Verdad, asegura que la «solución metálica» inoculada es un «rastreador» y expone a la persona vacunada a «un riesgo de trombosis inmenso».

En realidad, es físicamente imposible que una vacuna contenga algún tipo de solución metálica capaz de atraer imanes o de actuar como uno de ellos, tal como confirma el físico Alberto Nájera, profesor de Radiología y Medicina Física en la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud.

No han creado las variantes

También es falso que las variantes del SARS-COV-2 hayan sido creadas por la vacunación contra la covid-19, como asegura en un vídeo difundido en redes sociales Luc Montagnier, a quien se atribuye además sin base alguna el pronóstico de que los vacunados morirán en el plazo de dos años.

Circulan en Facebook y Twitter publicaciones, compartidas por WhatsApp, en las que se afirma que Montagnier, virólogo francés que recibió en 2008 el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento del VIH (virus de inmunodeficiencia humana), atribuye a las vacunas anticovid la creación de las variantes del SARS-COV-2 y pronostica la muerte de todos los vacunados en dos años.

Los autores de las publicaciones en redes relacionan estas afirmaciones con una entrevista difundida por la organización ‘RAIR Foundation USA’, en la que el virólogo francés considera un «enorme» e «inaceptable» error «científico y médico» la actual vacunación masiva contra la Covid-19, «porque es la vacunación la que ha creado las variantes».

En realidad, no hay la menor evidencia de que el Nobel francés haya augurado alguna vez la muerte en dos años de todos los vacunados, un pronóstico que no aparece en la entrevista publicada por RAIR Foundation. Y expertos consultados niegan su tesis de que las variantes de la Covid han sido creadas por la vacunación.

«Las variantes se deben a mutaciones y las mutaciones son fenómenos que se dan al azar, nunca aparecen por tanto en respuesta a nada, por ejemplo a vacunas», explica el catedrático de Microbiología de la Universidad de Barcelona, Albert Bosch, que preside la Sociedad Española de Virología.

No generan proteínas tóxicas

Las proteínas de la espícula generadas por las vacunas contra la Covid ni son tóxicas ni se propagan por el cuerpo de forma dañina, como dicen mensajes virales a partir de las declaraciones de dos científicos que han malinterpretado investigaciones médicas.

Las publicaciones citan o reproducen sendas entrevistas con el cardiólogo estadounidense Peter McCullough y el inmunólogo canadiense Byram Bridle.

Para fundamentar sus argumentos sobre la circulación y la toxicidad de la proteína de la espícula, McCullough y Bridle citan una investigación de la Universidad de Harvard y un informe de la Agencia Japonesa de Productos Farmacéuticos y Médicos, cuyos resultados interpretan erróneamente, según responsables de esos estudios y autoridades sanitarias.

Los sistemas de vigilancia de las agencias de medicamentos internacionales no han detectado los efectos adversos mencionados después de que se hayan administrado 3.000 millones de dosis en todo el mundo.

Las vacunas contra la covid-19 contienen la proteína de la espícula porque esta es fundamental para que se produzca la infección del SARS-CoV-2 y el objetivo es generar una respuesta contra ella. Cuando una persona recibe la vacuna, el sistema inmunitario reconoce esta proteína viral como un agente extraño y produce anticuerpos y células frente a ella.

No causan abortos

Y un último bulo a desmentir: las vacunas de la Covid-19 no causan una tasa del 82 % de abortos espontáneos, como afirman publicaciones en internet de diferentes países que tergiversan datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (EEUU) difundidos por ‘The New England Journal of Medicine’.

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