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Dubái-Barcelona, vuelo con tensión e inquietud

Crónica. El conflicto irano-israelí llevó a que nuestra viaje de ayer alterara su rumbo y, de paso, nuestras emociones

14 abril 2024 21:34 | Actualizado a 15 abril 2024 07:00
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A las 8.15 (hora local, 6.15 aquí) de ayer partía el avión que enlazaba Dubái con Barcelona desde el aeropuerto de la ciudad emiratí. Cientos de personas se agolpaban dos horas antes en la puerta de embarque A 22 para tomar el vuelo EK 185. Todo el mundo reflejaba en sus rostros la incertidumbre de la situación producida pocas horas antes tras el ataque con drones y misiles de Irán a Israel y que había provocado el cierre del espacio aéreo israelí y, al mismo tiempo, los de Jordania, Irak y Líbano.

Comprobé entonces que, a aquella hora, cualquiera de los viajeros que estaban en la terminal consultaban en tiempo real el segundo a segundo de la comprometida situación. Una semana antes, habíamos podido volar de Barcelona a Dubái sin mayores problemas, en la ruta que Emirates realiza diariamente y que pasa sobre Tel Aviv y Amán. Nadie se podía imaginar entonces la zozobra del vuelo de vuelta a la semana siguiente.

Las miradas entre los pasajeros -de numerosas nacionalidades de todo el mundo- reflejaban desasosiego, inquietudes y dudas. ¿Acabaría retrasándose el vuelo?, ¿qué ocurriría si se suspendía? Tensión y hasta temor por las siguientes horas, con el único deseo de llegar a Barcelona y en mi caso (acompañado de mi familia) deseando llegar a casa cuanto antes, sanos y salvos.

En el recuerdo más reciente de muchos quedaba el fatídico vuelo MH017 de julio 2014 de Malaysia Airlines que resultó una tremenda tragedia por la muerte de 298 pasajeros por el alcance de un misil con los indicios de que Rusia podía estar detrás de ello.

A pesar de volar a casi 12.000 metros, el subconsciente nos lleva a pensar en lo peor. No cuesta mucho imaginarse la situación dada la gravedad del momento. Todos hemos podido fantasear con supuestos altamente alarmantes e improbables. Es lo que tiene la condición humana.

Ya en el Airbus A380, nos sentamos y entendimos que el vuelo se iba a producir con normalidad. Así fue. Sin embargo, el plan había variado ya que en lugar de volar sobre Israel y Jordania, lo hicimos sobre Egipto. El cierre del espacio aéreo llevó a ello con acierto. Ya sobre los cielos de Mikonos y Santorini, el pasaje respiró más tranquilo. El gráfico de nuestras pantallas indicaba que estábamos en territorio griego y dimos entonces mil gracias a la UE. Ni qué decir que ya en el aeropuerto de El Prat-Josep Tarradellas hasta se registraron aplausos de parte de los viajeros. Estábamos en casa, pero habíamos pasado horas de angustia. De las 7 del viaje, casi la mitad habían sido de nerviosismo. Este mundo global no es tan grande como creemos.

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