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Puigdemont convoca al Parlament para responder al 155

El presidente de la Generalitat define como una «humillación» el anuncio de Rajoy de intervenir la autonomía catalana

Cristian Reino

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Carles Puigdemont y Carme Forcadell en la manifestación de ayer en Barcelona para pedir la libertad de Sànchez y Cuixart. FOTO: EFE

Carles Puigdemont y Carme Forcadell en la manifestación de ayer en Barcelona para pedir la libertad de Sànchez y Cuixart. FOTO: EFE

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, replicó ayer con dureza al anuncio de Mariano Rajoy de intervenir la autonomía catalana. Para el dirigente nacionalista, que compareció a las nueve de la noche para evitar una salida en caliente, la decisión del Gobierno central es una «humillación» histórica para el pueblo catalán y habló en términos muy contundentes como «golpe», «agresión», «ataque», «humillación» e intento de «liquidar» la democracia.

En un discurso institucional desde el Palau de la Generalitat, el dirigente nacionalista afirmó que el Gobierno, con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos, «ha emprendido el peor ataque a las instituciones y al pueblo de Catalunya desde los decretos del dictador Francisco Franco». Culpó también al Rey y, a su juicio, «imponer una forma de gobierno no elegida por los ciudadanos y sin una mayoría parlamentaria que la avale, es incompatible con el estado de derecho». «Nos hemos de conjurar para volver a defender nuestras instituciones como hemos hecho siempre, de manera pacífica y civilizada, pero cargados de dignidad y de razones», dijo.

En consecuencia, reclamó al Parlament que fije la convocatoria de una sesión plenaria para «debatir y decidir» sobre el 155. «Y actuemos en consecuencia», remató, abriendo la puerta a la declaración de independencia, aunque sin mencionarla, a diferencia de la amenaza que el jueves incluyó en la respuesta que envió a Rajoy a su requerimiento.

El discurso de Puigdemont fue muy contundente, en línea con el anuncio del Gobierno, pero en cambio no despejó dos de las dudas que tiene encima de la mesa: la proclamación de la independencia y el adelanto electoral.

El presidente de la Generalitat, que definió a Rajoy como un «caudillo», está en una encrucijada histórica y en los próximos días tiene que decidir si apuesta por salvar in extremis el autogobierno catalán, pisando el freno y convocando elecciones, o todo lo contrario, si se encastilla en el Palau de la Generalitat y decide resistir hasta su detención por parte de la Policía. Ayer habló en términos de «defender» las instituciones, aunque sí dio a entender que está dispuesto a acatar la aplicación del 155, a pesar de que la ley del referéndum y la de transitoriedad jurídica ya no reconocen la autoridad de la Constitución.

DUI sí o no

La convocatoria de comicios podría resultar una rendición para el independentismo, pero no una convocatoria que estuviera precedida de una declaración unilateral de secesión, como la que Junts pel Sí y la CUP están preparando en la Cámara catalana para la semana entrante. Podría ser un epílogo épico para la legislatura del presidente de la Generalitat, que ha llevado al límite el desafío contra el Estado, si bien sigue sin encontrar una salida al laberinto. 

La decisión es de calado, como el momento histórico. Puigdemont tiene que calibrar si las elecciones podrían ser una solución para el proceso. 
A corto plazo, hay quien en el independentismo podría acusarle de parar máquinas en el momento de la verdad, pero en relación a los comicios hay otra lectura y es que el secesionismo podría aprovechar para dar un paso hacia atrás, para en unos meses dar dos hacia adelante. Y es que, el hándicap que ha marcado al Gobierno catalán durante la legislatura ha sido que no fue capaz de superar el 50% de los votos en el 27-S de 2015. Un escenario distinto se plantearía si el independentismo avanza en apoyo social en las elecciones. Y podría hacerlo, si los comicios se celebran en un contexto como el actual, de suspensión de la autonomía y de dirigentes soberanistas encarcelados, «presos políticos», según la terminología secesionista. Aunque también es cierto que sectores del soberanismo han cogido miedo por el cariz revolucionario que está cogiendo el proceso por culpa de la CUP.

En relación a la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y el hecho de que ayer no la citara podría leerse en clave de mensaje hacia el Gobierno. Puigdemont, como en el pleno del 10 de octubre en que pisó el freno cuando la DUI estaba cantada, debe tener en cuenta factores con los que no contaba al inicio de su mandato. Por un lado, la sociedad catalana se ha fracturado durante estos meses y la economía catalana se ha resentido con una fuga de empresas masiva. Puigdemont tiene dos millones de personas detrás, pero esos apoyos aún se antojan insuficientes.

Desde el salón Virgen de Montserrat del Palau y sin la bandera española, Puigdemont hizo un llamamiento a los ciudadanos a defender las instituciones «de manera pacífica y civilizada, cargados de dignidad y razones» y censuró la detención de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, líderes de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, encarcelados desde el lunes por sedición. En castellano, como en días anteriores, advirtió a «los demócratas» que este «ataque a la democracia abre la puerta a abusos de la misma índole en cualquier parte» de España y finalizó su alocución con un mensaje en inglés, reivindicando la vocación europea de su lucha en un nuevo claro llamamiento a la Comisión Europea a que ayude a encontrar la solución. 

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