Caos ferroviario
Baix Penedès, el 'nihilismo pasivo' de los usuarios del tren
Resignación, acatamiento y sometimiento es el sentir de miles de viajeros

Un tren en Sant Vicenç con destino a Barcelona.
Usuarios en la estación de Sant Vicenç de Calders miran el móvil. Otros en el bar escriben en una libreta. Algunos leen. Llevan rato esperando a no saben qué.
Resignación. Desorientación.
El nihilismo pasivo del que hablaba Nietzsche. Una postura de resignación, sometimiento y acatación ante la falta de sentido. Una corriente filosófica que lleva al vacío existencial viendo el sinsentido como un punto final cayendo en la angustia y la desesperación.
En Sant Vicenç de Calders varios trenes se acumulan en las vías. Inmóviles. Las pantallas informativas en blanco. Solo aparecen horarios, que no se cumplen, de los Regionales. Los de Rodalies es una lotería. Hace horas que no circulan trenes en dirección a Tarragona.

Trenes parados en Sant Vicenç de Calders.
A las 5.45 de la mañana de este lunes, primer día de huelga, la estación de Calafell ya tiene usuarios que esperan.
Han llegado mucho antes de la hora a la que acostumbran a coger el tren para intentar asegurarse que llegarán a sus trabajos en Barcelona. Es lo que tiene la experiencia. Prefieren esperar en la ciudad. Al menos ya estarán allí.
El tren llega a las 5.45. Antes de lo previsto. Ha salido de Sant Vicenç casi sin avisar. Porque la hora de inicio era, teóricamente, a las 6.00. Algunos solo han podido verlo irse.

Usuarias en la estación de Cunit para coger el primer tren del día.
En Cunit Sandra, Isabel y Jenny también esperan. Mucho antes de lo que suelen hacerlo otros días. Sandra debe llegar a Barcelona. Trabaja en un hospital. Le quedan doce horas de jornada laboral. Y la ansiedad de pensar como será el regreso a casa. «Llegaré a las once de la noche".
«Pasamos más horas en el tren que en el trabajo», lamenta Isabel. «Y esto no es nuevo». En su trabajo el jefe es comprensivo. Pero todo tiene un límite.
La redes sociales se llenan de mensajes de ciudadanos solidarios. «Voy en coche a Barcelona desde Calafell a las siete de la mañana. Tengo sitio». Decenas de respuestas. De súplicas.

La estación de Calafell a las 5.45.
Sant Vicenç de Calders es más caótico. De allí salen las líneas R2 y R4 en dirección a Barcelona. Cuando salen. Uno no lo ha hecho a primera hora. La excusa: la ventanilla de socorro está pintarrajeada. Como si el resto de días los vagones fuesen impolutos.
Los autobuses vuelven a ser una alternativa. Pero en jornada de huelga no hay refuerzos. Renfe reconoce que no se están cumpliendo los servicios mínimos y que cada cual se busque una alternativa.
Costa
Usuarios de tren del Baix Penedès adelantan horarios para asegurarse llegar a Barcelona
José Manuel Baselga
Los autobuses se llenan. Si siempre fuesen bien sería un alivio, dicen los usuarios. Pero además, desde el Baix Penedès hay muy pocas frecuencias. Es una clamorosa demanda a la Generalitat. El Baix Penedès queda aislado. Y eso queha crecido por los miles de vecinos que a diario deben desplazarse a Barcelona.
Costa
Los viajeros de Sant Vicenç a Barcelona, otra vez a bajar en Vilanova y a esperar otro tren
José Manuel Baselga
Quienes han cogido un tren por la R2 pasarán por los túneles del Garraf. Después de haber visto en vídeos el precario estado de los pilares que sostienen a la vía sobre el mar. «Pero si pasan los regionales a toda velocidad....», reflexiona Isabel.
Y cuándo empiecen esas obras hay pánico solo con pensar lo que tardarán y cómo afectarán. La comarca reclama que se planifiquen servicios alternativos.
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P.J. Armengou
A medida que avanza la mañana la situación se tranquiliza porque hay menos usuarios. Quienes llagan a as estaciones lo hacen con tranquilidad. No hay alternativa al caos. Nihilismo pasivo.