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Carme Palau: "Y yo dije: claro que los abuelos se abrazarán"

Ha recibido un reconocimiento en Calafell por los valores humanos en el deporte

José M. Baselga

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Carme Palau.

Carme Palau.

En uno de los muchos seminarios a los que acudía Carme Palau le dijeron que cuando a los abuelos les hiciesen abrazarse, no lo harán. «Y yo pregunté... ¿Y por qué no? Claro que se abrazarán».  Carme Palau ha hecho que centenares de vecinos de Calafell se abracen y que compartan ilusiones y experiencias.

Hace unos días Palau recibió del Ayuntamiento de Calafell el Premio especial a los valores humanos en el ámbito del deporte. El reconocimiento lo concede el consistorio, pero en realidad es de todo un pueblo. 

Son muchas las actividades impulsadas por Palau, pero el Posa-hi Oli, ha sido un ejemplo para muchos municipios. Y en Calafell ha ayudado a fortalecer lazos entre vecinos que poco salían de casa o ni se conocían. 

Una acrividad del Posa-hi oli.

Palau era profesora de música y danza en las escuelas de Calafell. Siempre participaba en cursos y formaciones. También en aquel de actividad física y dinamización cultural para personas mayores que organizaba el Instituto Nacional de Educación Física (Inef).

Era 1997. No hace tanto, pero entonces no había un Libro blanco para personas más allá de los 60 años. «No ya sólo sobre actividad física. Ni para dinamización, de formación... Para sentirse vitales». Y «me enganchó el contacto con las personas mayores.

Lo de la actividad física casi comenzó con un programa de radio en la emisora local.  Palau daba consejos posturales y ejercicios que podían hacer las personas mayores en casa. Pero ¿y por qué no que se encontrasen y los hiciesen juntos?».

Carme Palau.

Palau impulsó en Calafell la iniciativa Posa-hi Oli. Comenzó movilizando a una decena de vecinos, pero ha llegado a activar a más de 500. No sólo con actividad física. Se han hecho cursos para aprender a elaborar xató, de baile, de artesanía, para bordar, excursiones, visitas a museos.... Charlas con los Mossos d’Esquadra, bomberos, médicos...

Palau recuerda también las actividades interculturales en los colegios en los que los mayores enseñaban a niños a cocinar.  Los bailes intergeneracionales... Los Carnavales...  «Los pequeños aprendían de los mayores y los mayores de los pequeños», dice.

«Porque el objetivo era que las personas se movieran, saliesen de casa, se conociesen». Y eso, además de la unión de pueblo, da calor. Y más en núcleos tan extensos y diseminados como las urbanizaciones de Calafell, donde muchos vecinos ni siquiera se conocían. «Se crearon grupos de amigos. De personas que entraron en contacto», recuerda.

Palau recogió el reconocimiento también en nombre de quienes mantienen el Posa-hi Oli y de los que ya no están. «Sin los vecinos durante todos estos años, no hubiese sido posible. Todos eran protagonistas. Y principalmente aquellas personas que tenían más dificultades», asegura.

¿El secreto?: «Creí en el proyecto.». Y la gente: «La gente mayor, si no tiene nada que hacer va al médico. Con el Posa-hi Oli no había tiempo para ir al médico. Se despertaron las ganas de hacer cosas». Y ahí siguen.

Palau también agradece a los diferentes ayuntamientos las facilidades dadas. De hecho el Posa-hi Oli se ha impregnado más allá de los pabellones o los centros cívicos. Se ha extendido al municipio. Ha permitido que muchas personas se conozcan «y ya quedan para hacer encuentros».

Ya jubilada, Palau recibió el premio por todos los que han formado parte de la aventura que comenzó tras una charla.

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