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Cara y cruz, sobre todo cruz

Mouad El Osri, un redactor del "Diari" de origen marroquí, relata su experiencia sobre los atentados

Mouad El Osri

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Mouad El Osri, en la redacción de ‘Diari de Tarragona’, observa una de las noticias sobre los atentados. Foto: DT.

Mouad El Osri, en la redacción de ‘Diari de Tarragona’, observa una de las noticias sobre los atentados. Foto: DT.

Soy un estudiante de 21 años que trabaja de becario en el Diari de Tarragona. Un jueves cualquiera, pero no exactamente, era especial: era el cumpleaños de dos compañeros de redacción. Fuimos al ‘Dunkin coffee’ para un par de donuts graciosos y así hacer la sorpresa. Entre la celebración y la charla amena mi jornada se estiró hasta las cinco de la tarde cuando normalmente acabo a las dos. Viva el buen rollo.

Llego a casa cuando ya son casi las seis. Veo que mis padres están viendo en silencio la televisión, mientras yo estoy en la cocina comiendo. Mi madre me saluda y me pregunta si he visto lo que ha ocurrido: «Ha habido un atentado en Barcelona. Un atropello como en Francia, y hay muertos».

"Mi padre lleva 40 años en España, ve este atentado en Barcelona y el mal ánimo se le ve en la cara. Le duele como si fuera su casa"

Eso en árabe, que por cierto, no lo he dicho: para los que no me conozcáis o creáis que el nombre es demasiado peculiar, soy marroquí. Una vez escucho esto, no sé qué decir. Me vienen demasiadas cosas a la cabeza. Sólo sé hundirme en el silencio.

Entra mi padre a la cocina a tomarse una pastilla. Se le acaba de disparar el azúcar por lo que ha visto. Y ante el discurso de «es que no se integran…», está mi padre. Lleva 40 años en España, ve este atentando en Barcelona y el mal ánimo se le ve en la cara. Le duele como si fuera en su casa. Debe haberse integrado demasiado, no sé. La conversación con mis padres acaba cuando termino de comer y subo a mi habitación.

Ignorancia a gran escala

Aquí empieza la cruz de la moneda, y la mía. Sobre todo mía. Hablo por WhatsApp con Javier, compañero del Diari, que sigue en redacción. ‘Estamos flipando’, me comenta. WhatsApp echa humo. En los grupos que estoy no se habla de otra cosa. Leo mensajes de todo tipo. Y es que los árabes o musulmanes que nacimos o vivimos aquí sufrimos más, nuestro sufrimiento es multiplicado por cuatro. Sufrimos por el suceso en sí y las vidas que se pierden. Sufrimos por el porqué de este terrible suceso. Sufrimos por la representación e imagen que se nos atribuye después de esto y por último el sufrimiento de tener que aguantar reacciones excluyentes. 

Comentarios retrógrados e ignorantes. Llegué a leer cosas como: «Los moros que se piren. Aquí tuvimos a ETA, pero no les metimos caña porque son de aquí». Sí, este es el nivel. Llega a tanto la exclusión de extranjeros que por primera vez veo a un español abrazando a ETA. Cómo está el panorama, ¿eh?

"Necesitaba hablar de lo triste que estaba por las víctimas, no de moros y cristianos"

Lo peor es que la cosa no acaba aquí. La gente se llena la boca con la poca integración de mis paisanos, las ayudas que les dan son el culpable de todo o incluso se piensan de verdad que echando a todos solucionarán el terrorismo. 

Estoy angustiado. Tengo tantas cosas en la cabeza y siento tantas cosas que estoy en un terreno neutral de angustia. Pena, decepción, rabia, impotencia... Y encima tengo que aguantar ignorancia a gran escala. Porque con el atentado de Barcelona descubrí un nuevo tipo de ignorancia: la ignorancia inocente. Se lleva mucho en España. También se le puede llamar ‘borreguismo’. La defino: es básicamente adoptar un comportamiento o hacer comentarios de ignorancia pura pero sin sentirlo. Simplemente se dice o se hace porque vemos que otros se comportan así o dicen eso. Quizá hablo con ellos y son encantadores, y les gusta la cultura árabe y tienen amigos musulmanes y todo lo más cosmopolita del mundo. Pero culpan a la poca integración y a las ayudas porque otros lo dicen. No es como en Inglaterra que trataban de defender el racismo y el desprecio a los negros mediante la doctrina biológica de Darwin, ignorancia enfermiza teorizada y académica. 

