El Faro de Salou, el último habitado en Catalunya

Juan José Heredero es técnico de la Autoritat Portuària de Tarragona, gestiona los faros y balizas del litoral de la demarcación y reside en el Faro de Salou

GUILLERMO MORENO

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Heredero y Moral, en lo alto de la torre del faro. FOTO: FABIÁN ACIDRESLA GESTIÓN DEL FARO ES LLEVADA A CABO POR TRABAJADORES DE LA AUTORITAT PORTUÀRIA FOTO: FABIÁN ACIDRES

Heredero y Moral, en lo alto de la torre del faro. FOTO: FABIÁN ACIDRESLA GESTIÓN DEL FARO ES LLEVADA A CABO POR TRABAJADORES DE LA AUTORITAT PORTUÀRIA FOTO: FABIÁN ACIDRES

El Faro de Salou, situado en un emplazamiento único en el Cap de Salou, guía a barcos de todo tipo desde su inauguración en el año 1858. Se trata de un faro pequeño, de unos 15 metros de altura, y al que antaño solo se podía acceder desde el mar. Su gestión y mantenimiento son llevados a cabo por la Autoritat Portuària de Tarragona, tal y como sucede con todos los faros situados en la demarcación.

La peculiaridad de este faro se encuentra en el hecho de que, a día de hoy, la persona responsable de su mantenimiento todavía reside en el recinto del mismo. Se trata de Juan José Heredero, técnico de sistemas de ayudas a la navegación de la Autoritat Portuària desde hace más de tres décadas. El faro de Salou es el único de Catalunya que está habitado, algo que en el pasado era frecuente, pero que se fue perdiendo con las reducciones de personal.

Según explica Heredero, no hay ninguna razón especial tras el hecho de habitar el faro: «Aquí vivía un compañero que se jubiló y, al quedarse el faro vacío, pedí la opción de usarlo como vivienda, aunque sí que ayuda en el sentido de que el faro está más vigilado y cuidado», relata el técnico, quien tras once años viviendo en el faro describe el lugar como «un entorno privilegiado, apartado del ‘mogollón’ de la población. Es muy tranquilo, aunque en verano menos, porque se llena de gente paseando, pero es normal». En el recinto, además del faro, se puede encontrar la casa de Heredero, junto con varias antenas que recogen y transmiten información relativa a la navegación: medición de corrientes, señal GPS, radar, etc.

No obstante, no hay ningún motivo laboral que requiera que el faro esté habitado. «La mayoría del trabajo realmente se hace en las oficinas del Port de Tarragona y, luego, moviéndonos en coche a recorrer la zona y los faros».

Heredero se dedica, junto a Carlos Moral, técnico de señales marítimas, a llevar el mantenimiento de los faros, balizas y boyas de la red litoral tarraconense, así como de las señales del Port de Tarragona. También verifican que las balizas, boyas y señales que se encuentran en el territorio pero no dependen de la Autoritat Portuària funcionen y cumplan la normativa. «Principalmente tenemos más faena de oficina: gestión, inventario, control de balizamiento...».

Evolución del trabajo

A lo largo de las últimas décadas, la tecnología ha facilitado la labor de mantenimiento de los faros. «El equipo se fue volviendo más fiable, por lo que los mantenimientos se hacían mejor y a distancia», explica Heredero. La luz de los faros antes funcionaba con etileno, que debía ser transportado, mientras que, a lo largo de las últimas décadas, se han instalado paneles solares. También se fueron reemplazando las bombillas incandescentes por led. En general, se ha avanzado hacia equipos más fiables. «Todo se ha vuelto más automático, por lo que el trabajo pueden hacerlo menos personas. Podemos ver el estado de un faro desde la oficina de Tarragona y actuar con un margen de maniobra», relata el farero. «Si no pasa nada, se hace una visita de mantenimiento una vez al mes en cada faro. En ellas, se hace un control visual de que todo esté bien. De mantenimiento vamos realmente unos cinco días al mes», explica el técnico.

Los dos trabajadores aseguran que su labor y la de los faros seguirá siendo relevante a pesar de los avances tecnológicos: «Sí, los barcos tienen GPS, tienen radar, pero todo esto puede fallar. Además de lo que hay en pantallas, sigue habiendo esa referencia visual, es una ayuda más. Los navegantes siguen guiándose a través de los faros», asegura Moral. «Por mucho que hayan evolucionado, cuando un barco entra a puerto lo hace visualmente. Nunca lo hará mirando una pantalla, aunque sea de noche. Lo hará mediante las balizas y otros elementos», concluye el técnico.

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