El copiloto Lubitz hizo el 'training' de Lufthansa en el aeropuerto de Reus

Del 21 al 23 de diciembre de 2013, el piloto que estrelló deliberadamente el avión en los Alpes realizó las prácticas de aterrizaje y despegue en las pistas del aeródromo reusense

19 mayo 2017 23:12 | Actualizado a 24 diciembre 2019 17:20
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Andreas Lubitz, que presuntamente y de forma voluntaria estrelló el passado martes en los Alpes franceses el avión Barcelona-Düsseldorf de Germanwings con otras 149 personas a bordo, era un joven de 27 años con una vida en apariencia normal y que trabajaba para la aerolínea low cost filial de Lufthansa desde septiembre 2013. Dos meses después de incorporarse a la compañía alemana, concretamiente los días 21, 22 y 23 de diciembre, estuvo en Reus para realizar las prácticas de aterrizaje y despegue –conocidas técnicamente como trainings– previas a ser destinado como copiloto a los aviones de línea.

Según una información recabada por la cadena COPE Tarragona-Reus en fuentes aeroportuarias, Lubitz fue uno de los numerosos pilotos que Lufthansa envía a realizar los trainings con aviones de la propia aerolínea en el aeropuerto reusense en temporada invernal, aprovechando el escaso tráfico que registran sus pistas en esos meses.

Se da la circunstancia de que, al finalizar su formación, muchos pilotos siguen la costumbre de traer a la familia el último día de las prácticas para celebrar con ellos su superación y volar juntos en el aparato tripulado por el piloto profesional. Según las mismas fuentes, Andreas Lubitz habría traído unos amigos a Reus para la citada tradición, y no a sus familiares.

Quienes ven con disgusto que aviones en prácticas sobrevuelen los cielos de Tarragona tendrán ahora un motivo más para alimentar sus fobias al respecto.

En cualquier caso, Lubitz dejó el recuerdo de una persona aparentemente normal tanto en sus tiempos de estudiante como en su breve carrera profesional. «Era una persona muy agradable, alegre y educada». Así le describe el presidente del aeroclub deportivo Westerwald, Klaus Radke. Un joven de 27 años que ya de adolescente aprendió a volar en aeroplanos sin motor y había visto su sueño cumplido al integrarse como miembro de cabina en la flota del grupo Lufthansa.

El aeroclub, situado a pocos centenares de metros de la casa de sus padres en la pequeña localidad palatina de Montabaur, había sido su segundo hogar. Antes de la rueda de prensa en Francia en la que fue inculpado de provocar intencionadamente el siniestro, sus compañeros de afición habían publicado una esquela. «Andreas se hizo miembro del club como adolescente para ver cumplido su sueño: volar. Empezó como alumno de vuelo sin motor y consiguió llegar a ser un piloto de A-320. Pudo ver cumplido su sueño, ese sueño que ha pagado tan caro, con su vida», dice el mensaje redactado en su memoria por sus amigos del aeroclub.

Formación interrumpida

Andreas Lubitz acabó el bachillerato en 2007 y un año después comenzó su formación en la escuela de pilotos de Lufthansa en Bremen, según explicó en rueda de prensa el presidente de la compañía, Carsten Spohr, quien comentó que interrumpió la misma durante casi nueve meses. «Sobre la interrupción no puedo dar detalles por razones de secreto médico», afirmó Spohr. Lo importante, dijo, es que al reiniciar su formación superó todas las pruebas necesarias.

Tras trabajar un tiempo como azafato de vuelo, algo al parecer habitual en el grupo Lufthansa, el joven comenzó en septiembre de 2013 a operar como copiloto o primer oficial en Germanwings. Lo hizo con aparatos Airbus A 320 y llevaba acumuladas ya 630 horas de vuelo. «Estaba preparado al cien por cien para volar sin limitaciones ni condiciones», añadió el presidente.

Lo sucedido «no podíamos imaginarlo ni en la peor de nuestras pesadillas», reconoció Spohr, quien aseguró dirigir el consorcio de transporte aéreo con los mas severos estándares de selección y preparación de personal a nivel internacional: «Nuestros pilotos son los mejores del mundo». Pero también reconoció que la acción del joven copiloto ha desconcertado completamente a la empresa y que desconocen los motivos que le condujeron a estrellar el aparato. Aunque dejó claro que «cuando una persona arrastra a la muerte a otras 149, eso no puede llamarse suicidio».

El joven, de 27 años –según el Ayuntamiento de Düsseldorf, un año menos de lo que se informó inicialmente–, nació en la pequeña localidad de Montabaur, de apenas 12.500 habitantes, en el estado federado de Renania-Palatinado.

Apenas ningún vecino atendió ayer a las cámaras de televisión que se arremolinaron en las cercanías de su casa de Düsseldorf y de la vivienda de sus padres en Montabaur.

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