Detalle de la concentración que la comunidad musulmana de Reus organizó anteayer en contra de los atentados. Foto: Alfredo González

No estoy de humor. Todo esto primeramente por Barcelona. Ahora añadid el atentado de Cambrils. Y los falsos rumores de amenazas, y los vídeos e imágenes crudas que quitan ganas de coger el móvil para lo que sea. Son casi las dos de la noche y ya es hora de poner fin a esto con horas de sueño. Para calmarme un poco, Tupac es un buen aliado: «hay una lucha cada día, hay que seguir rodando». Yo que me he integrado tanto que entiendo hasta inglés. Cosas que pasan.

Al día siguiente, la Redacción, respiraba un aire extraño. Había mucho trabajo, sobre todo mucho silencio. El primer comentario en redacción fue de Javier: «Tú ni caso, la ignorancia y la incultura son peligrosas». Y a partir de ahí, todas las conversaciones que tuve con los compañeros fueron sobre los sucesos, el trabajo que hubo, el caso… Pero ninguna sobre mí o algo relativo a mi procedencia. Y eso reconforta. 

Mensajes de esperanza

Necesitaba hablar de lo triste que estaba por las víctimas, no de moros y cristianos. Sabía que nadie me sacaría el tema. No es que no lo hiciesen por vergüenza, porque con alguno he hablado de ello o sobre la cultura y mis orígenes. Pero quiero hacer énfasis en que cuando el ambiente sabe de qué va el tema y hay lugar para poca ignorancia, se nota. Y sobre todo, que cuando pasan cosas así, desde un medio de comunicación hay tensión y atención desde el minuto uno. Hay que tener orejas y ojos en todo momento porque en todo momento hay noticia.

Por último, la cara. La parte bonita de la moneda. Mensajes que me animan a hacer caso omiso. Otros con toque de humor: «Los malos que se larguen, tú eres bueno. Yo te apadrino». Y otros que me llenan de esperanza: «Ahora tienes una voz, trabajas en un medio de comunicación. Úsala para mejorar el mundo». Y eso es lo que haré.

"Me puse en sus zapatos. Han atacado su casa, están mosqueados… Es mi casa también, por cierto. Sólo que quienes la lían son de mi otra casa, entonces sufro el doble"

El fin de semana fue muy ameno. El sábado noche en casa de un amigo y el domingo paella en la de otro. Ambos colegas son españoles. Tengo más amigos españoles que marroquís, por cierto. Aunque algunos estuvieron tensos y muy irritados –e irritantes– con lo sucedido, puse de mi parte. Activé mi empatía. Me puse en sus zapatos. Han atacado su casa, están mosqueados… Es mi casa también, por cierto. Sólo que quienes la lían son de mi otra casa, entonces sufro el doble a priori. Pero lo bonito de todo es que hay quien empatiza conmigo, con nosotros.

Por ello, seamos empáticos y sobre todo, sobre todo, amor. El amor lo puede todo. He llegado a ser amigo de gente que se consideraba racista, y que después de tratar conmigo se abrió a la extranjería de origen árabe. Sé que tenemos una representación muy nefasta, pero voy a recordaros algo que todos sabemos por mucho que algunos digan lo que digan: no todos somos iguales.

Cuando salgamos a la calle veremos la naturaleza de este país, un país cálido, más allá del clima. Llamadme iluso, pero cuando hablemos con una persona y sonriamos, habrá posibilidades que nos sonría. Y entonces no habrá orígenes, ni credos, ni nada. Sólo dos personas hablando y teniendo buen rollo. Así que… Eso. Musulmanes, cristianos, judíos o ateos, todos a una. Más allá de la creencia, hablemos y sonriámonos. Y compartamos. Porque ni el sol brilla para sí mismo ni las flores tienen fragancias para olerse a ellas mismas.

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