Altafulla pondrá fin al «agua salada» de Brises del Mar en verano

El pozo de la urbanización tiene excesos de cloruros y este 2021 es el primer año en el que se recomienda no beberla

Jordi Cabré

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FOTO: Alba Mariné

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El pozo de Brises del Mar no da para más. El acuífero del que se nutre esta urbanización de Altafulla ya lleva años alertando de su salinización. Los vecinos creen que la aceleración del aumento de cloruros es una explotación floral en las afueras de la zona residencial que podría abastecerse del mismo ramal de agua subterráneo.

Al margen de la explotación de esta agua subterránea, Brises del Mar lleva años reclamando una conexión con el Consorci d’Aigües de Tarragona (CAT), en otras palabras recibir agua del Ebre como en el resto de la localidad.

El proyecto inicial, admite el alcalde Jordi Molinera, «estaba desfasado» y al entrar al gobierno en 2019 se pidió una revisión para actualizarlo. El primer proyecto es de 2012 o 2013 recuerda Molinera. «Vimos que el problema de abastecimiento de agua era crónico y que había que solucionarlo. El trámite burocrático no ha sido fácil ni corto, pero estamos a punto de licitarlo y esperamos que la canalización esté para el próximo verano», concluye.

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El proyecto tiene un coste de 448.616 euros y una ayuda de 170.000 euros de la Generalitat (Agència Catalana de l’Aigua, ACA). «Los vecinos no pagarán contribuciones y esperamos solucionar este problema crónico de la urbanización», concluye el alcalde. 

Uso doméstico, pero sin beber

Los vecinos de Brises del Mar, una urbanización nacida en la década de los años 60 del siglo pasado, tiene unos 80 vecinos todo el año y 120 en los meses de verano. «El problema de la salinidad no es de ahora, ya llevamos unos cuantos años con cloruros altos, aunque al parecer dentro de los parámetros legales», explica Jose Medina, el presidente vecinal.

La urbanización empezó con tres pozos, pero terminaron clausurándolos y quedándose con uno. Lo pagaron los vecinos hasta que se alcanzó un acuerdo con el Ayuntamiento para que ellos lo gestionaran.

La mayoría de vecinos admiten que en sus casas tiene descalcificadores y otros sistemas para mejorar la calidad del agua, aunque la utilizan más para usos domésticos: cocinar, limpiar, piscinas... que para beber. «La mayoría compra agua embotellada por el sabor», reconoce el presidente.

Este verano, el Ayuntamiento envió cartas a los vecinos recomendando que no bebieran esa agua por el exceso de cloruros. Las razones que dio la empresa mixta Aigües d’Altafulla (ente gestor del pozo) era que el aumento del consumo y la escasez de lluvias provocaron un incremento de la salinidad.

Los vecinos no comparten esta teoría de que en verano el consumo en la urbanización se dispara. «Aquí hay parcelas de mil metros cuadrados y con vegetación. Es normal que se riegue más, pero creemos que el problema es por el uso del mismo acuífero en el pozo que se construyó para la empresa de flores», añade el presidente.

La asociación admite que la canalización del agua del Ebre ya debería ser una realidad y aunque el alcalde afirme que se está en el proceso de licitación, quieren ver como empiezan las obras para admitir que esta vez es la definitiva. Mientras, seguirán bebiendo agua embotellada.

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