El ‘Carro del gat’ ya es parte de Cambrils

El primer ‘food truck’ cambrilense. Hace ya más de 50 años que abrió el primer puesto de venta ambulante de comida en Cambrils a manos del matrimonio Doménech Vernet 

ANDREA BARCELÓ

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Maria Vernet con su nieta Maria Doménech, hija del actual propietario del negocio.  FOTO: FABIÁN ACIDRES

Maria Vernet con su nieta Maria Doménech, hija del actual propietario del negocio. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Las cosas más simples, aquellas que tienen menos secretos, son las que más ilusión nos hacen. No hace falta nada lujoso ni ostentoso para que un lugar, o un food truck, nos hagan sentir como en casa.

Para los y las cambrilenses ‘El Gat’ forma parte de la ciudad. Desde pequeños muchos ciudadanos han ido con sus familiares los días de verano a hacer un frankfurt al ‘Carro de la Maria del Gat’. Una tradición familiar que muchos no han querido perder nunca, e igual que los ciudadanos han pasado de generación en generación, también lo han hecho sus propietarios.

Hace ya más de 50 años que abrió el negocio a manos de Maria Vernet y Miquel Doménech, pero el pequeño negocio sobre ruedas lo fundó un alemán en 1972. En él solo se vendían bratwurst, la típica salchicha alemana. En 1975 el matrimonio se encargó del negocio y dos años más tarde, en 1977, compraron el carro de venta ambulante. El food truck funciona del mismo modo que su creador lo montó.

Cuando la familia cogió el negocio, los clientes de la región empezaron a visitar el lugar, aunque estos pedían frankfurts. Fue así como poco a poco ampliaron la oferta de productos. «Hemos introducido los productos que la gente ha ido pidiendo», añade Maria, nieta del matrimonio.

Durante años han tenido muchos problemas con el Ayuntamiento, moviéndose por gran cantidad de lugares hasta asentarse el 2004 en el Passeig de les Palmeres. Actualmente el lugar pertenece a la Generalitat, y desde entonces no han tenido ningún problema. «Suerte que siempre hay alguien que ayuda», agradece la fundadora.

El lugar donde se encuentran actualmente «es el mejor», ya que no solo tienen la playa, sino que los niños pueden correr sin miedo y hay sitio para que los clientes puedan sentarse.

Para mucha gente, ir al ‘Carro de la Maria del Gat’ ya es una tradición. «Muchos nos dicen que para ellos el verano empieza cuando hacen la primera cena aquí», asegura la nieta de Maria. Pero el Carro no solo acoge cambrilenses, gente de otras ciudades como Barcelona, Vinyols i els Arcs, Reus y Mont-roig visitan cada verano el puesto.

Negocio familiar

Muchos en Cambrils conocen el negocio como ‘el carrumatu’ o ‘el carro’, pero su nombre original es ‘El Gat’. A Miquel, fundador y marido de Maria, se le conocía en su infancia por el sobrenombre de ‘el gat’, y con el tiempo se ha convertido en el distintivo familiar.

Para Maria, que trabajó siempre en el campo, no fue fácil empezar con un negocio que requería estar cara al público. Pero aun sintiendo respeto al inicio, poco a poco le fue gustando.

Actualmente el negocio está en manos del hijo mayor del matrimonio. Pero por motivos personales, los encargados de sacar adelante el negocio son actualmente los nietos. Para ellos, «no hay opción a escoger si seguir o no con la tradición familiar». Es un trabajo que debe hacerse y aunque no es una obligación, ellos lo sienten así.

La familia dedica cuatro meses intensos al negocio, pero durante el año deben seguir trabajando. En verano trabajan cada día de las 19 horas hasta que cierran, sobre las 00:30 horas. La temporada suele durar de junio a octubre.

Este año, con la pandemia, han notado una bajada de clientela. Saben que no será un verano fácil porque el servicio hostelero es uno de los más afectados.

Aun así, ven como jóvenes que antes venían con sus padres, ahora vienen con sus hijos. «La gente que ha venido una vez, vuelve. No podemos quejarnos», se alegra la fundadora.

Mientras el hijo de Maria y Miquel pueda seguir trabajando, el negocio va a salir adelante. Pero los nietos del matrimonio no lo tienen tan claro. Sin embargo, la familia no se da tan pronto por vencida y cree firmemente que aún le quedan mínimo seis o siete años más.

La motivación actual de la familia son los resultados y «vale la pena seguir con el negocio». No obstante, la tradición sigue siendo para ellos el motor para no dejar atrás el food truck.

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