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El retablo que valió una iglesia en Calafell

Los vecinos se unieron para tener un nuevo templo y convencer a la marquesa

José M. Baselga

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El recibo de los vecinos conforme tenían el dinero.

El recibo de los vecinos conforme tenían el dinero.

La convicción del que fuera rector de Calafell permitió construir la iglesia del núcleo del pueblo. La románica del castillo había quedado pequeña y sin condiciones, por lo que un nuevo templo era necesario. Pero no había dinero.

Fue a principios de 1796 que en Calafell comenzó a plantearse levantar un templo. Entonces el rector era Joan Baptista Torres y el alcalde, Julià Urgell. En el Ayuntamiento estaban Ramon Rovira, Josep Huguer, Maties Llansa y Josep Soler, como explica el historiador Joan Santacana en su Didáctica del Patrimonio Cultural.

Se necesitaba dinero, así que se pidió ayuda. «No cabemos en la iglesia, los mayores no pueden ir a misa y amenaza ruina», se dijo. El rector escribió a la responsable jurisdicional de la zona, la marquesa de Moja. 

'No caben los niños'

«En la iglesia apenas caben los niños», dijo. Y se explicaba que el lugar elevado donde estaba ubicada la románica dificultaba el acceso a los ancianos o convalecientes «que no podían tener el consuelo de acudir a cumplir sus obligaciones cristianas al templo de Dios». Pero además, la original iglesia no gustaba. Destacaban en la carta «lo extraño, feo y raro  de sus estructura, impropia de la Casa del Señor». Además de amenazar ruina.

La iglesia románica del castillo.


Comenzó a estudiarse cómo pagar una nueva iglesia. Entre el rector y los prohombres del pueblo acordaron aportar una parte de cada cuarenta de vino y de cereal durante seis u ocho años. También la rapa del prensado del vino y se esperaba alguna limosna. La marquesa se comprometió a pagar una parte de la obra a plazos de cien libras anuales. Más de las rentas que obtenía del pueblo, dijo.

Tras 15 años de espera, en enero de 1801 se volvió a escribir a la marquesa de Moja. Entonces el rector era Josep Freixes y en el Ayuntamiento estaban Josep Nin, Josep Romeu, Isidre Totosaus, Macià Romeu e Isidre Malivern.

En la carta se decía que había llegado el momento de empezar las obras. Aunque la obra comenzó el 30 de diciembre de 1800. Costará 5.600 libras. Los vecinos aportarían el material. Desde las piedras a la cal, madera, tejas...

La carta del rector a la marquesa en 1796 donde le dice la necesidad de una nueva iglesia.


Pero también se pidió a la marquesa que hiciese su aportación de 100 libras anuales de golpe para que la obra no se parase y estimulase a los demás para sus aportaciones. La marquesa hizo llegara Calafell las 500 libras el 2 de abril de 1801.

La iglesia se consagró en los cinco años previstos. Pero sin ningún mueble. El altar era el de la antigua iglesia del castillo. Y sin campanas, porque no se construyó campanario. 

El altar de 1818 fue destruido en la Guerra Civil.

El historiador Joan Santacana recuerda que la Guerra del Francés (1080-1814) afectó a muchos pueblos y en Calafell en la nueva iglesia no se pudo hacer ninguna  mejora hasta 1818. El rector en 1810 era Josep Vallcorba. Recibió una carta de la marquesa en la que explicaba el gran peso que suponía la guerra y que la había arruinado.

El rector intentó convencer a la donante. Explicó que el altar del Roser, que llevaba el escudo de la casa señorial, estaba el muy mal estado, lo que hizo que la marquesa se interesase por ese elemento. Vallcorba respondió que no podía repararse y que se estaba construyendo un altar mayor y que, además, hacía una falta campana. Evitó explicar que ya había una y que se estaba refundiendo. En resumen, que faltarían 3.000 libras.

La iglesia del núcleo del pueblo.

Gracias a una persuasiva carta, la marquesa confirmó que se haría cargo del altar de la familia y aportaría 300 libras para la campana. El rector aseguró que en el sermón explicaría la aportación para la iglesia y estimularía a los feligreses a pagar los censos a la señora jurisdiccional. Santacana explica que «de hecho el rector ya había encargado el altar mayor al escultor de Vilafranca Miquel Galceran i Ricart (1767-1838) por 3.350 libras. Así se hizo la iglesia de Calafell, aunque, de momento, sin campanario».

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