Costa

Estudio pionero

Analizan la accesibilidad de las playas de la Costa Daurada: lo mejor, el parking; y lo peor, la sombra

La Càtedra de Turisme de la URV ha elaborado el primer diagnóstico integral de las 55 playas y 23 calas de 13 municipios costeros. La mitad no tienen rampas de acceso ni baño asistido, pero abundan las pasarelas y los lavabos adaptados. La conclusión: «Todavía queda mucho camino por recorrer»

Sillas anfibias y pasarelas en la playa de la Pineda, este pasado verano.

Sillas anfibias y pasarelas en la playa de la Pineda, este pasado verano.Marc Bosch

Mónica Pérez

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Qué hitos se han alcanzado ya para garantizar la accesibilidad de las playas de la Costa Daurada y en cuáles será necesario aún seguir incidiendo. Es lo que ha tratado de aclarar la Càtedra d’Innovació i Recerca Turística Salou-Costa Daurada de la URV, que ha elaborado el primer diagnóstico integral sobre la accesibilidad –el conjunto de condiciones que hacen que todos podamos disfrutar de alguna cosa– de las 55 playas y 23 calas de los 13 municipios costeros. 

Los resultados indican que solo el 47,3% de las playas tienen rampas de acceso y que el baño asistido con personal especializado se ofrece en el 50,9%. En la otra cara de la moneda, la gran mayoría –un 78,2%– cuentan con plazas de aparcamiento para todo el mundo y en un 61,8% hay lavabos adaptados.

El estudio se basa en la metodología de otro realizado por Impulsa Igualdad en la Costa del Sol, en Andalucía. Y ha analizado un total de 17 criterios de accesibilidad. Pero, ¿qué es lo que permite etiquetar algo como accesible? La directora de la Càtedra de Turisme, Marta Nel·lo, lo explica: lo que define esa cuestión en Catalunya, sobre todo, es el Codi d’Accessibilitat de la Generalitat; pero cada comunidad autónoma aplica su propia regulación, sin que exista una definición oficial y rígica de playas accesibles. Al final, lo que se busca es que, como espacios públicos, sean inclusivos y faciliten la autonomía de las personas, precisa Nel·lo. 

El informe ha combinado el examen de información turística y ambiental a nivel de webs, datos de la Xarxa Turisme per a Tothom, consultas a técnicos municipales y un trabajo de campo exhaustivo. El grueso se llevó a cabo entre julio de 2024 y julio de 2025.

«Hay camino por recorrer»

Los peores resultados son para los dispositivos visuales y sonoros, «prácticamente inexistentes» según el estudio. Los asientos para usuarios de sillas de ruedas apenas están presentes en un 16,4% de las playas, solo un 20% de los espacios de costa tienen zona de sombra y las áreas de baño delimitadas se quedan en el 21,8%. Aunque bastante más de la mitad de las playas –67,3%– disponen de pasarelas para deambular por la arena, un 25,5% llegan al mar. En las ayudas a la movilidad, las sillas anfibias son lo más extendido –54,6%–, seguido de las muletas –23,6%– y las grúas –10,9%. Tras el chapuzón, una cuarta parte de las playas –27,3%– tienen duchas accesibles.

En las calas, que sufren más limitaciones por sus particularidades físicas, lo más difundido son las pasarelas. Las hay en un 8,7%. Y el 21,7% de las calas tienen servicio de socorrismo, frente al 60% de las playas.

Los datos evidencian, tal como señalan desde la URV, que «aún queda camino por recorrer para garantizar una experiencia de baño plenamente inclusiva y autónoma en la Costa Daurada». A través del diagnóstico se ha elaborado un mapa que detalla los recursos de cada punto del litoral, con vocación de servir como guía para los usuarios y como instrumento de mejora para las administraciones.

Esta última temporada, muchos ayuntamientos han avanzado en este sentido. Por ejemplo, Vila-seca estrenó una zona de baño para mayores en La Pineda y L’Hospitalet de l’Infant incorporó una silla anfibia pediátrica.

«Mi madre tiene 88 años y la sombrilla pesa»

Un vecino de Reus cuya madre, ya de edad avanzada, lleva «toda la vida veraneando en Salou», ha remitido al Diari una carta explicando su caso. Aunque prefiere no hacer público su nombre, relata: «Mi madre tiene 88 años y veranea en Salou desde pequeña. Ahora tiene una disminución física y, cuando va a la playa, tiene que acompañarla alguien para poner la sombrilla. Llamó varias veces al Ayuntamiento para alquilar un toldo en su zona, pero fue de un departamento a otro. En Salou, en la playa de Ponent, según el punto, no ha habido servicio para alquilar toldo, ni sillas ni hamacas. Hace tres años, cuando se dieron las concesiones, muchas quedaron vacantes por el precio. Creo que estos servicios básicos deberían estar garantizados».

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