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El coche de los cupones de Creixell

Reportaje Andrés Fernández lleva 25 años en la ONCE y más de una década pidiendo que le monten una caseta, sin éxito. Los vecinos recogieron firmas de apoyo

José M. Baselga

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Andrés Fernández ha convertido el maletero de su coche en su punto de venta. FOTO: JMB

Andrés Fernández ha convertido el maletero de su coche en su punto de venta. FOTO: JMB

Antes compraba los coches con portón para tener más espacio donde montar el chiringuito. «Era más cómodo para colgar los cupones, los rasca-rasca y los listados de los premios». Y hasta para taparse con la capota del maletero. El chiringuito es su coche, donde monta su puesto de venta de la ONCE.

Andrés Fernández lleva más de una década pidiendo a la organización de ciegos que le ponga una caseta donde vender sin mojarse en los días de lluvia. Sin frío en los días que ya empiezan a llegar. Y para tener mayor seguridad. «Incluso una mayor visibilidad, que sería bueno para todos». Pero de momento, nada.

El vendedor de la ONCE de Creixell lleva 25 años en la organización después de que un accidente de moto le incapacitase de un brazo. Tras el siniestro estuvo cinco años buscando trabajo. Entonces una ley obligaba a las empresas a hacer fijas a las personas con discapacidad que contratasen. Así que no había manera.

Un día «vi un anuncio en la tele y me apunté. Exigían tener vehículo propio». A la semana ya estaba vendiendo cupones. Comenzó cubriendo vacaciones en Tarragona (es de Torreforta), estuvo en L’Espluga de Francolí y desde 2001, en Creixell. «Ya se ha convertido en un punto de venta». Pero sin caseta.

Punto de venta es un cruce de calles donde Andrés aparca su coche y coloca los cupones en el maletero. «Suerte que los vecinos ya saben dónde estoy». Unos vecinos que incluso llegaron a firmar para que se pusiese a Andrés una caseta. «500 firmas se recogieron».

Pero allí sigue. Parapetado bajo el voladizo de una casa cuando llueve. «Los que no lo saben se sorprenden al verle vender cupones en un coche». Y los que lo saben no entienden cómo Andrés sigue así. Una caseta cuesta 12.000 euros, explica Andrés Fernández. Recuerda que cuando estuvo más cerca de conseguirlo fue en 2004.

Entonces vendía mucho e incluso la ONCE llegó a hacer un estudio para colocarla. Ubicación, coste de llevar la luz.... «Pero se quedó en nada». Así que sigue con el maletero lleno de cupones y un paraguas siempre cerca para jornadas como las de los últimos días.

Son muchos los vecinos que se acercan hasta el coche de los cupones. «Estoy por las mañanas y por las tardes hago ruta por Clarà, la Pobla de Montornès y otros pueblos. Pero la crisis también ha llegado. «Había llegado a vender 800 al día». Ahora son muchos menos. «En 2002 di un premio de 2 millones y en tres años seguidos también premios consecutivos importantes».

Una mujer que llega hasta el vehículo pide la terminación del 12. «¿Y lo de la caseta, ¿qué? ¿lo conseguimos?», pregunta. Andrés responde que no se sabe. «Pues viene lluvia», alerta la vecina. «Ya, ya». Quizá el 12 dé suerte. A la vecina y también a Andrés.

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