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Rajoy: ‘Nos van a obligar a lo que no queremos llegar’

‘Con la misma serenidad que firmeza digo que no habrá referéndum’
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Foto: EFE

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Esta vez, el aviso de Mariano Rajoy a Carles Puigdemont llegó desde la mismísma Barcelona. «Están cometiendo un error y nos van a obligar a lo que no queremos llegar», dijo ante la Junta Directiva del PP de Catalunya. La amenaza fue tan contundente como incierta. El rango de medidas que puede tomar el Ejecutivo para evitar el referéndum del 1 de octubre es muy amplio. Pero lo que el presidente del Gobierno dio a entender es que no renuncia a ninguna. «Con la misma serenidad que firmeza digo que no habrá referéndum», insistió ante la plana mayor de su formación. No se refirió a decisiones concretas ni mencionó de manera explícita herramientas como el artículo 155 de la Constitución. Pero tampoco hizo falta, porque lo que quería transmitir a los suyos es que no se «arrugará» ante nada. «Nadie debe hacerlo en los próximos días», dijo incluso.

En buena medida, su cita con los populares de Catalunya tenía ese objetivo: transmitir tranquilidad, persuadirles de que, pese a lo que en ocasiones pueda parecer, tiene todo bajo control  y evitar que los sectores más duros caigan en la tentación de exigir mayor contundencia, algo que podría llegar a hacer daño a su estrategia. 

Rajoy reiteró que gracias a los 69.000 millones de euros inyectados a Catalunya a través del FLA en un momento en el que la Generalitat no podía pedir dinero en los mercados, el Ejecutivo ha evitado que se desatiendan vencimientos de deuda y se ha garantizado la prestación de servicios públicos. «Porque los ciudadanos no tienen por qué pagar los errores de sus gobernantes», dijo. Y recordó que en 2010, cuando Artur Mas estaba a seis escaños de la mayoría absoluta, fue el PP el que le aseguró durante dos ejercicios la aprobación de los presupuestos, e hizo responsable a Convergència de la radicalización del debate político por pura estrategia electoral. Estrategia que a la postre, resultó fallida. Así, adujo que Mas optó por adelantar elecciones «sin ninguna necesidad» y acabó primero en manos de ERC, en 2012, y, en 2015, en las de la CUP.  

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